Cultura

Once mujeres, "almondigas" o certificados a la Inteligencia artificial, así ha (r)evolucionado la RAE desde sus inicios

Carmen Vivas

Es la madre de las letras, para muchos, y de la polémica lingüística para otros. Su propósito fue «fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza» y hacerlo, todo, con la premisa de no quebrar la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito territorial.

La Real Academia Española (RAE) fue fundada por el octavo marqués de Villena, Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga (1950-1725), el 6 de julio de 1713, hoy hace 308 años. Ese día, tuvo lugar la primera Junta según indican los estatutos de 1715, y se alistaron los ocho primeros académicos fundadores aprobados por el rey Felipe V; el mismo Juan Manuel Fernández Pacheco, el Doctor Don Juan de Ferréra, el filosofo Gabriel Álvarez de Toledo y Pellicer de Tovar, el historiador Andrés González de Barcia, el Padre Bartolomé Alcázar, el Padre Joſeph Cafani y el bibliotecario real y corregidor Antonio Dongo Barnuevo y Mesa.

Su principal precedente fue la Academia Francesa, fundada por el cardenal Richelieu en 1635, y el objetivo esencial desde su creación, la elaboración de un diccionario «el más copioso que pudiera hacerse», de la lengua castellana.

Sus más de tres siglos de historia abarcan los primeros criterios de pronunciación y gramática, treinta y un directores, focos de polémica por las palabras que ha aceptado o prohibido ante su uso extendido, y miembros electos y académicos como el Premio Nobel de Literatura y Premio Cervantes Camilo José Cela, Gregorio Marañón, Pío Baroja o el escritor y filosofo español Miguel de Unamuno.

Actualmente, la institución está constituida por cuarenta y seis académicos, entre los que figura el actual director Santiago Muñoz Machado y los demás cargos de la Junta de Gobierno, elegidos por mandatos temporales.

‘Almóndiga’, ‘Sexo débil’ y otras polémicas definiciones

Gitano, autista, almóndiga, jueza o la definición de mujer como ‘sexo débil’, son algunos de los ejemplos que han causado mayor controversia a la Real Academia Española de la Lengua. A estas, se suma la aceptación de palabras como zasca, brunch, casoplón o cumplemes, y la reconversión al español de extranjerismos que dañan a la vista, como güisqui (whishy), cederrón (CD rom) o bluyín (blue jeans), que más allá de un intento por adaptarse a los tiempos, recogen la negativa y polémica de una sociedad que cree en un vocabulario natural que debería reflejar cómo habla, piensa y escribe la población.

Las nuevas aceptaciones o las prohibiciones suelen generar mucha polémica y debate, casi tanto como lo está haciendo en los últimos años la no aceptación por parte de la institución, del lenguaje inclusivo: «El problema es confundir la gramática con el machismo, afirmó el ex director de la RAE Darío Villanueva, ante la solicitud en 2018 del Gobierno para la modificación del texto constitucional.

Los intentos de corrección política inspirados en el feminismo suponen un error »

DARÍO VILLANUEVA

En ocasiones anteriores la RAE ya se había manifestado en contra del uso de caracteres como ‘x’, ‘e’ o ‘@’ como marca de género: «el masculino gramatical funciona en nuestra lengua, como en otras, como término inclusivo para aludir a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos. Las lenguas se rigen por un principio de economía; el uso sistemático de los dobletes, como miembro y miembra, acaba destruyendo esa esencia económica. Los intentos de corrección política inspirados en el feminismo que intentan alterar la naturaleza de la lengua, con el supuesto de que esto permite los avances en la lucha por la igualdad de la mujer, suponen un error», añadía.

Once académicas entre casi 500 miembros

La poetisa Carmen Conde se convirtió en 1978 en la primera mujer elegida para ocupar un sillón en la Real Academia Española. Desde su fundación, han formado parte de ella un total de 486 académicos, entre los que solo once han sido mujeres. No fue hasta finales del siglo XX cuando se nombró a la primera académica, Conde, y tras ella, rostros como como Elena Quiroga, Carmen Iglesias o la científica Margarita Salas.

