A Jaime Lorente (Murcia, 1991), actor, le conocerán por Denver, su personaje en la serie de televisión La casa de papel. O por Ángel Cristo en Cristo y Rey. O por el serial de época El secreto de Puente Viejo, su primer trabajo como intérprete hace una década. También hizo de Pedro García Aguado en la película 42 segundos. Y de Xavi Font en Disco, Ibiza, Locomía. Y de Rodrigo Díaz de Vivar en El Cid.
Jaime Lorente no sale en El mal hijo, su primera película como director. Firma el guion Salvador S. Molina, autor de la novela homónima en que está basada el largometraje. Son tres sus intérpretes protagonistas: Susi Sánchez (madre y abuela), Miguel Ángel Puro (hijo y padre) y Hugo Arbués (hijo y nieto). El mal hijo se estrena en salas de cine el viernes 16 de octubre, y El Independiente habla con su director, Jaime Lorente.
P.- Tengo entendido que ha sido un viaje de cinco años.
R.- (Jaime Lorente) Casi seis.
P.- Era una novela que no se había publicado.
R.- (Jaime Lorente) Es el cuarto guion que trabajamos para levantar mi ópera prima. La gran suerte es que la novela El mal hijo, de Salvador S. Molina, llega en la última etapa de estos seis años y de que el estudio AF Films la levanta. Pero han pasado otros guiones antes de este que ha sido el definitivo.
P.- O sea, que podrías haber hecho otra cosa que no era El mal hijo.
R.- (Jaime Lorente) Efectivamente. Pero todo tenía un poquito de esto. De hecho, a mí, esta novela me llega a través de Miguel Ángel [Puro]. Salvador [S. Molina] se pone en contacto con él; se entera de que quiero hacer mi ópera prima, él tiene esta novela y le pide a Miguel Ángel que me la pase. La novela tocaba los temas que yo tocaba en lo que yo estaba desarrollando. O sea, hay algo ahí.
P.- ¿No hay un regusto amargo por no haber podido sacar tu guion para hablar de tus cosas?
R.- (Jaime Lorente) Todo lo contrario. Ha sido increíble. Toda la novela [El mal hijo] es la infancia de Rubén [Abel de la Fuente, Hugo Arbues]. La segunda parte de la película es totalmente ficcionada. Yo no firmo el guion; el guion lo firma Salvador. Pero ha sido un trabajo en conjunto. Él es un tipo espectacular que ha propuesto todo su universo. Hemos ido hablando. Yo, todas estas necesidades que tenía para contar en mi ópera prima, las fui incluyendo. Entonces ha sido un trabajo muy personal.
P.- Dices que has conectado mucho con el libreto, con la novela, con la historia; que hablaba de ti. La ópera prima de muchos directores suele ser sobre ellos; tiran mucho de hemeroteca.
R.- (Jaime Lorente) Sí, total.
P.- No quiero saber qué es real y que no, pero sí qué es con lo que más has conectado. Tú le dedicas la película a tus dos abuelas. ¿Fuiste un niño de los noventa, principios de los dos mil, criado por tus abuelas?
R.- (Jaime Lorente) No. A mí me criaron mis padres, pero también mis abuelas porque hemos sido una familia muy unida; hemos estado siempre muy juntos. En la película [El mal hijo] hay varios temas que me tocan a nivel personal y que yo quería que estuviesen en ella desde un lugar artístico y alejado. No hace falta decir: “Esto me ha pasado a mí”. Al final se trata de construir una realidad para contar lo tuyo. Yo me siento muy identificado con un poquito de cada personaje.
Hay una etapa de oscuridad del padre [Miguel Ángel Puro] que yo siento que he transitado; y que gracias a haber pasado por ella y haber salido de ella, he podido tener una mirada objetiva, poco panfletaria, hacia el personaje del padre. He intentado cuidar al personaje sin juzgarlo. El pobre tiene una historia terrible: tiene unas herramientas muy pobres para gestionar lo que tenía.
También me siento muy identificado con ese Rubén que es supersensible y que hay un momento en que su falta de gestión emocional es tan grande que sólo sabe destruirse. Pero también me siento muy identificado con su capacidad de recoger lo que tiene de su abuela; ella es su icono, su gran referente. Él es capaz de vivir un poquito mejor a través del amor en vez de a través del miedo.
Y también me siento identificado con La Pascuala [Susi Sánchez]. Por eso he dirigido la película. Dirigir una película es el gran gesto de cuidador. Uno es el encargado de estar todo el rato abrazando lo que pasa, y lo necesario, para que una película se levante.
P.- Tú sabes que la figura de EL director es compleja; quizás por culpa de Hollywood… A veces se han tolerado cosas, incluso episodios de violencia.
