Si hay una monarquía, aparte de la británica, que realmente sabe potenciar a sus nuevas generaciones al mismo tiempo que respetan su privacidad, esa es la holandesa. Guillermo y Máxima, reyes de los Países Bajos, han sabido como pocos establecer una imagen pública de sus hijas: cada año había posados de toda la familia (normalmente, antes del verano, y muchas veces también en invierno) y las fotografías de las princesas son constantes en la cuenta de Instagram de la Casa Real nórdica. De hecho, sabemos más de las tres princesas holandesas —Amalia, Alexia, Ariana–, que de las nuestras, Leonor y Sofía. O, al menos, las nórdicas se han dejado ver más.

Las comparaciones siempre son odiosas, pero hay que reconocer que, en este caso, los posados de las princesas holandesas siempre han sido mucho más informales y simpáticos que los posados de las nuestras. La casa real holandesa destaca por ser muy próxima y espontánea, y no es difícil ver a los reyes divertirse con el resto de ciudadanos, incluso bailar y cantar con ellos en lo que denominan «el día del Rey«. De Amalia y sus hermanas tenemos imágenes esquiando, jugando en la playa y montando en bicicleta. De la mayor, incluso se tienen vídeos dando entrevistas e incluso reconociendo sus problemas de salud mental. Durante la pandemia, sus hermanas y ella no pararon de protagonizar vídeos online, alguno bastante simpático. Por no decir, claro está, que disponemos de imágenes de todas ellas y de su madre vestidas de faralaes en la feria de Sevilla, lugar donde, hace varias décadas, se conocieron sus padres. Una imagen que es impensable reproducir con Letizia y sus hijas, desgraciadamente.

Trabajó de camarera

También es altamente improbable que Leonor y Sofía hagan algo que Amalia sí que hizo: trabajar de camarera en un bar de la localidad costera de Scheveningen. Obviamente, estaba allí de incógnito, pero la experiencia le sirvió para saber lo que era llevar una vida normal. Su padre, hay que recordarlo, también insistió mucho en poder hacer cosas que hicieran el resto de personas: en su caso, durante años fue piloto comercial de aviones.

De Amalia, insistimos, hay actos de sobra, pero en los últimos meses, sin embargo, hemos visto a Amalia desarrollar una agenda mucho más intensa, también a nivel internacional. Hemos sabido, por ejemplo, que después de acabar el bachillerato se embarcó en un año sabático en donde viajó por el mundo, incluida España (se la vio en la calle Velázquez de Madrid). También tuvo tiempo de hacer de voluntaria unos meses.

A nivel institucional, el tiro de salida lo protagonizó en junio en Noruega, cuando acudió a la fiesta de «puesta de largo» que organizó la princesa heredera Ingrid Alexandra, hija de Haakon y Mette-Marit. Acudió con un elegante traje rosa chicle con mangas en forma de capa, muy parecido a los diseños que suele usar su madre, la reina Máxima. Sobre la cabeza, la misma tiara que lució su madre en su boda; en el cuello, una gargantilla de perlas. Como «padrino» en su puesta de largo, tuvo al rey Felipe VI: fue con él con quien recorrió el largo pasillo del palacio de Oslo que lleva al comedor de gala. Es una auténtica lástima que ni Letizia ni Leonor ni Sofía acudieran a semejante evento. Hubiese sido el momento perfecto para ver a Leonor por primera vez con tiara, acompañada del resto de princesas herederas que algún día asumirán el trono.

Acude a un terapeuta y tiene un novio alemán

Amalia no solo ha posado con tiros largos. También concedió una entrevista al periodista Jeroen Snel, uno de los más famosos del país, y ha hablado con las escritora Claudia de Breij, la cual ha escrito una biografía de la princesa, un tanto edulcorada y muy simpática, pero no por ello carente de interés. En el libro se desvelan fotografías inéditas de Amalia, y también algunas de sus creencias y sueños de futuro, como el tipo de vestido que quiere vestir en su boda. Lo más importante, sin embargo, fue que la princesa desveló que la presión de los medios y de todo el país a veces hacen mucha mella en ella y que, por ello, visita regularmente a un terapeuta para gestionar mejor el estrés.

Por no decir que Amalia habló abiertamente de su novio, un alemán de 19 años llamado Isebrand que pertenece a una destacada familia de empresarios de la zona de Westfalia. Se les ha visto juntos en varios lugares del mundo, sobre todo en Nueva York.

Pero no todo son cuestiones personales. Hace poco comenzó sus clases de Psicología, Política, Derecho y Economía en la universidad y se anunció que dejaría el palacio para vivir en un piso de estudiantes. También se dijo que renunciaría a la retribución que le corresponde como heredera hasta que acabe sus estudios.

En pocos días la hemos visto en su primera cena de gala –con ocasión del Consejo de Estado— y se ha anunciado en los próximos meses comenzará una gira oficial por el Caribe holandés. Esta semana, además, Amalia ha protagonizado por primera vez uno de sus grandes eventos como heredera: se ha vestido de gala para acudir a lo que se denomina el «Prinsjesdag«, o apertura del año parlamentario. La princesa acudió con un vestido verde botella, un turbante que pertenece a su madre y un bonita collar de esmeraldas y diamantes.

Era la mejor prueba de que Amalia ya ejerce plenamente como «royal».