Este sábado van a ondear las banderas blancas con la profesión de fe del Islam en negro del Emirato en Afganistán. Cantan victoria en Kabul los talibanes, mientras en Nueva York de nuevo se vive una jornada de luto. Júbilo entre los yihadistas internacionales y temor creciente en la comunidad internacional marcan este 11-S, la fecha fijada por el presidente de Estados Unidos para que no quedara un solo soldado americano en Afganistán. La retirada se ultimó a finales de agosto y en el 20 aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono los talibanes han vuelto al poder en Kabul.

Y de qué manera han regresado. Esta semana anunciaban su gobierno, que habían prometido «inclusivo». Realmente han incluido a los halcones, entre ellos el presidente, el mulá Mohamad Hasan Akhund, en la lista de terroristas de la ONU, o el ministro del Interior, Serajuddin Haqqani, jefe de la red Haqqani, buscado por el FBI.

Los talibanes han accedido al poder en Afganistán en colaboración con Al-Qaeda y con entidades relacionadas con Al Qaeda. Es decir, los miembros tanto de Al Qaeda central como de la rama territorial de Al Qaeda para el sur de Asia, han estado incorporados a las unidades de insurgencia de los talibanes, al menos en en la mitad de las provincias de Afganistán antes de que los talibanes consiguieran tomar Kabul.

«Los talibanes están estrechamente vinculados a Al Qaeda a través de la red Haqqani. En colaboración con Al Qaeda, la red Haqqani, ha estado implicada en la preparación y planificación de atentados en Europa», señala Fernando Reinares, investigador principal del Real Instituto Elcano y director del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global. «Afortunadamente esos planes pudieron ser desbaratados a tiempo».

«Los talibanes están estrechamente vinculados a Al Qaeda a través de la red Haqqani, que ha estado implicada en la preparación de atentados en Europa»

Fernando Reinares, Real Instituto Elcano

Si bien han aprendido claves de comunicación política, y ahora cuentan con portavoces que comparecen ante los medios internacionales, como es el caso de Zabihullah Mojadir, con el fin de lograr legitimidad ante la comunidad occidental, en esencia son los mismos dirigentes y defienden los mismos principios que hace 20 años. Cuando sucedieron los ataques del 11S estaban en el poder y daban cobijo a Osama bin Laden, lo que les hizo objetivo de la intervención militar de Estados Unidos, cuyo fin era la venganza por las casi 3.000 víctimas de los ataques y la captura del líder de Al Qaeda. No sería localizado y pulverizado hasta mayo de 2011, con Barack Obama en el poder.

Veinte años después del 11-S, Biden ha puesto en bandeja a los talibanes un mensaje de triunfo que alienta a otros grupos yihadistas»

pilar requena, autora de ‘afganistán’

«Veinte años después, Biden ha puesto en bandeja a los talibanes un mensaje de triunfo que alienta a otros grupos yihadistas. Es un error mayúsculo que quisiera llevar a cabo la retirada en torno a esa fecha simbólica para ellos. Exhibirán su triunfo», afirma la periodista Pilar Requena, autora de libro Afganistán, y experta en la zona.

Es el punto culminante de una retirada que ha resultado humillante para Estados Unidos y sus aliados. Fue Donald Trump quien pactó con los talibanes. No olvidemos que los términos de la salida tienen su firma: no más agresiones a cambio de un regreso ordenado. Pero los talibanes pueden responder, y con reparos por sus divisiones por si mismos, pero no por los otros grupos yihadistas. La prueba fue el atentado junto al aeropuerto de Kabul el pasado 26 de agosto en el que murieron 13 soldados estadounidenses.

Biden y su secretario de Estado, Antony Blinken, reiteraron que no se repetirían las imágenes de Vietnam, pero las de Kabul han sido incluso peores. Los estadounidenses custodiaban el aeropuerto para evacuar a los suyos y a sus colaboradores, y dar amparo a la salida del resto de las fuerzas internacionales, mientras los talibanes dominaban la ciudad desde que cayó en sus manos el 15 de agosto.

