La tarde del viernes 22 de mayo de 2026 cayó sobre el sector de la radio española como un auténtico terremoto. La Cadena SER quiso anunciar por la vía del comunicado oficial lo que ya se filtraba a chorros: que Ángeles Barceló, al no ver satisfechas sus demandas de plena autonomía, daba un portazo. Lo habitual en cualquier emisora es no anunciar un relevo hasta que el fichaje del sustituto esté cerrado, pero en Gran Vía los planes no salieron todo lo redondos que cabía esperar.
En espera de la ceremonia de sustitución
La sustitución del primer director de Hoy por Hoy por el segundo se hizo en total armonía: el propio Iñaki Gabilondo anunció en antena su relevo por Carles Francino, en presencia de este. Algo parecido ocurrió cuando Francino dio el paso de anunciar que le sustituía Pepa Bueno y él pasaba a la tarde. En un gesto de admirable entereza, Francino tuvo la franqueza de reconocer que llegó a pensar “si es que había hecho algo mal”, pero planteó su salida de manera tremendamente positiva en un coloquio en el que participó hasta el director de la SER de entonces. La sustitución de Pepa Bueno por Ángeles Barceló fue más original, casi un intercambio, y ambas dialogaron también por las ondas. Seguramente la SER pretenda que la secuencia se repita una vez se cierre el nombre del sucesor y que este salude a su antecesora en antena, pero de momento la situación se está poniendo algo complicada.
Desde el mismo viernes 22, sectores mediáticos monclovitas iniciaron la ofensiva del “La SER quiere derechizarse”. El primero con nombre propio fue Javier Aroca, tertuliano de Hoy por Hoy y voz estrella de Malas Lenguas, que soltó en el programa de Cintora que la SER se iba a volver más de derechas. El digital El Plural, siempre tan en sintonía con el mismo “aparato” que controla TVE, publicaba el sábado una nota poniendo en la diana al directivo de la SER Fran Llorente, al que señalaban como uno de los cerebros del supuesto cambio de línea. Hasta le atribuían haber animado a Borja Sémper (PP) a presentar ya una moción de censura a los socialistas. Resulta paradójico que sea precisamente a Fran Llorente, contra el que el PP lanzó mil campañas mientras dirigía los informativos de TVE en la etapa de Zapatero, a quien ahora presentan como un comisario del PP. Parece que, además de romper el mito romántico de Zapatero como político impoluto, hay quien quiera romper también el mito de Fran Llorente, a quien el sector progresista tenía ubicado como el mejor director de informativos de la historia (inolvidable aquel premio que le dedicó en antena Jordi Évole mientras pedía, poco menos, que le dejaran de director vitalicio de los informativos de TVE).
Muchos hitos puede apuntarse Llorente en su etapa en TVE: desde ser el que más premios ganó hasta ser el primero que lideró una protesta del equipo profesional de Torrespaña contra el Consejo de Administración de la Corporación en 2011. Durante los años de Gobierno de Rajoy, encabezó la oposición desde los pasillos contra el equipo nombrado por el Ejecutivo, liderado por JAS, Gundín y Carmen Sastre, en aquella etapa de lazos naranjas y camisas negras. El mismo Llorente que más veces fue propuesto para presidir RTVE cuando Pedro Sánchez llegó al poder —cargo que rechazó—, pero sí aceptó formar parte del equipo de Rosa María Mateo. Perdió entonces la gran oportunidad que tuvo Telediario 2 de blindar su liderazgo: comprar Pasapalabra cuando rompió con Mediaset. Llorente se hartó del servilismo de Rosa María Mateo primero y del “serpenterismo” que atribuía a Pérez Tornero después, y acabó recalando en PRISA. Sorprende que con ese historial alguien pretenda situarlo como comisario del PP en la SER, y sorprende aún más que algunos medios, que conocen de sobra dicho historial, no hagan la menor mención en sus crónicas. No vaya a ser que se les rompa el relato.
Los altibajos de Alsina en Onda Cero
En Onda Cero las cosas han sido más ordenadas. Aunque no faltaban informaciones sobre contactos entre Carlos Alsina y la SER que lo situaban como posible relevo de Barceló en los últimos tiempos, el locutor confesaba en antena su “desgaste” y su retiro a la isla de Santa Elena, que en este caso es la segunda franja de la mañana. A quien le siguiera más atentamente ya hacía tiempo que Alsina daba pistas de cuáles eran sus intenciones, entre las que no estaba el eternizarse en la primera hora al estilo Del Olmo o Herrera. Ya el 30 de agosto de 2025 concedía una entrevista a El País bajo el clarificador titular de “La actualidad política me cansa”. Y hace menos de un mes, el 29 de abril de 2026, participaba en el podcast Pausa de El Confidencial, donde adelantaba su desgaste: “Creo que tenemos una tendencia a reducir como si solo hubiera una razón para elegir una cadena de radio: la posición política”.
