Cultura YASMINA KHADRA, ESCRITOR ARGELINO

"Que tres escritores españoles, machos con bigote, firmen con un seudónimo femenino es mi victoria"

El novelista, ex comandante del ejército argelino, optó por tomar prestado el nombre de su esposa para protegerse de posibles represalias. Hoy sigue reivindicando aquella decisión mientras observa con incertidumbre el rumbo de su país

| SHARJAH (Enviado especial)

El escritor argelino Yasmina Khadra durante una entrevista con El Independiente en la feria del libro de Sharjah FRANCISCO CARRIÓN

Yasmina Khadra es un escritor infatigable. Publica novelas sin tregua en las que disecciona desde una violación en Marruecos hasta el horror de ser mujer en las calles de Kabul. Tiene la perseverancia de un soldado leal, en este caso, al oficio literario. Mohammed Moulessehoul, el hombre que se halla detrás de Khadra, se curtió durante más de 25 años en las filas del ejército argelino, en mitad de una sangrienta guerra civil. Colgó uniforme y botas en 2000 para dedicarse, en cuerpo y alma, a la escritura.

Más de 40 títulos, traducidos en 45 países, confirman el éxito de su pluma, el único arma que no ha depuesto. «Considero la literatura una revolución y los libros la mejor compañía del ser humano», dice Khadra en una entrevista con El Independiente en el marco de la feria del libro de Sharjah, la capital cultural de Emiratos Árabes Unidos. El argelino acaba de publicar en castellano La sal de todos los olvidos (Alianza editorial), una novela sobre un hombre errante que desciende a los infiernos en mitad del furor general por la independencia de Argelia.

Pregunta.- En su última novela, regresa a Argelia. ¿Es su país una fuente inagotable de historias?
Respuesta.- Considero que cualquier país es inagotable cuando se trata de literatura porque cada día cada persona es una historia en sí misma. Es por eso que un escritor tiene delante de él un vivero interminable, inestimable e inalterable.

P.- ¿Cómo observa hoy su país, definitivamente sin Abdelaziz Bouteflika?
R.- Es la primera vez en mi vida que experimento cierta indecisión. Cuando escribí mi primer libro siempre preví algo, la reconciliación o el fin de un régimen, pero hoy me hallo totalmente perdido porque no hay un discurso claro, una política clara y no hay ambiciones claras o un retroceso claro. Estamos en una confusión pluridisciplinaria. Y es por eso que estoy un poco preocupado pero, como soy un optimista incansable, sigo pensando que Argelia saldrá adelante con nosotros o sin nosotros.

P.- ¿Pero es capaz de intuir algo más de hacia dónde camina Argelia?
R.- Por el momento no, porque estamos en una especie de esquizofrenia generalizada, pero sé que este tiempo es un momento pasajero. Estamos en una confusión, como si estuviéramos en un periodo de incubación. Estamos, en realidad, sufriendo. Nos encontramos en un delirio, pero después de este delirio estoy seguro de que Argelia se levantará de nuevo.

P.- Este verano ha debido sentir cierto “déjà vu” por lo que sucedía en Afganistán. Usted escribió hace años “Las golondrinas de Kabul”, un texto muy duro sobre las mujeres afganas…
R.- No me gusta hacer de visionario porque me convierte en una especie de brujo. Prefiero sentirme como un observador. Cuando comprendemos las modalidades de los pueblos podemos saber hacia dónde van, incluso cuando la duda está ahí. La duda es buena porque nos hace humildes. Por ejemplo, en Afganistán, mucha gente me preguntaba si pensaba que la democracia iba a instalarse. Y yo decía que no, que en un año o dos los talibanes volverían porque ha sido Occidente el que ha querido ayudar y no lo ha hecho en realidad. En Afganistán han inyectado formas de libertad que no existen realmente en su cultura y en su mentalidad y, sobre todo, han puesto a gente que eran prevaricadores y no se puede construir nada con gente corrupta. Es imposible. Dos meses antes de la llegada de los talibanes, cuando empezaban a marchar hacia Kabul, había periodistas franceses que me habían preguntado si pensaba que iban a volver y yo les respondía: “ya están”.

«Argelia se halla en una especie de esquizofrenia generalizada, pero es un momento pasajero»

P.- ¿Es compatible la democracia con el islam?
R.- El gran problema es que Occidente no comprende o no quiere comprender es que el islam no tiene nada que ver con el islamismo. El islam es una religión y el islamismo es una ideología. No tiene nada que ver y en nuestra religión, el islam preconiza la democracia, porque propone que haya siempre un debate para intentar resolver los problemas. Eso es lo que dice el islam. Hay una interpretación errónea, peligrosa y malintencionada del islam. Los musulmanes son aquellos que están en todos los sitios, en España y en sus países, que hacen su trabajo, que intentan educar a sus hijos de la manera más normal del mundo, que participan en el auge de las naciones, que son cirujanos, dependientes, conductores de autobús, magos, escritores… No hay que caer en la trampa de la sedición. Tenemos que ser árbitros, tenemos que ser inteligentes. No tenemos que esperar que los medios nos digan lo que tenemos que comprender o no. Y somos responsables de nuestra actitud. Mañana, si hay una deriva generalizada, seremos todos responsables. No seremos las víctimas sino los verdaderos culpables. Los verdaderos instigadores de nuestra propia desaparición.

