11 de julio de 1963. La policía detiene en Rivonia, una zona residencial de Johannesburgo, a 19 miembros del Congreso Nacional Africano. Les acusan de 221 actos de sabotaje. Unos meses más tarde les juzgarían, un juicio que haría historia en Sudáfrica y que encumbraría a Nelson Mandela como líder del movimiento antiapartheid, como cabeza visible. Algunos consiguieron escapar de la cárcel, el resto pasaría más de 20 años entre rejas. Dejaban atrás mujeres, hijos, se agarraban con fuerza a sus ideales. Fueron judíos, indios, negros, mestizos. De todos ellos, hoy solo recordamos a Nelson Mandela.

Ahora, Nicolás Champeaux y Gilles Porte los recuperan a todos. Al judío Denis Goldberg, al indio sudafricano Ahmed Kathrada o al mestizo Walter Sisulu. Lo hacen a través de las grabaciones del juicio, más de 256 horas de audio, que permanecían guardadas y que nunca habían visto la luz. No hay imágenes, pero tampoco hacen falta. Los 9 meses que duró el proceso se muestran a la perfección en este documental, El Estado contra Mandela y los otros, que se estrena el 14 de junio y que intenta poner luz sobre esos desconocidos que fueron fundamentales para conseguir la situación actual del país.

En total, siete detenidos por su pertenencia a Umkhonto we Sizwe, la rama militar de la ANC, se enfrentaron a Percy Yutar, jefe de la acusación, un judío en el que el Estado vio la mejor manera de demostrar que no había un problema de racismo. Yutar les acusaba de reclutar personas para empezar una guerra de guerrillas, de enseñarles a montar artefactos explosivos para una lucha violenta, de promover huelgas no pacíficas. Les quería condenar a muerte.

Pero la presión internacional le apaciguó la ira. Tanto el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como decenas de países, entre ellos EEUU, criticaron el juicio alegando que la situación en Sudáfrica era inviable. Condenaron el régimen segregacionista que desde la II Guerra Mundial había sido impuesto por la minoría afrikaner y alegaron que aquellos líderes solo intentaban combatir una situación injusta.

Si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir»

Les condenaron a pasar el resto de su vida en la cárcel y ellos decidieron hacer su último alegato para mantener al pueblo despierto. El discurso final de Mandela en el juicio, por el que sería recordado, fue escrito en común pero puesto en su boca porque era el que mejor hablaba. «He dedicado toda mi vida a la lucha del pueblo africano. He combatido la dominación blanca y combatido la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre, en la que todas las personas convivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que aspiro alcanzar. Pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir», aseguró, mostrando la idea de sus compañeros.

Walter Sisulu, la cabeza pensante

Por eso ahora, en el documental, recorren la vida de todos los acusados y destacan a uno, Walter Sisulu. Este fue el consejero de Mandela, el hombre sin el cual Madiba no tomaba ninguna decisión. La cabeza pensante. Hijo de una empleada doméstica negra y un ferroviario blanco, había crecido en la más absoluta de las miserias junto a su familia materna. Estudió hasta los 14 años pero a partir de entonces pasaría de un empleo a otro, de lechero a panadero, mientras su anexión a la CNA iba creciendo.

Fue él, el que descubrió a Mandela en 1941, el que vio un potencial infinito. «En el momento en que le vi, no tuve duda de que era el hombre que necesitaba para dirigir al pueblo», recordaría años más tarde. Desde entonces su relación se fue estrechando. Mandela tenía el carisma, Sisulu la cabeza. Como secretario general del ANC organizó la campaña de desobediencia civil del 1952, las huelgas, la rama armada.

Juntos fueron a juicio y juntos acabaron en Robben Island, compartiendo prisión. Sisulu y muchos de los otros fueron puestos en libertad en 1989. Sería él al que primero abrazaría Mandela al salir en 1990. El que ya se había retirado de la política cuando en 1998 consiguieron acabar con el Apartheid. Murió en 2003 y cuando le preguntaron a Madiba porqué creía que no había sido reconocido por su labor, dijo: «porque tenía el don de la humildad».

En este documental hablan con su hijo, activista como Sisulu y que tuvo que huir tras el juicio. Él asegura que tanto su padre como el resto mantuvieron un papel secundario para el gran público pero determinante dentro del movimiento. Lo mismo que la novia blanca de Kathrada, que estuvo sin verle 26 años, o el hijo del fiscal Yutar, que narra la importancia de aquel juicio para su padre, para aquel juicio que había conseguido huir del Holocausto en Europa y que se agarró a la causa racista con fuerza en Sudáfrica.