Alsina reivindicaba a los oyentes que siguen programas porque les entretienen, aunque no compartan su punto de vista, y reconocía que, si tuviera que elegir lo que más le había llenado en los últimos diez años, no escogería una entrevista ni un editorial político, sino los momentos de mayor contacto y complicidad con los oyentes. Muchos de los que le siguen quizá no le identifiquen tanto como “el locutor que mete caña al Gobierno”, sino como el que monta debates originales —como si se debe poner fruta escarchada en los roscones de Reyes— o el que recuperó la radio-ficción con historias del Pirata Garrapata o Querido Bruto, con actores de la talla de Borja F. Sedano. Este 25 de mayo, Alsina ha oficializado su marcha de la primera hora.
Alsina ha anunciado su abdicación con un canto de amor a Onda Cero, aunque su relación con esta emisora haya tenido sus altibajos. Tuvo una primera marcha en 1994 para cofundar, junto a Luis Vicente Muñoz, aquel extraño experimento llamado Radio Intereconomía, cuyo dueño Jesús Gausá conducía de una manera que, a ratos, podía parecer un medio de información y a otros un medio de extorsión. Alsina nunca ha hablado mucho de esa etapa. Volvió a Onda Cero, pero cuando parecía que iba a despuntar llegaron los de Telefónica y lo arrinconaron en una etapa agitada. Al final, con la llegada de Planeta al control, Alsina encontró su espacio bajo la coordinación de Javier González Ferrari, que contribuyó a sus dos mayores aciertos profesionales: apostar por él para La Brújula y retenerlo después de que firmara para irse a Punto Radio. Era marzo de 2008 cuando todos los periódicos de Vocento anunciaban “la incorporación” de Alsina a su proyecto radiofónico. Veinticuatro horas después, Ferrari lo recuperaba para Onda Cero tras unas negociaciones de infarto. Visto cómo acabó Punto Radio, Alsina nunca agradecerá lo suficiente a Ferrari que peleara tanto por retenerlo. Y es que los amores más sinceros, como el suyo con Onda Cero, también pasan por baches.
Ahora le toca el turno a Rafa Latorre, que llega con ganas de pelea. Liberado del segundo tramo —el de mayor complicidad con el oyente y entretenimiento—, su misión es retener la audiencia heredada. Le avalan sus seguidores de La Brújula y los lectores de sus artículos. Aún no sabe quién será su competidor directo en la SER, pero sí conoce a su principal contendiente por el nicho de oyentes más críticos con el Gobierno: Jorge Bustos.
¿La oportunidad de dejar de disimular?
Coincidiendo con las emotivas palabras de despedida de Carlos Alsina en Onda Cero y Ángeles Barceló en la SER, la cadena de Ábside Media confirmaba que “todos sus comunicadores estarán al frente de sus programas” y que “COPE vive el mejor momento de su historia”. En realidad, el último gran cambio en COPE fue el año pasado, con el inicio de una posible transición de Carlos Herrera a Jorge Bustos para ir acostumbrando a la audiencia. En el elenco seguía Alberto Herrera. Una ventaja que ahora tiene Herrera Jr., como tantos trabajadores españoles que laboran bajo la dirección de sus padres, es el poder alegar a quien se lo reproche: “al menos a nosotros nuestro padre no nos ha colocado en una empresa con un sospechoso sueldo de 200.000 euros por maquetar informes orales”. Un favor de las hermanas Rodríguez Espinosa. La duda es en qué momento COPE permitirá a Bustos poner su nombre al programa, que de momento seguirá llamándose Herrera en COPE, y poder dejar de disimular y ser la estrella con todas las letras.
¿Déjà vu?
El exdirector adjunto de El País, David Alandete, comentaba ante los rumores de “rebelión” en la Cadena SER por el presunto cambio de línea editorial que sentía un déjà vu, en relación con los cambios en la redacción del periódico de PRISA en 2018. Pero el déjà vu sería mucho más impactante para Fran Llorente. Si hay algo letal en el ecosistema mediático progresista es que te cuelguen la etiqueta de “facha”. El País tuvo que soportarla, a veces con el apoyo de otros medios como La Sexta o eldiario.es. “Os tuve que echar porque erais demasiado fachas”, llegó a decir el presidente de PRISA, Joseph Oughourlian, en un congreso de periodistas en 2021. No importaba la realidad; pesaba la fuerza de la etiqueta. La misma que un año después Pablo Iglesias colocó sobre la solapa de Antonio García Ferreras en uno de los momentos más duros de su carrera.
Pero si de verdad hubiera una rebelión de parte del personal en la SER contra su dirección, el déjà vu mayor sería para Fran Llorente. Después de haber liderado la rebelión de los viernes negros contra la TVE rajoyana, consiguiendo poner de su parte a gran parte de la plantilla de Torrespaña, encontrarse ahora con una rebelión contra él y que le acusen de ser un vendido al PP provocaría risotadas de aurora boreal en el grupo de Carmen Sastre, Jenaro Castro, Miguel Ángel Idígoras, Sergio Martín y todos los demás que fueron estigmatizados por él entonces.
¿JPL completará el círculo?
El cierre del círculo sería sentar a Àngels Barceló ante los micrófonos de Radio Nacional de España, reuniéndola con sus camaradas Pepa Bueno o Jesús Cintora. Ganas al equipo de José Pablo López no le faltan. Pero, ¿estaría interesada Barceló en volver al sector público tras su experiencia en TV3 y con una legislatura que se tambalea?
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