Cuatro años después de la publicación de Historias tattoadas, Macaco retorna a la actividad discográfica con un nuevo álbum de carácter más experimental que bebe y celebra el “boom” de la fusión de músicas de raíz con otros estilos, en su caso con un pie puesto en América Latina y otro en el Mediterráneo. “Yo lo de la apropiación cultural me lo paso por los cataplines, como lo que decían de que Rosalía no podía jugar con el imaginario del flamenco por ser catalana”, denuncia Daniel Carbonell, el músico que impulsa este proyecto, en una charla con Efe ante la publicación mañana de Civilizado como los animales (Sony Music).

En él, pese a la presencia importante de lo latino, fruto de unos últimos años en los que Macaco ha crecido enormemente al otro lado del Atlántico, el compositor, intérprete y músico barcelonés ha jugado a tener “una denominación de origen”. “Soy muy fan del Mediterráneo”, ratifica Carbonell (Barcelona, 1972) ante los “muchos colores de la rumba” que se han colado en sus canciones, también mandolas y progresiones a lo Ennio Morriconne. “Hay influencias de fuera, pero fuera lo que dicen es que esto es de aquí”, insiste sobre el resultado, moldeado por diversos productores.

Es el fruto “de tres años muy efervescentes, con una tendencia a mezclar muchas músicas de raíz con electrónica”, y en los que dice haber estado “muy conectado con todo, con la calle, componiendo, tocando y experimentando”. En él se perciben tres líneas de trabajo. Por un lado, la parte “más vitalista o macaquil, más positiva de bailar la pena o más Marley, lo que se espera la gente que no ha rascado tanto en Macaco”. Por otro, el fruto de jugar con cajas de ritmos como las TR-808 y las TR-909, del que resultan otro tipo de canciones como “Agárrate” u “Ovejas negras”.

¿Por qué no juntar a tres generaciones de artistas?

Finalmente, pero no menos importante, ahí está también “la guitarra y el papel como terreno de juego para el cantautor galáctico”, del que surgen temas como “Blue (diminuto planeta azul)”. Cuenta que las fuentes de inspiración de este corte fueron la mítica fotografía de Carl Sagan que ofrecía la visión más lejana de La Tierra y la música de su colega Jorge Drexler, que se terminó incorporando a la grabación. “Y si estoy hablando de mirarse con perspectiva y pinchar egos, ¿por qué no juntar a tres generaciones de artistas?”, explica sobre cómo terminó sumando también a Joan Manuel Serrat con un recitado que realiza con “clase y maestría”.

Porque si algo caracteriza precisamente este disco es la amplitud de miras de sus colaboraciones, entre las que también se cuentan las de Niño de Elche, Silvia Pérez Cruz, Visitante (Calle 13) o Antonio Carmona, mezclados, pero no revueltos.

“Me siento como una generación puente, con artistas por encima que igual tenían más prejuicios a la hora de mezclar estilos y otros por debajo que tienen cero”, destaca sobre un disco “muy ecléctico y con colaboraciones muy dispares, pero que no se ve forzado”, porque “las canciones tenían los cimientos bien puestos” y las aportaciones externas “sirven para enfatizar, no para rellenar vacíos”.

Incluso se ha permitido contar con artistas que no son intérpretes musicales de partida, como los actores Óscar Jaenada e Inma Cuesta, quien participa en el tema “Ovejas negras” como símbolo de una actitud basada en “romper las reglas” y de celebrar las diferencias. “Porque las diferencias me parecen maravillosas”, suscribe. “Yo de pequeño era el que peor jugaba al fútbol y me iba con las niñas a jugar a las cabañas. Me metían leches por eso, que además era muy delgadito. Hasta que llegó un momento en el que me di cuenta de que molaba mogollón y en que, en vez de taparme, dejé sacar todos esos colores”, se sincera.

Macaco, que prepara ya este disco para unos directos que llevarán a la banda el 28 de junio al festival Cultura Inquieta de Getafe (Madrid), no aparta sin embargo la mirada de compromisos más inmediatos: las urnas de los comicios municipales, autonómicos y europeos de este fin de semana. “Como dice una amiga: ‘No existe mi partido ideal, pero sí el contrario a mis ideales’. Hay que seguir votando en estas elecciones como hicimos con las anteriores. No tengo partido, pero mi tendencia es evidente que va hacia la izquierda, que al menos tiene la intención de cuidar la sanidad y la educación pública. Y la extrema derecha no está ni de lejos ahí”, previene.