Liza Minelli, Barón Rede, Baronesa de Rothschild, Princesa Jackie von Hohenlohe. Imagen cedida por Marbella Club

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La Marbella de la 'jet set' y el hotel de los 'topless' de Liz Taylor que resistió al gilismo

A pies de la montaña La Concha y con las habladurías de ser la ‘Milla de Oro’ marbellí. Cuna del lujo, el glamour, la ostentación y el exceso, por allí pasaba la tan traída y llevada ‘jet set’ de Marbella entre vapores etílicos y conquistas amorosas de ‘guiris’ y hasta de damas del artisteo.

Por allí pasaban ‘Los Choris’, la savia nueva para una Marbella de moda en las familias aristocráticas europeas, y los famosos y jeques árabes que vislumbraron las décadas de los 80 y los 90 para convertir aquella ciudad primero minera y después pescadora, en una de las capitales del turismo de lujo junto con Saint Tropez o Mónaco.

La ciudad de las mil y una noches no se atenía a ninguna norma social de lo que existía en España. Era la movida veraniega de la costa del sol, el excentricismo y el aparentar de Elisabeth Tylor o Lolita, de Jaime de Mora o Gunilla Von Bismarck y de Luis Miguel Dominguín o los Thyssen-Bornemisza.

Edgar Neville, Lola Flores y Prince Alfonso en el Marbella Club. Imagen cedida por Marbella Club

La historia del hotel que posicionó a Marbella y enamoró a la ‘jet set’

Lo que fuera un campo de higueras y pinos se convirtió en el hotel testigo del descorche de botellas de champán de precio inaccesible y en manos de la farándula. El ambiente que se respiraba en aquellos años se describía como el lujo descalzo. Todo fluía al ritmo y los deseos de los huéspedes, todos encontraban «su rincón en el mundo».

Pero nada iba a presagiar aquello en 1946, cuando el príncipe Maximilian von Hobenlohe aparcó su Rolls Royce Panthom bajo las enormes sombras veteadas del pinar que se extendía hasta la playa de aquella localidad costera del sur: «En 1946 todo era un enorme campo repleto de higueras y pinos que dejó tan prendado de la belleza mediterránea al príncipe Max, que fue su hijo, el príncipe Alfonso, quien regresó al año siguiente para comprar este enclave rural. Ese sería el nacimiento de la leyenda del Marbella Club, por aquel entonces, la finca Santa Margarita», cuenta Alejandra García, la responsable de comunicación del hotel Marbella Club a El Independiente.

Imagen de archivo. Imagen cedida por Marbella Club

Primero fueron 20 habitaciones para la familia, pronto se dieron nuevos espacios y suites que acogían a todos quienes querían escapar de su rutina y vivir unos días a pie de playa, y más tarde, en 1954, la finca, antigua residencia familiar aristocrática, pasó a convertirse en un nuevo capítulo de la historia de Marbella y dio lugar al hotel Marbella Club.  

Casi setenta años después, el Marbella Club pertenece a la prestigiosa afiliación de hoteles de lujo The Leading Hotels of the World, cuenta con 115 habitaciones y suites, y con diecisiete villas de estilo andaluz localizadas en los 42.000 metros cuadrados de un exuberante jardín subtropical. «El Marbella Club ha ido atesorando grandes momentos, celebraciones; se ha adaptado a los cambios dictados por el inexorable paso del tiempo. Los nuevos aires y tendencias en el estilo de vida se han incorporado y adaptado a la filosofía y la idea que le hizo nacer: el lujo descalzo», apuntan des del hotel.

Y es que el ADN sigue intacto. Ya no es Lolita ni Frank Sinatra, pero son los clientes de segunda y tercera generación quienes buscan el lujo fiel a ese viaje por el mediterráneo que mantiene la estética y valores del hotel de antaño.

El lujo resiste a la pandemia

Marbella se ha perfilado durante años como uno de los principales destinos de lujo en Europa con las reaperturas e inauguraciones de nuevos hoteles de esta categoría en la ciudad.

La tendencia es previa a la pandemia de la Covid-19, pero provoca ahora una reactivación de la demanda a una oferta que, en el caso del Marbella Club, no ha mermado: «Aprovechamos la cuarentena para retomar muchos proyectos y renovar muchos de los espacios del hotel, como el concepto de Club House, que reúne distintos espacios gastronómicos y está basado en los clubes privados londinenses, o la zona especial para niños. Con la pandemia vimos además una tendencia muy grande a las largas estancias. Los clientes nos pedían el traslado de sus hogares o espacios de trabajo a nuestras villas. Habilitamos las habitaciones con espacios ergonómicos de trabajo, modificamos nuestra conectividad Wifi, etc.», apunta García.