Carmen Conde, 1979

La poetisa murciana ocupó su asiento en la Academia poniendo fin, dijo, a una «injusta discriminación literaria»: «Majestades, académicos, mis primeras palabras son de agradecimiento por elegirme para un puesto que no se ha concebido a ninguna mujer de nuestras grandes escritoras ya desaparecidas. Permitid mi homenaje de admiración y respeto a sus obras. Vuestra decisión pone fin a una injusta discriminación literaria».

Además de poeta, prosista, dramaturga y ensayista, Carmen Conde colaboró con la prensa local de Cartagena, ejerció como maestra en la escuela rural y fundó junto a Antonio Oliver, la Universidad Popular de Cartagena.

Imagen de archivo de la poeta Carmen Conde. EFE

Elena Quiroga, 1984

La escritora Elena Quiroga fue propuesta por la pionera de las académicas y por el filólogo Rafael Lapesa que afirmó: «entra en esta casa, no por ser mujer, ni porque es hermosa, linajuda y distinguida, sino solo por el valor de su obra literaria».

La literatura, que jugó un papel clave en el auge de la novela española entre los años 50 y 60, estuvo marcada por su vivencia en el mundo rural y por abarcar temas como la preocupación de las injusticias de la vida, y la explotación temática de las experiencias, especialmente durante la infancia y adolescencia.

Imagen de archivo de la escritora Elena Quiroga. Europa Press

Ana María Matute, 1998

«Ni en más locos sueños juveniles pude imaginar que un día me hallaría aquí». Así fue el inicio del discurso que la nombraba como académica en 1998. Ana María Matute fue una de las voces más reconocidas de la literatura española del siglo XX, y es considerada como una de las mejores novelistas de la posguerra. A sus espaldas, cosechó numerosos galardones como el Cervantes, el Premio Nacional de Literatura o el Premio Nacional de las Letras Españolas. Además fue doctora honoris causa por la Universidad de León y profesora en varias universidades estadounidenses.

Imagen de archivo de la escritora Ana María Matute. EFE

Carmen Iglesias, 2002

Carmen Iglesias, especialista en historia moderna europea y española, filósofa política, y actual Directora de la Real Academia de la Historia, es autora de más de 200 publicaciones entre las que destacan El pensamiento de Montesquieu: política y ciencia moral, Carlos III y la ilustración, Felipe II. Un monarca y su época o El mundo que vivió Cervantes, y fue la primera mujer en entrar a la RAE sin dedicarse especialmente a la literatura.

Carmen fue nombrada Académica en el año 2002, ocupando el sillón que quedó vacante tras la muerte del profesor y literario español Gonzalo Torrente Ballester.

Imagen de archivo de la historiadora Carmen Iglesias. EFE

Margarita Salas, 2003

Margarita Salas fue la primera científica con un sillón en la Real Academia. Fue doctora en Bioquímica, profesora de investigación, profesora ad honorem del Centro de Biología Molecular Severo Ocho del CSIC y doctora honoris causa por hasta doce universidades españolas, además de discípula de Severo Ohoca en Estados Unidos y de Alberto Sols en España. «Ciertamente, el estar hoy aquí supone para mí un gran privilegio que nunca había soñado alcanzar», dijo en su nombramiento.

Imagen de archivo de la bioquímica Margarita Salas. EFE

Soledad Puértolas, 2010

Soledad Puértolas fue la primera mujer periodista en ingresar en la Academia. Fue presentadora de Esta es mi tierra: guiada por el agua en TVE y articulista habitual en la prensa escrita. Además, la periodista ha escrito relatos y ensayos que la han llevado a ganar el Premio Sésamo, Cervantes o el Anagrama.

Imagen de archivo de la periodista Soledad Puértolas. EFE

Inés Fernández-Ordónez, 2011

Desde Puértolas, el ingreso de mujeres en la Real Academia se aceleró. Tras ella llegó la filóloga Inés Fernández-Ordoñez, especialista en dialectología actual e histórica del español. Inés destaca en su trayectoria por sus investigaciones y por participar en el proyecto Cómicos de la lengua, en el que interpretó el Cantar de Mio Cid.

Imagen de archivo de la filóloga Inés Fernández-Ordoñez. EFE

Carme Riera, 2013

La escritora mallorquina Carme Riera, es catedrática de Literatura en la Universidad Autónoma de Barcelona, y su trabajo ha sido reconocido con el Premio Nacional de las Letras en 2015 o con la Medalla de Oro de las islas Baleares en 2018. Entre sus obras destacan Te deix, amor, la mar com a penyora, Naturaleza casi muerta, Tiempo de inocencia o Vengaré tu muerte.

