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Los otros divorcios de la Familia Real

Sus Majestades los Reyes, acompañados de sus hijas, Su Alteza Real la Princesa de Asturias y Su Alteza Real la Infanta Doña Sofía, así como por Su Majestad la Reina Doña Sofía, en Palma, momentos antes de acceder a la Catedral de Mallorca EFE

Ya solo quedan Felipe VI y Letizia. Todos los matrimonios de los hijos de Juan Carlos y Sofía han pasado por momentos de graves crisis y, de momento, ya han acabado -o están a punto de acabar- en divorcio dos: el de la infanta Elena y Jaime de Marichalar y, según conocimos ayer en un comunicado de EFE, el de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín. Por no decir, claro, que el matrimonio de Juan Carlos y Sofía se mantiene sólo en términos estrictamente jurídicos, porque hay una separación de facto y, por lo que se ha sabido en los últimos tiempos, la pareja lleva rota años. Décadas, de hecho.

Los Borbones, claro está, arrastran una larga historia de matrimonios rotos y muy mal avenidos desde tiempos inmemoriales. Esto de la fidelidad, desde luego, no está hecho para ellos y más de una unión del pasado, aunque no terminó en divorcio, sí estuvo plagada de amantes y escándalos. Alfonso XII puede que le fuera fiel a su primera esposa, María de las Mercedes de Orléans, pero le puso los cuernos innumerables veces a la segunda, María Cristina de Austria-Lorena, doña Virtudes como la apodaban por su carácter recto y moral. Y no hablemos de su hijo, Alfonso XIII, el cual fue un auténtico calvario para Victoria Eugenia.

La pionera: Eulalia de Borbón

Sin embargo, a pesar de que eran muy conocidas las desavenencias, muy pocos en la familia han dado el paso de divorciarse. La pionera fue la infanta Eulalia de Borbón, hija pequeña de Isabel II y tía de Alfonso XIII, una mujer feminista, culta y muy adelantada a su tiempo que no pudo soportar más a su marido, Antonio de Orleans y Borbón, duque de Galliera, hijo del duque de Montpensier y nieto del rey Luis Felipe de Francia. Claro que el tipo, a parte de estar casi siempre borracho, era un mujeriego consumado.

El matrimonio duró juntos cuatro años, de 1886 hasta 1900, cuando ella hizo las maletas y se fue a vivir con su madre a París (la reina Isabel II vivía en el exilio). «Sin una palabra de reproche, sin un gesto de amargua, con voz lenta y suave, le anuncié mi propósito de dejarlo en libertad con sus amigas y de irme con mis hijos», publicaría ella en sus memorias. Una década más tarde, en 1911, pusieron fin formalmente a su relación en París (el divorcio no se podría haber firmado en España porque no existía legalmente). Fue el primer divorcio en la Familia Real española y, desde luego, supuso un escándalo mayúsculo. La reina María Cristina no daba crédito y Alfonso XIII llegó a negarse a hablar con su tía, a la cual repudió de la familia. Eulalia no pudo regresar a España hasta 1922.

Victoria Eugenia de Battenberg: «No quiero volver a ver tu fea cara»

Después de partir al exilio de España tras la implantación de la II República, los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia se instalaron en el Hotel Savoy de Fontainebleau. Ambos apenas se dirigían ya la palabra y el matrimonio llevaba años roto, pero eso no fue excusa para que, una noche, Alfonso XIII entrara en la habitación de su mujer y le echara en cara su amistad con los duques de Lécera, Jaime y Rosario. La comidilla entre la clase alta española era que Rosario Lécera estaba enamorada de la Reina y que ésta tenía un romance secreto con el duque. Alfonso XIII, preso de la rabia, le exigió que pusiera fin a aquella amistad. «O ellos o yo», le dijo, a lo que ella contestó en inglés: «I choose them, and I don’t want to see your ugly face never more!«, «Los elijo a ellos y no quiero volver a ver tu fea cara nunca más». Dicho y hecho: la pareja nunca se divorció, pero hicieron vidas completamente separadas.

El primer heredero divorciado: Alfonso de Borbón y Battenberg, hijo de Alfonso XIII

Se dice que el nacimiento del primer hijo de Alfonso XIII y Victoria Eugenia supuso el fin del matrimonio. El príncipe nació con hemofilia, una enfermedad que transmiten las mujeres, y a partir de entonces, nada se pudo hacer para recomponer la unión de los reyes: Alfonso XIII le reprochaba constantemente a su mujer que no le diera hijos sanos.

