La exitosa producción de La flauta mágica de la Komische Oper de Berlín regresa al Teatro Real (del 19 al 24 de febrero). La famosa ópera de Wolfgang Amadeus Mozart que el genio concibió como un cuento de hadas en formato singspiel, un género propio alemán de ópera popular en el que los recitativos son hablados y no cantados, está cargada de simbolismos que permiten una lectura para adultos de la obra.

Si bien el cuento facilita que sea una ópera para todos los públicos hay mensaje de Mozart a favor de la Ilustración implícito en el libreto. “Cuando Mozart escribe esta obra tiene muy claro que el futuro de la humanidad es la Ilustración y que el pasado es lo tenebroso, la superstición. Tiene muy claro cual es el futuro al que hay que ir y cuál es el pasado que hay que desterrar, y los personajes que encarnan estas ideas, La Reina de la Noche es el pasado y Sarastro es el futuro, pero ambos casos están llenos de luces y de sombras”, explica Joan Matabosch, director Artístico del Real. El mundo tenía que cambiar y la flauta mágica transformaba todo lo malo en bueno y lo feo en bello.

La Reina de la Noche

El aria La venganza del infierno hierve en mi corazón de La flauta mágica de Mozart contiene una de las notas más agudas que existen. El papel de la Reina de la Noche no está al alcance de cualquier soprano ya que tiene que interpretar un fa sobreagudo. En esta reposición del Teatro Real las sopranos serán Albina Shagimuratova  (19 y 25 ene.) Rocío Pérez  (21 ene. 15, 17, 20, 22, 24 feb.) y Aleksandra Olczyk  (30 ene. 2, 7, 10, 13 feb.)

Pero lo que hace que esta Flauta Mágica que repone el Real haya triunfado allí donde se ha montado es su espectacular puesta en escena que se apoya en el universo estético del cine mudo. Un montaje totalmente audiovisual e hipnótico. No hay escenario, todo es imagen proyectada en una pantalla por la que se mueven los actores con precisión milimétrica. 

 “El personaje de Papageno se presenta como Buster Keaton, porque es un personaje divertido pero a la vez melancólico, por su parte el personaje de Pamina sigue la estética de la actriz, también una estrella del cine mudo, Louise Brooks”, explica el director de escena, Tobias Ribitzki. A esto se suma que  La flauta mágica era una singspiel, como una zarzuela con partes habladas y cantadas, y se han suprimido esas partes por un mudo con subtítulos», añade Ribitzki.

“Este montaje funciona muy bien porque lo que hace es explicar La Flauta Mágica a través de lo que hoy en día es algo muy popular como es el cine y funciona porque aunque es muy chocante cuando se levanta el telón pero es una codificación actual de la obra clavada a lo que Mozart intentó en su tiempo”, añade Joan Matabosch.