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Las mejores frases de Miguel Bosé sobre su familia: "Una mujer no se separa, una mujer traga"

Portada del libro de las memorias de Miguel Bosé, 'El hijo del Capitán Trueno' Espasa

La fusión entre una familia casi destruida, los secretos, y las experiencias vividas por ‘Miguelito’ recogidas en las memorias escritas por el propio músico bajo el nombre de El hijo del Capitán Trueno, donde reconoce haberse reconciliado consigo mismo, han destapado la masa de un ingente historial inédito oculto bajo la oscura mirada del cantante.

En una entrevista para el diario El Español, Bosé ha confesado comedidamente las partes más espinosas de su vida. Desde el calificativo ‘monstruosos’ hacia sus padres hasta el lascivo encuentro que tuvo con el compañero y amigo de su madre, el actor austríaco Helmut Berger. Durante el preguntas y respuestas, Miguel trata de traumático su libro a la vez que pacificador. En él desgrana todas las confesiones sobre su familia jamás contadas y manifiesta que «el problema que tenía Miguelito era sobrevivir a diario a esos dos monstruos sagrados que tanta sombra causaban y tanto eclipse constante creaban«. «Sólo eran dos lobos y tenían que ejercer su poder . Heredé lo glorioso, que, por otra parte, no ha sido nada fácil de llevar» exponía en palabras para Lorena G. Maldonado.

Además deja entrever un claro complejo de Edipo, refugiado en sus palabras: «la madre más perfecta que ningún niño podría desear«. «Y cuando se me acercaba y me abrazaba, esas pocas preciosas y contadas veces, yo cerraba los ojos y me dejaba ir», todo lo contrario al sentimiento que guardaba sobre su padre, quien consideraba que «el niño es raro, maricón». «Él quería que cazara, pero yo me ponía un sombrero con plumas y ya todo se torcía. No había escapatoria.», decía Bosé. Añadiendo en sus memorias una escena donde su madre llama «maricón» a Manuel Tamames y él le contesta, airado: «Pues ya conoces a dos maricones, a tu marido y a mí».

Lucía Bosé y Luis Miguel Dominguín durante su matrimonio
Lucía Bosé y Luis Miguel Dominguín durante su matrimonio Twitter / es24.com

Un niño que fue expulsado del colegio por reventarle el cráneo a un compañero contra la pared como consecuencia de decirle: «Hijo de divorciados, qué vergüenza te tiene que dar«, pero que al mismo tiempo tachaba a su padre de ignorante y embrutecido, un macho alfa que tenía que guardar las apariencias frente a la casta de toreros: «El macho aparenta frente a su manada. Eran una manada». A pesar de ello, Bosé, agradecido con todo lo que le dio su padre -estudios, idiomas, oportunidades- reconoce que para Dominguín fue un orgullo como hijo por no haberle pedido nunca nada.

Sin embargo, reconoce que «en estos momentos estoy viviendo en esa casa, mi casa tiene todo aquello que de alguna manera me faltó, los abrazos, el cariño, ese ‘papache’ casi baboso, mis hijos me dicen ‘ay papi eres un pulpo’. Tengo que recuperar los abrazos perdidos».

En su libro también reivindica el papel de la mujer en la España que creció y saca a la luz temas escabrosos como el divorcio de sus padres: «Mi madre le fue a pedir ‘il divorzio’ a mi padre y él le dijo: ‘una mujer no se separa de su marido, una mujer traga‘».

Lucía, madre endiosada a la vez que rival

Con total naturalidad, en una casa donde la palabra sexo no es una palabra tabú, Lucía Bosé le cedió una habitación al legendario actor Helmut Berger y fue ahí cuando Miguel Bosé conoció la «sensación más pura y más bonita» después de haberse acostado en múltiples ocasiones con su ‘amante bandido’, Berger: «La idea de sabernos juntos, haciendo el amor a cada instante, abrazados y sudando (…) acabó enfureciéndola. Se la llevaban los demonios. Resistió hasta el límite, seguro que mordiendo la almohada a gritos», declara en su libro sobre su madre, quien además confiesa para El Español, que fue capaz de alejar a su amado para que se desenamorase de él, de manera que se lo llevó de viaje a Andalucía y volvió contándole todos los encuentros románticos que había tenido con diferentes chicos allí: «Se me pasó todo. Realmente luego me pregunté si aquello era amor. «Estaba celosa de los dos«, relata Miguel sobre una mujer madre que competía con su hijo.

Más tarde, decidió continuar y conoció a Luis Suárez, quien además fue pionero en ofrecerle la primera raya de cocaína, la cual rechazó mientras se pedía un café. Tras la insistencia de Luis, este acabó «estampándome contra la pared, me agarró la cara a dos manos y me pegó un beso tan profundo que antes de poder entender nada de lo que estaba pasando, ya estábamos desnudos, liados en la cama como dos salvajes», detalla el cantante en su polémico libro.

El Franquismo de la mano de Dominguín

Entre confesiones, Miguel también habla sobre la relación que tenía su padre con el caudillo, quien le llamaba «mi niño» y con el que guardaba el miedo de poder convertirse algún día en comunista y que su hogar fuese una base de operaciones de los disidentes del régimen. A su vez, confiesa, que la palabra maricón no le influyó en su desarrollo sexual: «Entonces, durante el franquismo, ser homosexual era delito, te metían en la cárcel después de darte cuarenta palizas. Además, en una familia de bien tener un hijo maricón o una hija lesbiana era un ‘antes muerta‘. Yo pude ser lo que conseguí porque mi carrera empezó en la Transición, cuando las cosas se normalizaron al llegar la democracia», admitía Miguel en la entrevista.

Luis Miguel Dominguín y Franco
Luis Miguel Dominguín y Franco Black Shirts

Entre los capítulos, Bosé relata un conjunto de frases desdichadas de un padre hacia un hijo que quiere convertir como sea en el ‘macho alfa’. Entre ellos, cuenta un episodio en el que viajaron a un safari en Mozambique, donde era necesaria una vacuna para evitar el paludismo. A Dominguín le dieron unas pastillas de quinina que nunca ofreció a su hijo, por lo que acabó sufriendo la enfermedad. Al ver que estaba enfermo, su padre le dijo: «Venga, no seas nenaza, levántate y camina como un hombre y déjate de mareos o te vas a enterar de lo que es uno de verdad del tortazo que te voy a meter, y basta ya de tonterías». En ese mismo safari su padre, indignado porque el Miguelito de 10 años leyera, le presentó a una adolescente de 16 años para que «le iniciase a la hombría», a la quien el propio Dominguín «la agarró del brazo y se la llevó a su cabaña»

Primer capítulo de ‘El hijo del Capitán Trueno’

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