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Todo lo que no sabías del Marqués de Santillana: de los 'ferrari' de su biblioteca a 'San Jorge y el dragón'

Marqués de Santillana

Carmen Vivas

Fue el prototipo de caballero letrado de la época y se arrodilló ante la Virgen María en su condición de noble cristiano católico que cree en el contagio de la sabiduría y en la «evidente realidad» de que, vivir la relación con Dios, es compatible con el cultivo de cualquier rama del saber. De ahí que fomentara las artes y las ciencias «de manera determinante y gloriosa», y se consagrara como una de las personalidades más relevantes de la Castilla del siglo XV. Íñigo López de Mendoza y de la Vega (1398-1458), primer Marqués de Santillana, I conde del Real de Manzanares, XI señor de Mendoza, III señor de Hita y III señor de Buitrago, fue noble, padre de familia numerosa y un «cosmopolitismo inusitado» pese a no haber viajado apenas fuera de España, que descubrió la lírica trovadoresca y conoció algo de literatura italiana que intentó adaptar al castellano un siglo antes de que lo hiciera Juan Boscán en sus Sonetos fechos al itálico modo.

El de Santillana intervino en la destitución de Álvaro de Luna, valido del rey Juan II de Castilla, a la vez que participó en la última batalla contra los musulmanes y escribió lo que puede considerarse como el primer texto de historia literaria en España, la Carta Proemio al Condestable Pedro de Portugal (1445) inspirado en Homero y Séneca. Su figura la reivindican ahora el Museo del Prado y la Biblioteca Nacional de España en la exposición El marqués de Santillana. Imágenes y Letras, un proyecto que podrá visitarse hasta el próximo 8 de enero en ambas instituciones y que «ayudará a entender y conocer mejor al marqués». «Pocas personalidades del siglo XV castellano resultan tan atractivas como Íñigo López de Mendoza. Fue un personaje curioso y cosmopolita, perfecto conocedor de las innovadoras propuestas visuales que desde hacia muy poco se habían gastado sobre todo en Flandes e Italia. La exposición profundiza en el desvelamiento del interés del marqués por las tendencias estéticas más innovadoras de su época», señala Joan Molina Figuera, jefe del departamento del Pintura Gótica Española del museo y comisario de la muestra en palabras para El Independiente.

Así, ubicada en la sala 57 A del edificio Villanueva, la muestra pone de manifiesto el protagonismo de este noble como innovador promotor artístico y ofrece, por primera vez, una visión conjunta de las pinturas singulares y manuscritos encargados por el marqués, hace ahora en torno a 600 años, a su pintor predilecto, Jorge Inglés, u a otros personajes coetáneos con quien compartió sus aficiones, como el retablo Los Gozos de Santa María, depositada en el museo desde 2011 por Íñigo de Arteaga y Martín, XIX Duque del Infantado, o San Jorge y el Dragón, que por primera vez se exhibe en España desde su adquisición por parte de la Leiden Collection de Nueva York. «El libro en mano de estos humanistas era más que la información que contenía -subraya Molina-, era un poderoso artefacto para crear alianzas, ser objeto de regalo y ayudaba a crear relaciones con otros nobles. Eran como coches Ferrari o yates».

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La exposición la conforman quince de esos ‘ferrari’ suntuosamente iluminados y procedentes en su mayoría de la Biblioteca Nacional, junto a un relieve con la efigie de Alfonso V El Magnánimo, dos medallas del pintor y medallista cuatrocentista italiano, Pisanello, y demás obras que demuestran la aceptación de las propuestas del realismo flamenco de Íñigo. Pero además, en la antesala del Salón de Lectura María Moliner de la BNE, se exponen otros once de los manuscritos más notables de su biblioteca, entre ellos el del sabio judeoespañol Maimónides, la Grande e General Estoria de Alfonso X el Sabio o la Historia Gothica de Rodrigo Jiménez de Rada, ‘el Toledano’. «Desde una perspectiva científica, son cuatro los objetivos principales de la exposición y de los estudios del catálogo que la acompañan: presentar el Retablo bajo nuevas perspectivas, y conocer la inclinación del marqués hacia el nuevo lenguaje septentrional, su expresión a través de los encargos a Jorge Inglés, o la tardía pero poco decidida afición de Santillana hacia los libros humanistas».

Molina ha definido como un «gabinete de maravillas» esta muestra, que, ha añadido, varía el foco que han dado otros espacios a proyectos expositivos sobre el noble, pues se interesa en su pasión por coleccionar libros de lujo y enfatiza en su fascinación por la obra de Andrés. Igualmente, ha hecho hincapié en que la exposición cambia la línea tradicional de la oferta del Prado, que, además, suele poner el foco en el artista y no en el promotor, como sí se hace en este caso.

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Y es que El marqués de Santillana. Imágenes y Letras se centra también en cómo el marqués concedió una especial importancia a la decoración de la iglesia del hospital de San Salvador de Buitrago, una institución caritativa que fundó para que «fuesen apiadados en él los pobres de Jesucristo», según sus palabras; y más allá del arte y los libros, se configura también como un recorrido por la «importante obra escrita» que dejó Arteaga y Martín, entre la que destacan las Serranillas y las Canciones y decires líricos, sonetos como el Triunphete de AmorEl infierno de los enamorados y la Comedieta de Ponça; poesía moral, política y religiosa como Bías contra Fortuna; la prosa de la Lamentaçión de Spaña, escritos literarios como el Proemio o Proemio e carta al condestable don Pedro de Portugal, escritos exegéticos como Glosas a los Proverbios, así como recopilaciones como Refranes que dicen las viejas tras el fuego.

A palabras del comisario, Miguel Falomir, Director del Museo Nacional del Prado y Ana Santos Aramburo, Directora de la Biblioteca Nacional de España, y Daniel Martínez Rodríguez, viceconsejero de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid, la muestra se inaugura también como homenaje a los fallecidos Javier Docampo y Fernando Villaseñor, dos de los «mejores especialistas españoles del libro medieval» que promovieron esta iniciativa sobre el marqués y la colaboración de las instituciones. «Era una obligación llevar este proyecto a buen término. Para la Comunidad de Madrid era obligado contribuir a la celebración de estas exposiciones en el Museo del Prado y la Biblioteca Nacional de España. No en vano la memoria de Íñigo López de Mendoza, está estrechamente vinculada a Buitrago del Lozoya y a Manzanares el Real, dos poblaciones madrileñas que atesoran uno de los patrimonios monumentales de la baja Edad Media mejor conservados de la Comunidad».

El marqués de Santillana. Imágenes y letras se acompañará hasta el próximo 20 de diciembre de diferentes actividades que se celebrarán en el Museo Nacional del Prado, la Biblioteca Nacional de España y la Real Academia Española con motivo de la exposición.

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