Cultura

Las "novelas por entregas" de Murillo y los pintores del barroco

National Gallery of Ireland

Se las encargaban particulares para decorar sus casas. Querían novelas por entregas, las grandes historias, las aventuras, contadas en sus paredes. Querían a Bartolomé Murillo, Antonio del Castello, Alonso Cano o Juan Valdés Leal como narradores.

A mediados del siglo XVII muchos coleccionistas privados encomendaron a los grandes pintores del barroco sevillano obras organizadas en series en las que se contaba una historia bíblica o hagiográfica. Las querían para sus salones u oratorios privados y gracias a estas peticiones se generaron pinturas de un alto nivel creativo y que ahora representan muy bien aquella época.

El Museo Nacional del Prado acoge desde este 21 de septiembre esas «series» en la exposición El Hijo pródigo de Murillo y el arte de narrar en el Barroco andaluz, que se podrá visitar hasta el próximo 23 de enero.

Como centro, las tres series narrativas más importantes de ese periodo: la que describe la parábola del Hijo pródigo, pintada por Murillo, la historia de José, por Antonio de Castillo y la que narra la vida de san Ambrosio, de Valdés Leal.

Las dos primeras están completas. La de Murillo ha llegado desde la National Gallery de Dublín y la de Del Castillo se encontraba en la pinacoteca madrileña desde que asumió el Museo de la Trinidad. De la de Valdés se podrán apreciar 4 de las 7 obras que forman su serie.

Pero no solo estás, también otras pinturas, en total la exposición cuenta con 33, que pertenecieron a «series de este tipo y que habían sido desmembradas y dispersadas», tal y como asegura Javier Portús, Jefe de Conservación de Pintura Española (hasta 1800) del Museo del Prado y comisario de esta muestra; y que pretenden ayudar a mostrar con mayor precisión la importancia que tuvieron estas pinturas seriadas en el barroco andaluz.

Como centro, tal y como indica el título de la exposición, Murillo. «La suya es una serie que restauraron hace poco en la National Gallery de Dublín y para ello contaron con el asesoramiento del Museo del Prado. Narra la historia del Hijo pródigo desde que pide la legítima a su padre hasta que después de arruinarse vuelve al seno familiar y le es otorgado el perdón», cuenta Portús.

Se trata, como explica el comisario, de una serie importante y singular. «Murillo en el contexto de la pintura europea de su tiempo es uno de los artistas con mejores capacidades para las narraciones. Posee unos registros amplísimos y sabe crear climas emotivos. Estas obras nos permiten ver no solo lo depurado de la técnica descriptiva de Murillo sino también cómo maneja los afectos y que es un extraordinario maestro de la puesta de escena. Lo llena de sentimiento», continúa.

A Murillo le acompañan Antonio del Castillo con La historia de José en Egipto; y Valdés de Leal, con La vida de San Ambrosio, ambas de la misma época. “Son tres estilos pictóricos, tres maneras de narrar muy personales”, asegura y añade que Castillo “era un gran dibujante y paisajista con un fuerte elemento narrativo», mientras que Valdés era el «más difícil de todos».

En conjunto, la intención de Portús es que permitan ver al espectador como eran los espacios de sociabilidad y las costumbres de la época. Para ello las obras se han dispuesto como si se encontrasen en algunos de esos grandes salones, como se hubiesen colocado entonces.

El Prado al completo

La exposición también ha sido presentada por Daniel Martínez, viceconsejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, que ha resaltado la importancia del museo y de esta muestra y también ha celebrado el aforo completo del que pueden disfrutar los museos desde el lunes 20 de septiembre.

«Hoy ya se pueden llenar al completo los museos. Estos espacios llenos de artes donde encontramos un reducto de paz ante tanto ruido», ha dicho y ha añadido que «El Museo del Prado está siendo testigo del despertar del turismo después de la pandemia. Todavía queda mucho por hacer pero los datos son para celebrarlos: 300.000 personas este verano han pasado por sus salas».

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