“Durante medio siglo / la poesía fue / el paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / y me instalé con mi montaña rusa. / Suban, si les parece. / Claro que yo no respondo si bajan / echando sangre por boca y narices”. Estos versos son de Nicanor Parra (1914-2018), el antipoeta chileno. Él avisaba. Estábamos todos invitados pero luego no quería quejas.

Fue Físico y Matemático. Profesor. Poeta y antipoeta. Hermano mayor de Violeta Parra. Fue todo lo que quiso y, sobre todo, como él quiso. Murió agotando la vida a los 103 años. Viejísimo, sordo, dicen que los últimos meses cantaba constantemente las canciones de su hermana.

Ahora, este 5 de septiembre, cumpliría 105 años. Y es ahora cuando nos llega un documental inédito que recoge una entrevista que Luis Pradenas y Philippe Jobet le hicieron en 1992 en París, cuando el chileno había acudido a la ciudad como parte de la comitiva del  festival literario Les Belles Étrangères. Se ha presentado en la fundación que lleva su nombre y que intenta preservar la vida y obra de Nicanor.

El mayor de la familia Parra fue al revés que el resto y le fue bien. En una familia de nueve hijos, con un padre maestro y una madre costurera que no dejaba de cantar, él era el mayor y él único que no optó por cantar de bar en bar. Acudió a la escuela. Estudió con fuerza. Aguantó cambiar y cambiar de casa por el trabajo y las ráfagas de su padre. También la falta de recursos. Consiguió beca tras beca. Se largó de casa y apareció en Santiago de Chile para terminar la secundaría. Fue a la universidad a estudiar Matemáticas y Física. Y empezó a «rescatar» a todos su hermanos.

Comenzó con Violeta y con una norma. En su casa se estudiaba y se dejaba la guitarra. Acabó cantando a gritos las canciones de todos de ellos.

Entre tanto, entre todo, la poesía. En 1937 consigue acabar la carrera y también publicar su primer poemario: Cancionero sin nombre. Influenciado por Lorca, es este el que le mete de lleno en el panorama literario. Empieza a conocer a grandes poetas, a recibir premios, se encuentra con Pablo Neruda y Gabriela Mistral y unos años más tarde sería incluido en la antología 8 poetas chilenos.

Atrás se quedaron los versos lorquianos, la solemnidad. Comenzó su montaña rusa

Pero había estudiado demasiado como para tirarlo por la borda así que cuando en 1943 recibe una beca para irse a estudiar un postgrado de mecánica a Brown, no lo dudó. Tampoco cuando esta fue, unos años más tarde, para estudiar cosmología en Oxford. Dicen que fueron aquellos viajes, desde Reino Unido se recorrió toda Europa, los que le transformaron. Atrás se quedaron los versos lorquianos, la solemnidad. Comenzó su montaña rusa. Se hizo único.

En 1952, ya de vuelta en Chile, mostró el cambio. Junto a Enrique Lihn y a Jodorowsky montó la exposición Quebrantahuesos, poesía mural realizada con recortes de periódicos. Mientras terminaba su segundo poemario, 15 años después de publicar el primero veía la luz Poemas y antipoemas en la que rompía con todo. Con Neruda, con Huidobro, hasta con el Nicanor Parra de los años 30.

«Yo simplemente rompo con todo»

También con los que le pedían una posición política.Ya lo había dicho con fuerza en Ecopoemas, de 1982, en el que presentaba una propuesta alternativa a los dos bloques que manejan el mundo en plena Guerra Fría: «Hasta cuándo siguen fregando la cachimba / Yo no soy derechista ni izquierdista /Yo simplemente rompo con todo». Y ahora también se refleja en el documental Nicanor en París. Es en este en el que asegura que su ideología era el ecologismo. «Yo soy ciudadano planetario, yo soy ecologista. Pertenezco a un grupo que estamos convencidos de que el conflicto es de mucho mayor calibre… Si bien no estamos en el abismo, estamos al borde del abismo», aseguró, adelantando un activismo que ahora, 30 años después, ha cogido verdadera fuerza.

La exploración de las fronteras comunicativas del ser humano»

Siguió escribiendo. Poemas, sus famosos artefactos en el periódico poético Noreste. Hizo una huelga de hambre con 96 años a favor de unos comuneros. Recibió el Premio Cervantes en 2011 por «su necesidad de la búsqueda de nuevas formas de expresión y la exploración de las fronteras comunicativas del ser humano» y un año más tarde, ya con 98 años, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda a toda su trayectoria.

Murió en la casa de los Parra en La Reina el año pasado, en enero 2018. Tenía 103 años y llevaba meses cantando sin parar las canciones de su hermana Violeta. No estaba loco, se estaba despidiendo con ella. Dejó escritas dos cosas: encima de su féretro tenían que colocar un cartel: «Voy & Vengo» y tenía que sonar Gracias a la vida durante su funeral.