Carlos Ripa llevaba ya tiempo preparando el proyecto. Dos años antes, la resistencia chilena contra Pinochet había sido la protagonista y en 1976 le tocaba al tardofranquismo. Lo tenía casi todo preparado y se produjeron las últimas ejecuciones del Régimen y la muerte del dictador. La Bienal de Venecia estaba a punto de empezar y llegó la polémica.

El proyecto de Ripa, liderado por Tomás Llorens y Valeriano Bozal, excluía de la exposición a un número considerable de artistas aunque si que tenía sitio para las obras de los organizadores de la muestra. Las críticas no solo llegaron de España, internacionalmente lo consideraron un error. Ellos ya tenían su idea y no pensaban cambiarla. España. Vanguardia artística y realidad social (1936-1976) contaba el relato que no se contó de los 40 años de la dictadura y aunque les pidieron que ya que ahora todo había acabo fuese un poco más nuestro, ellos se negaron.

Ahora, el Museo Reina Sofía, dentro de las muestras organizadas por los 40 años de la Constitución, presenta Poéticas de la democracia. Imágenes y contraimágenes de la transición. Una exposición que arranca reconstruyendo, 42 años después, el espacio principal de la muestra veneciana. “Recuperamos obras de la época que allí estuvieron presentes. Ronda de la noche con porras, de Eduardo Arroyo; Amnistía, de Agustín Ibarrola o El abrazo, de Juan Genovés”, explica Manuel Borja-Villel, director de la institución.

Unas obras con una clara vertiente política, un arte comprometido y critico con el sistema. “Un compromiso social que empezó con la República y acabó con el equipo Crónica, con Saura y Arroyo. Una generación extraordinaria que siendo críticos con el régimen aportaban un elemento institucional y normativo democrático a la Bienal, pero que dejaba a la sombra a una serie de manifestación artísticas y culturales”, añade.

Los movimientos feministas, los colectivos de cine o los de antisiquiatría”

Se trataba de lo que hacían los jóvenes, la contracultura. También los movimientos feministas, los colectivos de cine o los de antisiquiatría. Como ellos los descartaron, el Reina ha decidido recogerlo en la segunda parte de esta muestra. Tal y como señala Borja-Villel, “son dos elementos de ese momento, una especie de cultura bífida, por utilizar un termino de Germán Labrador, que refleja esta doble Transición que hubo en España y que de algún modo muestra la doble Transición que hubo a nivel político”.

La juventud y las mujeres

A lo que una de las comisarias de la muestra añade que dos de los hitos más importantes son la juventud y las mujeres. “Son quienes mejor encarnan este espíritu rupturista que supuso la contracultura, y que también tuvo comportamientos autodestructivos como la droga y que lo hemos plasmado con la metáfora del vampiro, que tiene una sección”. Aquí nos encontramos la proyección de La Cabina, con Antonio Mercero, las fotografías de la serie de Alberto Schommer sobre los líderes de los partidos políticos o Ni se compra ni se vende, de Carlos Pazo.

Para poder explicar estas dos corrientes, sobre todo para reivindicar “las experiencias artísticas excluidas del discurso institucional de la historia del arte español de la década de 1970”, el departamento de Colecciones del Museo comenzó a investigar en 2008 y ha conseguido llegar al 40 aniversario de la Constitución con todo el arte de aquellos años.