Eligió el poema con intención. Helena quería hablar del amor. De tocar, de sentir. Salió a leerlo y calmó su tono de voz. Lo suavizó. Sabía que tenía enfrente a alguien que la miraba y la escuchaba con atención. Era su profesor de instituto y no tardó mucho en tomarse aquello como una invitación. De ahí, a una relación entre clase y clase, al acabar el día en su despacho. A libros y poemas dedicados.

Sin saberlo se convirtió en una lolita. En una nínfula. En una de esas chicas menores de edad que caen en las manos equivocadas, en las de hombres mayores que acaban marcando el ritmo de sus pasos. La primera, la que da nombre a todas, fue la de Nabokov. Él la convirtió en una de las grandes protagonistas de la literatura del siglo XX. La volvió sexualmente atractiva a una edad en la que las niñas no saben de qué les están hablando. Eliminó, quizá, o lo hizo el lector, un poco lo turbio de todo aquello. Era ilegal, era machista, era un hombre utilizando su poder para conquistar a una menor.

La poeta y periodista Luna Miguel.

La poeta y periodista Luna Miguel.

Ahora las vemos en el porno, en carnaval. Mujeres disfrazadas de niñas, con coletas y la falda del colegio. Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990) lleva tres años dándole vueltas al concepto. Desde 2015 escuchando historias que le llegan a su correo electrónico tras publicar un artículo sobre la influencia del personaje. Siempre lo mismo, niños y niñas que creen que se enamoran de su profesor, de un amigo de sus padres y que en el peor de los casos son correspondidos.

Por eso, tras publicar artículos sobres las lolitas en general, e investigar a muchas en particular, publica a Helena, la protagonista de El funeral de Lolita (Ed. Lumen), en una novela en la que le otorga el puesto ganador a ella. Lo hace en una ficción cargada de imaginación que nos lleva del ayer al hoy, de la Helena frágil a la Helena fuerte, ya adulta, navegando por zonas que a veces resultan tan incómodas como adictivas.

Lo hace en una ficción cargada de imaginación que nos lleva del ayer al hoy, de la Helena frágil a la Helena fuerte.

El sexo, la muerte, las consecuencias de ambos. La autora hace un relato poético en donde, como bien dice el título de su libro, acaba con la Lolita. Empodera a la mujer a través de una narración llena de personajes complejos, de situaciones mágicas y de un dolor extremo. “Al principio iba a ser un ensayo donde estarían incluidas las entrevistas que había hecho, pero acabó siendo ficción. Aparecen situaciones y momentos que tenía recogidos. Incluso los lugares son conocidos para mí, pero no es autobiográfica”. Está Alcalá de Henares, Almería, Barcelona… ciudades donde ha vivido la autora. “Conozco sus claros y sus oscuros, y así era más fácil poner a prueba a los personajes”.

“No se trata de una revisión de Lolita de Nabokov, sino de contar el mito desvirtuado de ese personaje y de cómo acaba afectando a las mujeres y condicionándolas a caer en ciertos clichés”, explica. Helena, igual que Dolores Haze, pierde a su madre en un accidente de coche, el detonante que hace que empiece la historia de las dos. Pero Luna le da a Helena lo que Nabokov le impidió a Lolita, le permite ajustar las cuentas con su pasado.

Una venganza que se intuye desde las primeras líneas del libro. Helena va al funeral del que fue su profesor, del amor de su adolescencia, del hombre con el que compartió demasiado cuando ella tenía 15 y él 39. “Aunque hay personajes masculinos, al final los importantes son los femeninos. Hay muchas mujeres con un papel secundario pero con un universo completísimo y que me interesaría revisar para otros trabajos”, asegura. Nos muestra un espectro muy amplio de la mujer actual y lo hace gracias a un clásico. Dándole la vuelta a las consecuencias.