La primavera árabe no llegará nunca al verano. Fue fruto de un enfado en el que no había gente carismática ni una hoja de ruta

P.- Durante la última década el mundo árabe ha vivido la agitación de una insólita oleada de revueltas. ¿Es ése un material fértil para nuevas obras?
R.- No creo que escriba nuevas novelas sobre ese tema. La gente me ha odiado cada vez que he dicho que esa primavera no tendrá nunca un verano. Porque era más bien un enfado, no un programa revolucionario insurreccional y no estaba encarnado por gente carismática con una hoja de ruta y un proceso de sociedad claro. No había nada y, cuando solo hay enfado, falta lucidez.

P.- Precisamente esos levantamientos han quedado en nada. Los Estados profundos y los regímenes autocráticos han terminando prevaleciendo…
R.- Así es, pero hace años, cuando no décadas, que es siempre el mismo régimen el que gobierna todo el mundo árabe. Y en el Magreb, en el norte de África, los regímenes se han pasado toda la vida desfigurando conciencias, persiguiendo a la inteligencia y han conseguido inculcar en el pueblo que no hay mesías, que no hay salvador y que el único salvador es él. y es por eso que hoy la gente como yo, que quiere hacer algo son inmediatamente desfigurados o atacados y como el pueblo no ha seguido nunca el curso de su propia tragedia se cree todo lo que cuenta y es por eso que esta diabluras nos impide volver a la tierra. Pero todas esas fechorías terminan en una trampa. No es el bien que gana al mal sino que es el mal el que termina por caer en sus propios abusos. Y de esta manera no sabemos cómo llegará el final pero llegará y este pueblo podrá liberarse de una vez por todas. Porque nuestros responsables no son realmente responsables de lo que hacen, viven en una especie de euforia y en un delirio que los aleja de la verdad social y de las ambiciones de un pueblo. Muestran la desesperación de una élite. Están en un mundo y ven la nación en otro paralelo como un mundo virtual, cuando la verdad está del lado del pueblo y no del lado del gobierno.

«En el norte de África los regímenes se han pasado toda la vida desfigurando conciencias, persiguiendo a la inteligencia y han conseguido inculcar en el pueblo que el único salvador es él»

P.- Se ha metido en la piel de un dictador como Muamar Gadafi, una suicida palestina o un yihadista en el corazón de Francia. ¿Qué le queda por hacer?
R.- Me queda quizás meterme en la piel de un homosexual.

P.- Ya sabe que en España ha habido cierta polémica recientemente por “la salida del armario” de los tres hombres que escribían con el seudónimo femenino Carmen Mola. Usted tomó prestado el nombre de su esposa a modo de protección…
R.- Estoy orgulloso de haber influenciado a otros hombres a escoger seudónimos femeninos. Es fantástico. Y, además, en el mundo árabe hoy hay escritores que van a los platós y se lo agradecen a sus mujeres. Y eso no se había visto nunca antes. Desde que me puse el seudónimo femenino con el respeto que le debo a mi esposa, los árabes han comenzado a tener respeto por las mujeres y ésa es mi victoria. Y cuando veo a tres escritores españoles, machos con bigote, que firman con un seudónimo femenino, me digo: ésa es mi victoria. Hay que cambiar. ¡Vivan las mujeres! Hay que devolverles toda su soberanía en la sociedad.

Es mi doble cultura, occidental y árabe, la que me permite comprender lo que pasa por la cabeza de un español y por la nuestra

P.- ¿En qué trabaja?
R.- Mi próximo libro ya está terminado, pero mi editor no quiere que hable. Ocurre en Argelia a principios del siglo XXI. Es una historia genial, invito a mis lectores a comprarlo antes incluso de que salga. (risas)

P.- ¿Cómo le ha ayudado su pasado como comandante del ejército argelino en su creación literaria?
R.- No es mi experiencia militar lo que me permite, de pronto, explicar a la gente lo que pasa. Es más bien mi doble cultura, occidental y la de Argelia, árabe y amazigh. Todo eso es lo que me permite comprender mejor lo que pasa por la cabeza de un español o de un escandinavo y lo que pasa en nuestra cabeza. De este modo puedo acercar las mentalidades, porque no hay choque de civilizaciones. Solo existe un choque de culturas y es gracias a los escritores que se preocupan del futuro de la humanidad que estas mentalidades pueden mejorarse y pueden incluso acercarse y mezclarse y llevar al hombre a la madurez que esperamos. ¿Qué es la madurez? Es tomar conciencia de lo precioso de la vida; es querer vivir una vida plenamente; es ir hacia los otros, a la conquista de las mentes y no a la conquista de territorios o mercados. Ésa es la verdadera visión de la humanidad.

P.- Para un escritor comprometido como usted, ¿qué le suscita estar aquí, en un país como Emiratos, que tanto ha contribuido a la inestabilidad de la región alimentando los conflictos en Siria, Libia o Yemen?
R.- No tiene nada que ver. Ocurre en el mundo entero. He visitado Brasil y me han dicho que Brasil ha sido una dictadura. He estado en Argentina y me dicen que fueron narcotraficantes. Yo soy ciudadano del mundo y voy a reunirme con mis lectores, no con los gobernantes. Si me dicen de ir a Libia, yo iría. Si me dicen de ir a reunirme con el diablo iré. Quizás tendré la oportunidad de volverlo más sensato, pero lo que es seguro es que no podrá corromperme nunca.

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