R.- (Jaime Lorente) Hay mucho imbécil suelto. Y mucha imbécil también. O sea, hay muchos imbéciles en general. Hay algo que he experimentado y esto no justifica nada. Yo siempre digo: “Ningún mal acto justifica ninguna mala acción”. El otro no tiene culpa de tus movidas. Si tú empiezas a dirigir queriendo hacer una gran película, vas a ser un imbécil. Vas a estar en lucha continua con todo el mundo porque quieres hacer una gran película, y lo que tienes es un miedo enorme. Eres un inseguro de la vida, y vas a empezar a tapar eso creyéndote un genio, un tirano pegando gritos a la gente cuando, realmente, un director, lo que tiene que hacer, es estar al servicio. Y con esto no quiero decir que soy un máquina y que soy el ser humano más simpático del mundo.
Estamos todos acostumbrados a hablar de principios y de cómo pensamos las cosas. Todo esto es mentira. Yo te puedo decir qué pienso yo de las cosas y cuáles son los problemas que tengo para defender cómo hago las cosas conforme las pienso. Estamos todo el día con la tensión de: “Estos son mis principios y a veces me traiciono un montón. Me cago en la leche. Sufro porque quiero defender esto, cuidar a la gente, tratarla bien; y de repente me estreso y tengo un mal gesto con alguien. Un set de rodaje es un lugar tenso y tienes que hacerlo lo menos violento posible. Tiene que ser un lugar amable; estar al servicio, ser un capitán, y no un imbécil.
P.- Dices que no juzgas al padre, y me dio la sensación, viendo la película, que hay un desprejuicio total incluso hacia actos como robar. “Si obras un libro, no es robar”, pronuncia el padre del protagonista. O el tema de las drogas; es muy difícil en una ficción no caer en un lado -lo lúdico- o en otro -las drogas son malas-.
R.- (Jaime Lorente) Totalmente. O se iconiza el hecho de drogarse o se señala. La adicción es una enfermedad complicadísima. Mi primera mirada de no juicio hacia al padre es [preguntarme] qué habría sido de este hombre si hubiese tenido el dinero suficiente para ingresarse en un centro [de rehabilitación] que pueden permitírselo dos [personas]. O sea, se me ponen los pelos de punta. ¿Qué culpa tiene este tío de haber nacido en un contexto de mierda, en una sociedad que expulsa a esa gente y se le ha obligado a hacer una cantidad de cosas?
Es una enfermedad que te embarga todo, que te embarga la vida. O terminas muerto o terminas en la cárcel o terminas en un psiquiátrico. Si nosotros, como sociedad, no tenemos una mirada empática hacia eso, estamos completamente perdidos. Al final, este padre ha hecho lo que ha podido con lo que ha tenido. Ojalá no hubiese tenido que estar en una cabaña encerrado en cadena. Ahora mismo, un centro de desintoxicación cuesta una pasta. Las ayudas que hay por la Seguridad Social son una mierda.
P.- Y aún así, él sale adelante, aunque no lo vemos.
R.- (Jaime Lorente) Él sale adelante, pero hay una parte que no termina de curarse. Él vuelve y cree que la solución sigue estando en la violencia. Por eso termina donde termina. Al final, sólo es a través de la mirada de amor, la sensibilidad y el cuidado de La Pascuala, que Rubén recoge y decide no disparar.
P.- Esta historia la escribe una persona que nació en los noventa, pero a lo mejor conecta con aquellas mujeres que tuvieron que cuidar de sus hijos [drogadictos] en los años ochenta y noventa. La película [El mal hijo] está ambientada más adelante [principios de los dos mil].
R.- (Jaime Lorente) Es genial lo que dices; yo lo he defendido mucho. Las mujeres que cuidaron de sus hijos. Las mujeres. Hay algo que sigue pasando en los centros de terapias grupales: la cantidad de hombres que están sentados en una sala y tiene una mujer.
P.- Hablas de que este hombre, este personaje, al no tener dinero, no ha podido acceder a un tratamiento para poder recuperarse. Desconozco si tú vienes de una familia rica o pobre; de clase media, media-baja, trabajadora. Pero, para dirigir una película, ¿cuánto cuesta? ¿Sólo dirigen óperas primas las personas que tienen pasta y vienen de familia burguesa?
R.- (Jaime Lorente) Yo vengo de clase media. Mi padre ha sido profesor y trabaja en asesoría, y mi madre ha sido muchísimo tiempo ama de casa; estudió psicología y ahora está trabajando como psicóloga. Yo llego a Madrid, empiezo a trabajar y conquisto un lugar superprivilegiado como actor. Y me siento superagradecido. Pero yo pensaba que me iba a resultar más fácil levantar mi ópera prima por una cuestión de exposición. Sí es verdad que todos los guiones tenían una connotación autoral muy fuerte, y hay un choque entre mí yo actor y lo que yo propongo para dirigir. Y me costó hasta que AF Films apostó por la película [El mal hijo] y la levantó. Entonces no me quiero imaginar lo que le cuesta a la gente que no tiene ningún tipo de exposición. O sea, es dificilísimo.
P.- Yo te conozco de la pantalla, de las series que has hecho, pero no esperaba un tipo de película así procedente de ti. Tú eres consciente de ello.
R.- Superconsciente, y me alegro un montón. Quería que la gente me conociese un poquito más. Creo que se me conoce mucho más a través de esta película que con los trabajos que he hecho.
P.- Ángel Cristo.
R.- Efectivamente; poco tengo que ver.
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