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Charlene de Mónaco regresa por la puerta grande

Desde que regresó a Mónaco después de su larga y misteriosa enfermedad de la cual, a día de hoy, nadie se ha molestado en aclarar, la princesa Charlene de Mónaco, esposa del príncipe Alberto, no para de protagonizar eventos junto a su marido. El último ha sido una visita al Vaticano, donde la pareja ha sido recibida por el Papa Francisco. Ha sido una audiencia breve en la que, para sorpresa de todos, Charlene ha aparecido vestida de negro, cuando en realidad ella es una de las pocas mujeres que tiene privilegio du blanc; es decir, puede ir a ver al Pontífice vestida íntegramente de blanco porque es católica y consorte de un soberano católico.

Pero no adelantemos acontecimientos. Vayamos a unos meses atrás, a abril para ser exactos, que es cuando, después de un año de ausencia, Charlene volvió a aparecer en un acto público. La casa real monegasca ya había distribuido a través de su cuenta de Instagram una foto de la familia junta y sonriente, pero no se había visto aún a la princesa en carne y hueso. La última vez que se la había visto en público en Mónaco había sido en enero del 2021, cuando asistió con su marido a los eventos de Santa Devota, la patrona del pequeño principado. Luego se sabe que Charlene viajó a su Sudáfrica natal, oficialmente para asistir al funeral del rey de los zulúes, Goodwill Zwelithini.

Un año de ausencia

A partir de ahí, se le perdió la pista y los rumores llenaron páginas de tinta. Que si había huido, que si se había divorciado, que si estaba muy enferma. La Casa Real monegasca dejó caer que la princesa había sido sometida a una pequeña cirugía para colocarle unos implantes y que, desgraciadamente, se le había complicado con una gravísima infección.

Sea como fuera, a Charlene no volvimos a verla en Mónaco hasta finales de abril, cuando acompañó a su marido y a sus hijos, los mellizos Jacques y Gabriela, al campeonato de Fórmula E que se disputaba en el circuito urbano de la ciudad. Apareció visiblemente recuperada y con un nuevo look en donde destacaba un radical corte de pelo y un color platino.

A principios de mayo volvimos a verla, nuevamente con sus hijos y su marido, esta vez en el torneo de rugby de Santa Devota. De nuevo se la vio bien de salud, sonriente y cercana, saludando continuamente al público. En su cuenta de Instagram publicó fotos abrazando a sus hijos y posando con algunos de los equipos participantes.

A finales de mayo la volvimos a ver una vez más, esta vez acompañada tan sólo con su hija.Fue en un desfile de la Semana de la Moda de Montecarlo y Charlene apareció absolutamente radiante y muy glamurosa con un vestido largo y vaporoso de color champán diseñado por el monegasco Terrence Bray. A los pocos días volvió a aparecer, esta vez con Alberto, en la Fórmula 1. Luego se fueron juntos de viaje oficial a Noruega donde, para acabar de sellar cualquier rumor que pudiera quedar, la pareja se dio un beso en público.

Rumores de cifras desorbitadas

Desde entonces, Charlene no ha parado de protagonizar eventos en solitario –incluso sorprendió a unos cuantos turistas y les hizo de guía por el palacio real de Mónaco– y no hay evento que la Casa Real monegasca no explote mediáticamente. El mensaje parece claro: cualquier problema, si es que alguna vez lo hubo, ha quedado felizmente atrás. Claro que esta versión no complace a muchos y hay quien asegura que hay mucho más. Una revista francesa, Voici, cree que Charlene y Alberto firmaron un acuerdo confidencial por el cual ella estaría presuntamente recibiendo ahora doce millones de euros al año por aparecer junto a su marido en público. Pero esta información es una mera especulación y no hay ni una sola prueba al respecto.

Sea como fuere, la verdad es que la pareja no para de aparecer juntos en eventos. El último ha sido, como comentábamos al principio, en el Vaticano. La visita conmemoraba el 55 aniversario de la que hicieron los padres de Alberto, el príncipe Rainiero y Grace Kelly, al papa Pio XII en 1957. Pudimos ver a Charlene y a Alberto salir de las dependencias papales y caminar unos paso por el patio de San Damaso. Él con traje y corbata azul; ella, completamente de negro, con una mantilla sobre la cabeza y un largo collar en forma de rosario. Los zapatos, eso sí, eran beige.

Se ha saltado el privilegio de blanco

Como decíamos, la elección del color no deja de sorprender, porque Charlene es una de las siete mujeres de todo el mundo que tiene privilegio de blanco. Las otras son las reinas Sofía y Letizia de España, las reinas Paola y Matilde de Bélgica, la gran duquesa Maria Teresa de Luxemburgo y la princesa Marina de Nápoles.

Algunos han dicho que es por haber nacido protestante (se convirtió al catolicismo en abril del 2011 antes de su boda), pero no es una explicación convincente. Básicamente, porque había usado el privilegio de blanco antes, en el 2016. Además, Charlene siempre ha asegurado que se siente muy cómoda en su nueva religión y que el catolicismo le ha dado fuerza en momentos muy difíciles.

Nadie sabe por qué lo ha hecho, ni tampoco sabremos nunca lo que realmente está pasando en esta pareja. Son un misterio constante.

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