Imagen de archivo. Imagen cedida por Marbella Club

Sobre el perfil de los usuarios, Alejandra García ha señalado que actualmente «ha cambiado en lo que a nacionalidad se refiere. Nuestro cliente venía del Reino Unido y Estados Unidos, seguido de Rusia. Nuestro ejercicio ha sido descubrir nuestra capacidad de atraer a otros mercados. Hemos conectado de nuevo con el público español, con Francia, Bélgica o Suecia».

La responsable de comunicación del hotel de cinco estrellas ha asegurado además que, pese a la pandemia de la Covid-19 y la afectación de las noticias de índole sanitarias, «los números son mejores que los de 2019, superando nuestras expectativas».

Desde la Asociación española del lujo apuntan a que, en líneas generales, el sector del lujo ha experimentado tras la pandemia una caída del 15% y en España acabó el año 2020 con una caída del 20% respecto a 2019, y una facturación de 5.200 millones de euros.

La herencia de Gil

La sorpresa electoral saltaba en 1991 en la capital de la Costa del Sol. El candidato del Grupo Independiente Liberal (GIL) y presidente por aquel entonces del Atlético de Madrid, Jesús Gil, lograba la mayoría absoluta en la alcaldía marbellí superando al PSOE y barriendo del mapa político municipal a Izquierda Unida y al Partido Popular.

Gil basó su campaña electoral en prometer elevar la categoría de esta localidad malagueña de la que dijo, estaba «llena de prostitutas, lesbianas y drogadictos», y en la construcción de 5.000 viviendas con una superficie de poco más de 30 metros cuadrados. Y lo hizo. Aunque a gustó de pocos.

Christian Vieri, exjugador de fútbol del Atlético de Madrid junto a Jesús Gil de vacaciones en Marbella. HBO

Su expansión urbanística masiva que acabo haciendo de Marbella algo común y poco exclusivo, provocó la huida de los grandes rostros de la jet set que paseaba por el Marbella Club, como el matrimonio de Sean Connery y Micheline Roquebrune.

La jet set empezó a irse, «no les gustaba aquel personaje», subrayó Andrés Lanza, fotógrafo durante años de la vida social marbellí en el documental que HBO dedicó en 2019 a Gil, El Pionero. «De hace diez años para acá ha habido un cambio de cliente que ha devuelto a Marbella su imagen y reputación pre Gil. En nuestro caso, nos hemos centrado en distinguir el carácter del hotel, y aunque es cierto que el turismo marbellí ha pasado por muchas fases, la tendencia de los últimos años es positiva. Intentamos posicionar y potenciar la Marbella auténtica, realzar la belleza de esa Marbella ‘pueblo’ y la autenticidad del destino como tal», apunta Alejandra.

La nueva Marbella

Las huellas de una época dorada fueron borradas por el barro de los escándalos del gilismo y más tarde, de Julián Muñoz, Isabel Pantoja y Juan Antonio Roca con el caso Malaya.

Desde entonces, hay quien dice que Marbella quiere ser normal, y quien ve el rostro de los dj, la música y el resurgir -a medias- de la noche marbellí, en las fiestas privadas donde los paparazis son Instagram, el restaurante de Dani García o aquellas maravillosas The legendary party que el Marbella Club acogió hasta 2019 en lo que ahora ocupa el restaurante El Patio y que ahora acoge el Festival Startlite a su manera.

Los invitados disfrutando de la sesión de Brianda Fitz-James Stuart. Imagen cedida por Marbella Club

Asociado a uno de los comienzos del turismo en Marbella y en recuerdo de aquellos años, el hotel celebró desde 2016 y hasta 2019 The legendary Party, donde rostros conocidos de la talla de Carmen Lomana, Ivonne Ryes o Jaime Ostos eran testigos de una fiesta que hacía honor a la época doraba de Marbella.

Pero la noche no lo es todo. Y aunque el turismo marbellí mantiene su halo de exclusividad, el refuerzo de sus vestigios culturales y renovada oferta hotelera y gastronómica han devuelto a la ciudad su esencia costera: «Marbella es un lugar de tradiciones que engloba el carácter andaluz y fomenta las cosas importantes de la vida, la familia, la comunidad, la risa y la unidad. Y como tal, también lo es el Marbella Club».

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