No es la primera vez que conozco a alguien que me muestra con evidencias cierta periodicidad en la Historia. Pero sí es la primera vez que encuentro a alguien que se basa en obras concretas de algo tan humano como el arte para demostrarlo.

Job Flores Fernández ha escrito varios artículos científicos sobre arte y  prospectiva junto al  catedrático Francisco José Martínez López. Pero en su libro Versalles (2020) relaciona de forma inédita el palacio de ese enclave francés, los rascacielos neoyorquinos y las pirámides de Egipto. Como mínimo, despierta curiosidad.

Pregunta.- ¿Estamos viviendo en un constante ciclo en la Historia?

Respuesta.- No es algo nuevo. Toda la humanidad ha vivido dependiendo de ciclos muy conocidos como el de las cuatro estaciones. Lo interesante es descubrir que hay otros que pudieran, como dijo Tucídides, descubrir en el futuro eventos semejantes a los que ya se han vivido. Arnold Toynbee, un gran historiador británico, comparó el discurrir de los hechos con un carro que solo se mueve hacia delante, pero para que ese movimiento se produzca es necesario que se asiente sobre ruedas, que serían los ciclos que se van hasta cierto punto repitiendo. Estas reiteradas crisis nos estarían dando la oportunidad de mejorar. Es curioso que se haya descubierto que en algunas civilizaciones más antiguas el tiempo no tenía carácter lineal, sino que era directamente cíclico.

P.- Interesante, pero es necesario demostrarlo. ¿Qué evidencias podemos encontrar en los acontecimientos más recientes?

R.- Hay ciclos más cortos, que relacionan las crisis económicas como la de 2008 con el crack de la Bolsa y la crisis mundial de los años 30, y otros incluso climáticos, con oscilaciones de temperaturas igualmente cada 50 ó 60 años. Por ejemplo, el sociólogo Amando de Miguel, en su libro España cíclica de 1986, detalla muy bien los ciclos generacionales en nuestro país. En nuestro contexto, José Manuel Otero Novas, que fue ministro de la Presidencia y de Educación, y Alexandre Deulofeu también escribieron sobre ciclos históricos. Hechos recientes como el traslado de un monarca, y la crisis vivida en Cataluña, no son la primera vez que ocurren, y tienen sus patrones.

Yo pienso como Santayana, que solo los que no aprenden de la historia están condenados a repetirla»

P.- Para ser más exactos…

R.- Según algunas gráficas económicas basadas en los ciclos de Kondratieff, podemos entender una crisis como un valle de unos 30 años. Los 15 primeros, de descenso hasta lo más profundo, y los siguientes, de remontada. Por ejemplo, la que se inició en los años 30-40 duraría hasta los 50-60, y a partir de ahí se fue remontando hasta los 70-80. Según esta teoría, la nueva crisis debería haber empezado hacia 2006, y haber continuado unos 15 años en descenso hasta el punto más bajo, que coincidiría con el periodo actual.

P.- Me consuela saber que hemos pasado lo peor, supongo que por la pandemia. ¿Este tipo de hechos también tienen sus ciclos?

R.- Parece que sí. De unos 1.800 ó 1.900 años. La paralela podría ser la llamada “peste antonina”, que diezmó la población del Imperio Romano. Por cierto, hay indicios de que vino de China. Y es una hipótesis publicada en 2012 por el doctor Agustín Muñoz-Sanz, no ahora.

P.- ¿En su caso lo ha investigado a través del arte?

R.- Hemos descubierto patrones de unos 60 años, que llamamos generacionales, y tres de ellos, forman uno mayor de unos 180. Ahí se establece un movimiento pendular entre períodos clásicos y períodos barrocos. Lo sabemos también por la comparación de estilos entre nuestro tiempo y los de las antiguas Grecia y Roma. El arcaico griego sería comparable a nuestro gótico. Después llegó el arte clásico que es comparable a nuestro Renacimiento. Más tarde, ocurre un Barroco helenístico paralelo al Barroco moderno, y también hubo un estilo Neoático, similar a nuestro Neoclásico. Las duraciones son prácticamente las mismas. La entrada de Roma en su etapa imperial tras Julio César se podría comparar al apogeo del imperialismo europeo desde Napoleón.

P.- Con sus conflictos bélicos. Seguro que para las guerras también hay ciclos.

R.- Desde la época de los emperadores romanos, hemos observado ciclos bélicos de unos 120 años, formados por la unión de dos ciclos de unos 60 años. Hay historiadores como Jacques Barzun que los emplearon para articular su relato de la historia. Empezando, por ejemplo, desde las guerras de Luis XIV a finales del siglo XVII, basta con seguir los ciclos para encontrarnos con las revoluciones americana y francesa con sus respectivos conflictos. En el siguiente, aparecen las revoluciones rusa y alemana y las dos guerras mundiales.

P.- Siguiendo el patrón, eso nos lleva a 2030-2040. ¿Podemos esperar conflictos armados para la próxima década?

R.- Sobre cambios drásticos en fechas similares entre 2030 y 2050, tal vez violentos, se han pronunciado grandes expertos como Modelski y otros. Sir Nick Carter, el Jefe del Estado Mayor de Defensa del Reino Unido, alertó hace poco de un posible escenario bélico propiciado por la pandemia y las crisis económicas que se superponen. Sinceramente, no creo que humanamente se pueda predecir el futuro, ni quiero alarmar a nadie, son solo teorías y promedios. Solo hablo de ciclos que cualquiera puede observar. Se ven movimientos muy similares a los que precedieron a revoluciones anteriores. Son tendencias, pero no condenas. En nuestra mano está tenerlo en cuenta. Yo pienso como Santayana, que solo los que no aprenden de la historia están condenados a repetirla.