El 17 de mayo de 1863 se publicaba en Vigo el primer ejemplar de Cantares Gallegos. Escrito por una joven Rosalía de Castro, tenía 26 años, marcaría el origen del Rexurdimento, el renacimiento cultural del gallego. Por eso, en 1963 se comenzó a festejar aquella fecha y a aquellos que con sus obras o trabajo habían ayudado a mantenerlo o a difundirlo.

El primer año se le dedicó a Rosalía y en 2018 a María Victoria Moreno Vázquez, siendo ellas dos la mitad de las galardonadas a lo largo de casi 50 décadas en la que el masculino ha tenido una presencia predominante. De profesores, escritores, historiadores, poetas… el Día de las Letras Gallegas engloba en su larga trayectoria a grandes conocidos y a impactantes desconocidos que sintieron el gallego como una obligación.

Este año es Antón Fraguas el protagonista. Justo cuando se cumplen 20 años de su fallecimiento. Galleguista hasta la médula, defensor de su lengua, represaliado por el franquismo, amante de la historia de Galicia y estudioso compulsivo de sus costumbre, se trata de un gran desconocido y de uno de los personajes más importantes en la historia de la cultura gallega.

Fraguas sentía una especial devoción por las costumbres gallegas, sobre todo el carnaval

Fraguas comenzó a sentir fascinación por su lugar de origen y por su lengua en el instituto. Aprendió de Antón Losada Diéguez, Castelao y Ramón Sobrino Buhigas en el Instituto General Técnico y comenzó a escribir artículos en revistas y periódicos locales con tendencia nacionalista. Vio pronto la importancia de mantener su lengua y  con tal sólo 18 años fue uno de los fundadores de la Sociedade de Lingua. Querían promover el gallego y crear un diccionario, aunque no llegaron a consolidar el proyecto.

Después llegó a Santiago, donde entró a formar parte de las Irmandades de Fala, una organización que englobaba tanto acciones políticas como culturales con la intención de promover la tradición y el idioma de Galicia y que defendió el gallego como único idioma de la región. Allí también estudió etnografía y folclore. Fraguas sentía una especial devoción por las costumbres gallegas, sobre todo el carnaval, y escribió bastantes artículos en los que narraba el porqué y el cómo de las fiestas. Contaba su historia, sus mensajes, la magia de todas ellas.

Ser galleguista non é mais que ser amante da nosa terra“, aseguró entonces. Y su amor fue creciendo por momento. Quiso saberlo todo, conocerlos a todos. Se convirtió en maestro pero siguió investigando. Manuel Murguía, marido de Rosalía de Castro y creador de la Real Academia Gallega, era uno de sus favoritos e incluso escribió su biografía. También la de Castelao.

Represión durante la dictadura

Pero llegó la guerra y como a todos, le cambió el rumbo. Le quitaron la capacidad de dar clases. De enseñar. Fraguas, convencido de su vocación, montó su propia academia. La llamó Menéndez Pelayo, estaba en la calle Algalia de Abaixa en Santiago y se convirtió casi en su casa. En 1950 consigue volver a la universidad. Lo compatibiliza todo y además es nombrado director de la sección de Etnografía y folclore del Instituto de Estudos Galegos Padre Sarmiento.

En 1951 pasa a formar parte de la Real Academia Galega, ocupando el asiento de Castelao. El alumno convertido en maestro. Continúa escribiendo, viendo en la divulgación la mejor manera de educar y enseñar la cultura de Galicia. Publica varias obras de temática similar, contando las costumbres de un pueblo que le parecía casi mágico. Por eso, se encargó también de dirigir el Museo do Pobo Galego desde su fundación hasta su muerte. 

Además, en 1984 recibió la medalla Castelao y en el año 1995 la medalla de las Artes y de las Letras de Galicia. Murió 4 años más tarde, en 1999. Tenía 93 años y se fue como una de los más relevantes figuras en el ámbito intelectual y galleguista del siglo XX.