Alfonso tuvo siempre una salud frágil y delicada y incluso, cuando se proclamó la República y tuvo que partir hacia el exilio, tuvo que ser llevado en brazos hasta el coche. A partir de ahí, pasó muchos años en clínicas suizas y en una de ellas, situada en Leysin, conoció a una joven y guapa cubana, Edelmira Sampedro, que estaba en la misma clínica para cuidarse de unos supuestos problemas respiratorios. Ella provenía de una familia que había cosechado cierta riqueza con las explotaciones de la caña de azúcar, pero como no pertenecía a la realeza, él tuvo que renunciar a sus derechos dinásticos para poder casarse con ella. Inmediatamente dejó de ser príncipe de Asturias y pasó a usar el título de conde de Covadonga. La boda fue en Lausana, en 1933: Alfonso XIII no asistió, pero sí la reina Victoria Eugenia.

El matrimonio no duró mucho: en 1937 se divorciaron en La Habana. Los problemas económicos y las pésimas amistades de la pareja, que los explotaban en beneficio propio, destrozaron a la pareja. Ella lo abandonó, pero el disgusto no le duró mucho a él. Ese mismo año, el príncipe Alfonso se casó con otra cubana, Martha Esther Rocafort y Altuzarra, de la que se divorció poco después. El príncipe murió a los pocos meses, en 1938, en un accidente de coche en Miami.

Jaime de Borbón, segundo hijo de Alfonso XIII, también divorciado

El segundo hijo de Alfonso XIII y Victoria Eugenia quedó sordo de muy pequeño a causa de una mastoiditis que no supieron curarle. Cuando su hermano mayor, Alfonso, renunció a sus derechos sucesorios, él asumió la condición de heredero.

Don Jaime se casó con la aristócrata Manuela Dampierre y Ruspoli, hija del vizconde Roger de Dampierre y de la princesa italiana Vittoria Ruspoli. Fue un matrimonio concertado: ella no tenía apenas dinero y su madre quiso emparentarla con la realeza, por lo que simplemente le comunicó que debía casarse con el infante don Jaime. La boda fue en marzo de 1935 en la iglesia de San Ignacio de Loyola, en Roma.

Al poco después, él renunció a sus derechos sucesorios y, en 1946, tras muchas desavenencias en la unión, ella abandonó el domicilio conyugal con sus dos hijos. Entonces comenzó una relación con el agente de bolsa milanés Antonio Sozzani, con el que se casaría tres años más tarde en Viena.

La infanta Elena y su «cese temporal de la convivencia»

El martes 13 de noviembre de 2007, la Casa Real anunciaba que la infanta Elena y Jaime de Marichalar iniciaban el «cese temporal de la convivencia» tras doce años de matrimonio. Los rumores de distanciamiento, incluso de fuertes peleas entre la pareja llevaban circulando mucho tiempo, pero los entonces Reyes Juan Carlos y Sofía (sobre todo, ésta última) habían recomendado un tiempo prudencial para intentar reconducir la situación.

Pero no hubo nada que hacer. Demasiados desencuentros y escenas desagradables, incluso delante de sus hijos. Dos años más tarde, en noviembre de 2009, firmaban el divorcio. Ella se fue con sus dos hijos, Froilán y Victoria Federica, a un chalé en Fuente del Berro y, unos años más tarde, se instaló en un piso en el barrio del Niño Jesús. Se dice que cuando dejó el hogar conyugal, un magnífico triplex en el barrio de Salamanca que Marichalar había decorado a su (refinadísimo) gusto, ella se fue prácticamente con lo puesto. No se llevó ni siquiera algún regalo de boda que, legalmente, le correspondía.

Felipe y Letizia: constantes rumores de divorcio, pero siguen juntos

Que la relación entre los actuales Reyes haya pasado por altibajos es de sobra conocido. También se sabe que llegaron a pasar una crisis muy gorda, allá por el 2013, y que más de uno en la Casa Real se temió lo peor. Pero el matrimonio logró recomponerse y, precisamente durante los meses más complicados para la monarquía, los previos a la abdicación, se unieron más que nunca. En los primeros tiempos de su reinado se les vio más unidos que nunca.

Los rumores sobre rupturas y desavenencias han resurgido de vez en cuando, pero de momento, la pareja sigue unida. Felipe es el único que ha conseguido proteger su matrimonio.

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