Fue el disco de góspel más vendido de la historia. También, el álbum más vendido de toda la discografía de la gran Aretha Franklin. El proyecto fue idea suya. En 1971, ya en la cima de una carrera meteórica, decide que qué mejor que volver a su infancia a través de las canciones que ella cantaba de niña. Recordemos que Franklin era hija del predicador Clarence LeVaughn Franklin y la cantante de góspel Barbara Franklin.

Así que, contando con Warner como encargada del proyecto, se mete en enero del 72 en la Iglesia Bautista Misionera New Temple en Los Ángeles, con el Reverendo James Cleveland y el Coro de la Comunidad del Sur de California, dos noches consecutivas para dar dos conciertos con público. Quería un directo.

Grabaron el disco y todo el proceso lo filmó el documentalista Sidney Pollack (Memorias de África). Cada gesto, cada gota de sudor, cada mirada cómplice y cada baile del público. Como si se tratará de un ritual religioso, Aretha volvía a hacer historia.

Pero el material que filmó se quedó en una bóveda, no se editó, no vio la luz. Mientras el disco se vendía, se reeditaba, el trabajo de Pollack y su equipo cogía polvo. Él alegó problemas con Aretha y su familia, temas de dinero, en realidad no utilizó claqueta, con lo que una vez en la cabina de edición se encontró con cientos de tomas de vídeo y de audio sin sincronizar. Quizá por eso, por un cargo de conciencia, antes de morir pidió que se completará la película y fue Alan Elliott, productor y fanático de Aretha, quien se puso manos a la obra.

El resultado: Amazing Grace, que se estrena este 4 de octubre. Un documental en el que se ve a la joven pero ya consagradísima Aretha revolviendo a los feligreses de la iglesia. Con una túnica blanca el primer día y verde el segundo, se erige como una visión. El público como en éxtasis, se levanta. Manos en la cabeza. Llora, baila. Embrujado. La cantante convierte el templo en una ceremonia apasionante, casi en un exorcismo.

El público escuchando a Aretha Franklin.

«Nunca me cansaba de escucharlo, yo crecí en ese barrio de Los Ángeles y tenía siete u ocho años cuando se grabó. Supongo que de alguna manera quería volver a tener esa edad y sentir lo que sentí, la habilidad de Aretha para transmitir espiritualidad; es algo que no se puede explicar», aseguró Elliot, al presentar ese documental.

Como él, miles de personas se engancharon gracias a Lady soul a un género que no salía de las iglesias. Ella era el reclamo, tanto que entre el público no solo se encontraban feligreses. En el documental podemos ver a un joven Mick Jagger y a Charlie Watts. También a la cantante que más había influido en Aretha, Clara Ward.

Aretha hablando con su padre, el reverendo Franklin.

Ahora, por fin, verá la luz un proyecto que la cantante quería hacer realidad. «Aretha quería ser una estrella de cine y después de Woodstock le prometieron esta película con este gran director, mientras Diana Ross estaba haciendo Lady sings the blues (sobre Billie Holliday). Aretha quería eso y Sydney no se lo dio», explica Elliot que ha conseguido darle a la diva, por fin, la película que quería.