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Maggie O' Farrell se cuela en la intimidad de los Medici para contar la tragedia de Lucrezia

'El retrato de casada' (Libros del Asteroide) se adentra en las luces y sombres de la hija de una de las familias más poderosas del siglo XVI

Lucrecia de' Medici (1545-1561)

Lucrecia de' Medici (1545-1561) retratada por Bronzino. Museo de Arte de Carolina del Norte

No hay nada más estimulantemente seductor que colarse en la vida de aquellas personas cuya historia está intrínsecamente ligada a la de toda la humanidad. Comer en la misma mesa, dormir en los mismos aposentos, compartir su mismo oxígeno acaba convirtiendo los detalles más anecdóticos en algo relevantemente universal. Esta es la magia que consiguió hacer Maggie O’Farrell al escribir una novela como Hamnett y que vuelve a intentar con El retrato de la esposa (Libros del Asteroide).

La escritora norirlandesa ha pasado de escarbar en la historia familiar de Shakespeare, a introducirse en la intimidad de una de las familias más poderosas del siglo XVI, los Medici. En concreto, O’Farrell se interesa por la vida de Lucrezia de Medici, la quinta hija del II Duque de Florencia, Cosme I de Médici, y su esposa Leonor Álvarez de Toledo.

'El retrato de casada', de Maggie O'Farrell
‘El retrato de casada’, de Maggie O’Farrell

Inspirada por el poema de Robert Browning, Mi última duquesa, que alude al enigmático retrato de Lucrezia que pintó Bronzino, la autora británica indaga en las luces y las sombras que inciden en la vida de una cortesana marcada por sus obligaciones aristocráticas.

Maggie O’Farrell reinterpreta, con su habilidad para camuflar la ficción en la realidad, un turbador episodio en la Italia renacentista con implicaciones directas a la corona española. Pues el matrimonio forzado de Lucrezia con el príncipe Alfonso de Ferrara no tenía más intención que sellar un acuerdo de paz entre Hércules II de Este y Felipe II de España. En un principio, el príncipe se casaría con María de Cosme de Médici, la hija mayor de Cosme I, aliado del rey español y mediador en el Tratado. Sin embargo, María murió antes del convite y fue así como Lucrezia acabó desposada con Alfonso cuando apenas era una niña de 13 años.

El retrato de una casada explora el arco emocional de una adolescente obligada a convertirse en mujer antes de tiempo. Una niña que, noche tras noche, se entrega con miedo y dolor a su marido, incapaz de engendrar descendencia. Esta novela funciona además como una reflexión sobre la violencia machista y los abusos en la edad de la inocencia. Alfonso, su marido, pasa de ser apuesto, cariñoso y seductor, a ser un hombre completamente desquiciado y desesperado, capaz de caer en los comportamientos más miserables y violentos, al estilo de Enrique VIII de Inglaterra.

Un ambiente renacentista impregnado de sexo, violencia, traiciones, crímenes y fantasía

Lucrezia sobrevive en la hostilidad de su matrimonio gracias al mundo que se encuentra ahí fuera, un lugar donde puede aprender, dibujar y disfrutar de un refugio natural como si de un cuento de hadas se tratase. Una realidad paralela en la que demuestra ser mucho más que una joven educada para ser la mujer de un príncipe.

En El retrato de casada, Maggie O’Farrell recrea un ambiente renacentista impregnado de sexo, violencia, traiciones, crímenes y fantasía. Una novela que retrata las circunstancias de una niña sometida, primero por su familia y después por su marido. Sin embargo, el personaje de Lucrezia no se ancla en el victimismo ni en la inoperancia. O’Farrell nos la presenta como una joven creativa, curiosa, inquieta y rebelde. Una adolescente cuyo trágico destino ya está escrito, pero por la que sentimos una inevitable curiosidad al conocer su historia.

Este libro, impermeable a cualquier tipo de spoiler, explota la importancia del cómo en detrimento del qué, consiguiendo una universalidad tan histórica como atemporal. La escritora de Hamnett vuelve a construir una novela a partir de la anécdota, refrescando el pasado y provocando la emoción gracias a una de esos relatos en los que queda el poso de lo que hubiera podido ser, sin olvidar la crudeza de lo que finalmente acabó siendo.

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