Tendemos a valorar la vida en extremos. A situarla en un lado o en otro. En felicidad y en tristeza. En verdad o mentira. Aquí no hay grandes historias. No hay buenos o malos. Estás tú, en ese gris insípido del que huimos y que es tan real como agradable.

Ese aquí, ese punto intermedio, es Margarita García Robayo en Primera persona, el libro que publica la editorial Tránsito, y que muestra un mar al que querer y temer, un padre defectuoso lleno de virtudes, una maternidad eufóricamente agotadora. Se trata de una recopilación de ensayos que nos narran su vida a lo largo de los años. Donde se repudia, se apalea, se adora e incluso se asquea. A ella y a todo lo que le rodea.

Usa esa primera persona tan denostada y la devuelve a sus imponentes raíces”

Un conjunto de textos que ha ido escribiendo por encargo. Le daban un tema y se lo apropiaba. Lo llevaba a su infancia, a aquel lugar costero donde veraneaba, a Málaga, a Buenos Aires, a sus obsesiones… Lo transformaba en sus recuerdos y realizaba una especie de limpieza general a los sentimientos, a los afectos, a su propia vida. En todos ellos habla de ella y lo hace de todos. Usa esa primera persona tan denostada y la devuelve a sus imponentes raíces. Se utiliza y se ficciona.

Margarita García Robayo.

Margarita García Robayo.

La publicación empieza en su primer baño en el mar y llega al último de su hijo. Nos enseña una evolución, un cambio, el miedo a convertirse en lo que alguna vez criticó, la realidad de serlo y lo hace todo a través del mismo océano. Nos cuenta la vida, las heridas abiertas y las cicatrices. Pero, sobre todo, nos pregunta sin darnos respuesta.

“¿Cuántos pensamientos caben en un acto? ¿Cuántas mujeres caben en un cuerpo? ¿Cuántas en una vida? ¿Estoy dispuesta a abrazarlas a todas?”, lanza Robayo al aire. Porque en este libro se abraza el feminismo y se critica. Se busca y se huye de lo femenino. Se escribe sin miedo al lector. También sin miedo a no querer hacer, a estar harta, a dejarse llevar. “A sólo querer flotar”.