Cultura FESTIVAL TITIRIMUNDI

Titiriteros, militantes de un arte infravalorado que no se rinde

Imagen de otras ediciones de Titirimundi en Segovia. EFE

Siempre vestidos de negro y a la sombra de sus marionetas, los titiriteros son hoy, más que nunca, los militantes de un arte a menudo infravalorado, que bebe de la pasión de sus artesanos y los deja que se diviertan y diviertan a otros, mientras navegan en su mar de incertidumbres.

Este domingo acaba una edición de Titirimundi «complicada, muy complicada», según la calificó su directora, Marián Palma, durante la gala de inauguración celebrada el pasado jueves.

Ya venía «complicada» del año pasado por la pandemia del coronavirus, que cercenó la esencia del festival al impedir los espectáculos de calle y dejó en 89 funciones con 3.302 entradas la celebración de un festival que en 2019 había llevado a cabo 315 actuaciones y reunido a unas 40.000 personas.

El «muy» al «complicada» se lo añadió este 2021 la decisión de la Junta de Castilla y León de recortar de 100.000 a 14.752,17 euros la cantidad aportada al festival, una medida que justificaron con la pandemia y un cambio en la forma de seleccionar los eventos a financiar, que les ha permitido colaborar con más del doble en toda la comunidad.

Aunque la organización puso en duda la supervivencia del festival, Titirimundi ha conseguido con un esfuerzo extraordinario llevar a cabo este 2021 una edición acortada a cuatro días, 128 funciones y 28 compañías, una mala noticia más para aquellos que mueven los hilos pero, en este caso, mandan poco.

«Siempre es lo mismo, la cultura es la primera que se recorta», ha opinado el titiritero Eudald Ferré, en una entrevista con Efe frente a su gran títere: Una cría de cachalote de cinco metros de largo al que ha dado vida estos días en su obra La pequeña Moby Dick.

Ferré, que cuenta con más de treinta y cinco años de trayectoria en el mundo del teatro, ha asegurado que medidas como la que ha tomado la Junta las ha visto en «mil sitios», también antes de la crisis sanitaria.

«Yo veo a los jóvenes y dices es que realmente es militancia dedicarse a esto, porque ves lo que hemos tenido que luchar y lo que les queda para luchar a ellos…», lamenta el artista, a quien le queda el consuelo de ver compañías cada vez más jóvenes que «tiran para adelante».

Más de tres décadas de experiencia tiene también a sus espaldas Nartxi Azkargorta, de Txo Titelles: «Si esto era difícil, vivir de esto, y se hace más por pasión que por otra cosa, ahora es más complicado todavía», ha comentado en otra entrevista con Efe el responsable del espectáculo de variedades Armando Risotto.

«Yo llevo ya treinta y tantos años haciendo títeres y todavía estoy cobrando un caché inferior al que cobraba cuando empecé», ha relatado el artista de origen vasco, quien lamenta «la incertidumbre» que rodea al sector: «Tampoco necesitamos grandes cosas, pero necesitamos vivir también», ha precisado.

La actriz chilena Roma Monasterio, que ha llevado estos días su obra Frágil a las terrazas de algunos bares de Segovia en un formato que se realiza por primera vez este año, daba en un encuentro con los medios el pasado viernes unas pinceladas sobre su visión del sector.

«Los titiriteros, artistas, actores… estamos siempre en crisis, más allá de una pandemia. Es difícil hacer teatro, es difícil hacer marioneta además», comentó, antes de añadir «yo siempre he estado en la reinvención, y sigo así».

La también chilena Tita Iacobellli, que inauguró el festival con su obra Chaika, realizada junto Natacha Belova, ha reflexionado en otra entrevista con Efe que los titiriteros, mejor que nadie, saben expresar «la debacle» de estos tiempos, al ser una disciplina que muchas veces se ha considerado como «un arte menor».

«Siento que la mejor manera de poder representarlo es como en una marioneta, en un ser inanimado, y los titiriteros y titiriteras saben eso, y siguen creando espectáculos que comienzan a hablar un poco de eso, que botan la marioneta, la rompen, pero la marioneta sigue en pie, y sigue actuando y eso es lo conmovedor y lo poderoso», ha señalado.

Desde otro enfoque lo ha analizado Ana Zamora, directora de la compañía segoviana Nao D’Amores, que ha estrenado esta edición de Titirimundi su versión de ‘Retablillo de Don Cristóbal’ de Federico García Lorca para celebrar los veinte años de la compañía y, a su vez, rendir homenaje al fundador del festival, Julio Michel.

Ha señalado no querer quejarse por considerar que eso no lleva a ningún sitio, y ha optado por «reivindicar la necesidad que tiene una sociedad de la cultura en general y de las artes escénicas», al mismo tiempo que ha puesto en valor que España haya sido el único país que ha mantenido los teatros abiertos.

«Ya que hemos sido punteros y somos un referente en toda Europa y que ‘la cultura es segura’ es un lema que ha trascendido, pues de verdad démosle la importancia que ha tenido», ha subrayado, antes de apelar a la administración: «Las instituciones no pueden dar la espalda porque somos imprescindibles para la vida en sociedad», ha concluido. 

Te puede interesar

Comentar ()