Comedian, de Maurizio Cattelan

Comedian, de Maurizio Cattelan Twitter / @ArtBasel

Arte | Cultura

¿Esto es arte? Las polémicas obras que cotizan al alza

«La idea o el concepto es el aspecto más importante de la obra». Esta fue la primera descripción atribuida al Arte Conceptual, la pronunció el artista Sol LeWitt en 1967. Esta corriente, que ha ganado protagonismo durante las últimas décadas, ha visto como algunas de sus obras más representativas -para el estupor de gran parte del público- han alcanzado valías más que considerables.

El mercado de arte entraña complejidad. Es caprichoso. Tanto, que incluso un artista ha conseguido vender una estatua invisible por 15.000 euros. El criterio para tasar una cuadro, una escultura o una instalación artística no es matemático. Cada pieza hace evocar en el consumidor emociones, sentimientos y reflexiones particulares. Esto se acentúa cuando se trata de Arte Conceptual, ya que requiere una mayor implicación por parte del espectador.

Los artistas conceptuales insisten en que sus obras han de entenderse más allá de su estética, dado que su principal valor son las ideas; sin embargo, esta teoría tiene poca enjundia para seguidores de otras disciplinas más convencionales, o incluso para especialistas del sector que coinciden con esta parte del público.

Cuesta comprender cómo alguien ha podido pagar por una pieza intangible como la mencionada anteriormente, aunque el autor justifique su obra: «El éxito de la subasta confirma un hecho irrefutable: el vacío no es más que un espacio lleno de energía (…) que se condensa y se transforma en partículas, es decir, en nosotros». Mientras, entre los comentarios acerca del Buda en contemplación, predominan la incredulidad y las bromas: «Hay gente que roba, y hay gente que vende aire a 15.000 euros», «Gracias. He descubierto un don que no tenía. Paso a ser un escultor a partir de ahora», «Esto no es arte. Es, literalmente, nada. No existe».

La última de estas impresiones, «Esto no es arte», enfrenta de manera recurrente a los partidarios de este método de expresión con los más escépticos, que basan priman la técnica y la estética por encima de todo. Varios de los casos más sonados fueron el tiburón en formol de Damien Hirst, el vaso de agua medio lleno de Wilfredo Prieto, el plátano pegado con cinta americana en la pared de Maurizio Cattela y la pintura de una niña con un globo que Bansky programó para que se autodestruyera.

El tiburón tigre de más de cuatro metros –La imposibilidad física de la muerte en la mente del vivo– que Damien Hirst utilizó para «describir un sentimiento», fue subastado por unos 9,5 millones de euros hace 16 años. «Un tiburón es terrorífico, mucho más grande que nosotros, en un medio desconocido para nosotros. Parece vivo cuando está muerto y muerto cuando está vivo», explicó por aquel entonces Hirst.

Love is in the bin, la pieza del cotizado Bansky, se adjudicó en 1,18 millones de euros. Hasta ese momento todo entraba dentro de lo habitual, pero cuando el martillo golpeó el atril un mecanismo se accionó y trituro parcialmente la obra. Alex Branczik, Director de Arte Contemporáneo de Sotheby’s Europa, argumentó que se trataba de una propuesta rompedora: «Banksy no destruyó una obra de arte en la subasta, creó una nueva. Tras su intervención sorpresa, nos complace confirmar la venta del primer trabajo artístico de la historia que se creó en vivo durante una subasta».

Comedian de Maurizio Cattelan y Vaso de agua medio lleno de Wilfredo Prieto no alcanzaron esa dimensión millonaria, aunque sí que consiguieron gran repercusión mediática. La primera de ellas superó la barrera de los 100.ooo euros (120.000 dólares), mientras que el vaso ideado por el artista cubano se vendió por 20.000 euros en la edición de ARCO de 2015. El debate es evidente: ¿es arte o todo vale?. Como curiosidad, «el plátano más caro del mundo», acabó en el estómago de David Datuna: «Artista hambriento es una performance artística hecha por mí. Adoro el trabajo de Maurizio Cattelan y la verdad es que me encanta esta instalación. Es muy deliciosa», publicó Datuna. Nadie tuvo que pagar nada, la fruta se sustituyó por otra -tal y como contemplaba su certificado- ya que lo que adquieren y valoran los compradores es la idea.

Comentar ()