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'Fuego cruzado': el thriller de la BBC llega a TVE

Fuego Cruzado

Televisión Española

Cuando se estrenó en Gran Bretaña, las críticas no es que fueran malas, es que fueron despiadadas. Del thriller Crossfire (que Televisión Española estrenó ayer con el nombre de Fuego Cruzado), el prestigioso diario The Guardian llegó a decir que era «el thriller rodado en pasillos más estúpido del mundo». Otros periódicos no le fueron a la zaga y el conservador The Telegraph también se quedó a gusto. «Desagradable y estresante», comentó. Y por si no había quedado clara la idea, añadió: «Es una mezcla insondable entre pesadilla terrorista sin gusto y culebrón cursi».

Dadas semejantes críticas, la verdad es que daban ganas de verla, aunque solo fuera por saber si realmente era tan mala. Y la verdad es que, si bien la serie se deja ver, está muy lejos de lo que el guion podría haber dado de sí. Y, sí, es verdad, hay ocasiones en que, más que suspense, lo que consigue es poner de los nervios a la audiencia. De hecho, en la gran mayoría de la serie los personajes no parecen hacer nada más que correr por los pasillos de un hotel mientras susurran por el móvil. Tan claustrofóbico como histérico. Y el doblaje –no demasiado bueno– no ayuda en lo más mínimo.

Una trama que empieza con mucho suspense

Siendo sinceros, la verdad es que la cosa pintaba más que bien al principio, aunque solo fuera porque la protagonista, Keeley Hawes, es una actriz portentosa que es capaz de dar un recital interpretativo y, además, la serie está hecha por la BBC (y coproducida por RTVE), lo cual siempre es garantía de calidad. O, al menos, solía serlo.

La trama, encima, da para mucho y engancha durante un rato. Juego cruzado trata de una pareja formada por Jo (Keeley Hawes), una mujer de unos cuarenta años, madre de tres hijos, ex policía y casada con Jason (Lee Ingleby), un tipo bastante soberbio y en ocasiones insufrible. Jo y Jason tienen una gran vida social y muy buenos amigos y es precisamente en una reunión con ellos cuando proponen ir de vacaciones juntos a un lujoso hotel de Tenerife. Sol, playa, piscina y vistas panorámicas de la preciosa isla. Hasta aquí, la cosa pinta bien.

Todo empieza a animarse cuando descubrimos que Jo envía un mensaje subido de tono a un misterioso hombre que no es su marido. Tensión amorosa, posibles infidelidades, se intuyen retorcimientos psicológicos. Seguimos bien.

Pero –y aquí comienza de verdad la trama–, un buen día vemos a Jo desde el balcón de su habitación. Saluda desde la distancia a su hijo, que está divirtiéndose en la piscina. Justo en ese momento, un grupo de hombres encapuchados irrumpe en el hotel y empiezan a disparar a los inocentes turistas que estaban bañándose.

Una lucha por la supervivencia

Como era de esperar, todos corren desesperadamente a refugiarse donde pueden: de mesas a rincones en la cocina. Y todos empiezan a llamarse por móviles. Jo llama a Jason (que estaba en la piscina y ha logrado ponerse a salvo) y le pregunta por su hijo. No está con él. Y hasta aquí voy a leer.

Solo voy a decir que, a partir de este momento, la trama podría ser pura adrenalina, un relato de supervivencia y resistencia con actores y actrices de primer nivel. El guion, escrito por Louise Doughty, parece que va a ofrecernos historias conmovedoras de personas anónimas que, frente a una amenaza horrorosa, luchan por su vida y por proteger a los suyos en un ambiente que no dominan y sin ningún tipo de apoyo. El problema es que, aunque la intención es buena, se queda en la superficie y se pierde por derroteros que no aportan nada a la trama principal.

Además, se abusa de los flashbacks y acaban pareciendo que están ahí metidos con calzador. En principio, podrían haber ayudado: explican quiénes son en realidad los protagonistas y qué los ha llevado en realidad a aquel hotel. El guion brilla cuando da pie a todos estos secundarios: de una doctora, Miriam (Josette Simon), a un director de una compañía de limusinas, Chinar (Vickash Bhai). Todos ellos esconden secretos que irán saliendo poco a poco a la luz. Al final tienes la sensación de que nadie es quien parece ser. Ni siquiera los supuestos terroristas son exactamente lo que te esperas en los primeros minutos de la serie.

Personajes que podrían dar más de sí

Por el contrario, el guion se pone pesado cuando se centra en el estado real del matrimonio entre Jo y Jason, y nos va descubriendo poco a poco quién es el misterioso hombre a quien Jo envía mensajes de texto.

Es una lástima: el personaje de Jo se merecía más. Es ella quien, ayudada por su experiencia como policía y escoltada por Mateo (Hugo Silva), el gerente del hotel, el cual resulta que tiene armas a su disposición, intenta una lucha desesperada por salvar a los suyos. No es una guerrera a lo Hollywood, con instintos letales y movimientos que parecen sacados de una película de artes marciales, sino una ama de casa, con inseguridades, un pasado complejo y más de un secreto que no quiere revelar. Y es precisamente esta dimensión humana lo que la hace entrañable y próxima, repleta de matices interesantes. Hubiese sido interesante explorar más el personaje, pero desgraciadamente el guion tan solo hace que se pase los tres episodios de la serie susurrando jadeante por un móvil.

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