Imagen de archivo de Carme Rivera. EFE

Aurora Egido, 2014

El nombre de Aurora Egido es el de la novena académica de la Real Academia Española. La aragonesa fue catedrática de literatura en la Universidad de Zaragoza, ha sido profesora en varios centros universitarios nacionales e internacionales y cuenta con numerosas obras publicadas centradas, la mayor parte, en analizar la historia de la literatura española. Al igual que Inés Fernández-Ordóñez, Egido también participó en el proyecto Cómicos de la Lengua, aunque en su caso, interpretó La vida es sueño, de Calderón de la Barca.

Imagen de archivo de Aurora Egido. EFE

Clara Janés, 2016

La escritora Clara Janés destaca por la diversidad de géneros en los que trabajado; desde la novela, biografía, o ensayo, hasta el teatro y la poesía. Además, como traductora, ha recibido premios en España, Turquía o República Checa por difundir la poesía de estos dos países en lengua castellana.

Imagen de archivo de Clara Janés. EFE

Paz Battaner, 2017

«Sorpresa, emoción, gratitud, entusiasmo, disposición, incluso misericordia y perplejidad se agolpan para expresar lo que siento». Paz Battaner es la última mujer en formar parte de la Academia. Es licenciada en Filología Románica catedrática de Lengua Española, y directora de hasta 13 tesis doctorales. Además, Battaner ha sido investigadora principal en proyectos del I+D en la enseñanza de la lengua española y lexicografía.

Imagen de archivo de la filóloga Paz Battaner. EFE

Entre tanta mujer, Emilia Pardo Bazán estaría feliz. Y es que la novelista y periodista quiso ser académica y no se lo permitieron, aunque combatió como una jabata y no prestó silencio frente a las criticas que recibió: «Día y noche pienso en el sillón (…) mi vida tiene un objeto, mis actos, una clave: entrar en la Academia. Por ahí, por ahí me duele; aprieten bien, ciérrenme esas puertas benditas y habrán logrado matarme de pena», respondía irónica a quienes la llamaban ambiciosa y soberbia en uno de sus artículos feministas en la revista Nuevo Teatro Crítico.

Las mujeres no eran recibidas en esta institución por razón de sexo»

santiago muñoz

«Las señoras no eran recibidas en esta institución por razón de sexo y los académicos se manifestaron en contra de Emilia Pardo Bazán, sin minusvalorar sus virtudes literarias, para que se incorporara. Así eran las cosas en cualquier lugar y el tratamiento de la mujer era entonces en casi todas partes iguales. Ahora la RAE solo puede mirar con nostalgia aquella ocasión que hubiera permitido tener a una gran mujer en esta casa. Miramos hacia atrás con pena, pero comprendiendo que la situación histórica fue la que fue», señalaba al comienzo de acto en el homenaje a Emilia Pardo Bazán con motivo del centenario de su muerte el pasado mes de maso, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado.

A ella, se suman también rostros como la escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda o María Moliner, las ‘otras’ rechazadas por la RAE.

Certificados a máquinas de Inteligencia Artificial, el nuevo proyecto de la RAE

El pasado 21 de junio, Muñoz Machado adelantaba en un encuentro junto al gerente general de Amazon Alexa en España, Marie Mulot; Ester Marinas, responsable de marca y reputación de Google España y Portugal; David Carmona, director general de IA en Microsoft Corporation, y Chema Alonso, director de la unidad global de Consumo Digital de Telefónica y director técnico de LEIA, que la Real Academia aspira a dar certificados de calidad a las tecnologías y máquinas de Inteligencia Artificial que empleen el español como lo hace un humano.

«Cuando la RAE tenga la seguridad de que las máquinas emplean nuestra lengua como un humano que maneja el español, con solvencia, aspira a dar certificados del buen uso del español y acreditar que los criterios lingüísticos de esta casa se cumplen. Pretendemos que la Inteligencia Artificial hable español y que lo hable bien», afirmo el director de la RAE.

Al buen uso del español, se une el lenguaje escrito: «También queremos que el lenguaje escrito sea lo más perfecto posible. Quizás en un futuro inmediato las máquinas aprenderán a escribir novelas y competirán con los grandes escritores sentados en sillones de esta institución».

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