Miles de afganos que habían colaborado con los extranjeros pasaban días y noches a la espera de una plaza en los aviones militares para dejar el país. Pocas horas antes de la fecha marcada, el 31 de agosto, los talibanes recuperaban el control del aeropuerto. Qatar y Turquía ayudaron a ponerlo en marcha de nuevo.

Cómo responder a un 11-S bis

Son varias las lecciones que podemos extraer de la intervención, la ocupación y ahora la salida de Afganistán. ¿Nos demuestra el fracaso de la retirada que no las intervenciones militares no son la manera de responder a este tipo de atentados? La respuesta de Ahmed Rashid, autor de Los Talibán, es categórica. «»No hay otra manera de responder a unos atentados tan brutales como en las Torres Gemelas. La realidad es que no hay alternativas. Después de Vietnam también se dijo que no habría más intervenciones militares, pero en la práctica no hay otra manera de responder a un ataque así», añade Rashid.

No hay otra manera de responder a unos atentados tan brutales como los de las Torres Gemelas…. Después de Vietnam también se dijo que no habría más intervenciones»

ahmed rashid, experto paquistaní

Según Rashid, los talibanes no están interesados en realizar atentados como el de las Torres Gemelas. «Aprendieron la lección del 11S», señala. Sin embargo, el periodista paquistaní no descarta que el Estado Islámico vuelva a las andadas con atentados con lobos solitarios en Europa o contra intereses europeos.

Para Pilar Requena el desastre que ha supuesto la retirada no ha de confundirnos. «Lo que no se puede es empezar una intervención si no se van a poner los medios y recursos para llevarla a buen término. El modelo afgano, en lo referido a su componente cívico-militar, puede funcionar, pero no se puede imponer el modelo occidental a países que ni lo quieren ni lo entienden. Hay que trabajar con las estructuras tradicionales: en el caso de Afganistán con las Loga Yirgas».

Al Qaeda operó desde Afganistán para perpetrar los atentados del 11-S y de ahí que tanto Requena como Rashid consideren lógica la respuesta inicial. «El problema no es la intervención en sí, sino no llevarla a cabo como estaba planteada», apunta Requena.

Irak, en el origen del fracaso en Afganistán

La intervención en Afganistán fracasa cuando Estados Unidos desvía fondos para destinarlos a Irak. «EEUU decide irse a la guerra de Irak en 2003 y se desvían los recursos la intervención estaba condenada al fracaso. Pero de no haber sido así, no tendría por qué haber fracasado. Se desviaron recursos y atención», añade la reportera, que ha viajado a Afganistán y Pakistán en repetidas ocasiones.

En aquella época los talibanes habían sido controlados. Pero Estados Unidos ha de mantener dos operaciones muy complejas y muy costosas cuando decide intervenir contra el régimen de Sadam Husein, al que atribuye tener armas de destrucción masiva. Aquello fue el principio de un desastre en paralelo.

«Las ocupaciones militares de países como Irak y Afganistán son proyectos fallidos ya que los gobiernos occidentales no son capaces de comprender el complejo mosaico de cultura, religión, etnicidad e historia que conforman estos países y las regiones que los rodean», afirma Javed Ali, profesor asociado de Políticas Públicas en la Universidad de Michigan.

Un país en el abismo

Afganistán es un país especialmente complejo para las coordenadas occidentales. Está compuesto por múltiples etnias (pastunes, hazaras que son principalmente chíies, tayikos y uzbecos), de confesión musulmana pero con diferentes credos y con un fuerte componente rural. Hay un abismo entre esas comunidades rurales y una ciudad como Kabul, y los occidentales ahora, por ejemplo, solo sabemos y muy parcialmente lo que está sucediendo en la capital afgana.

Por ejemplo, los talibanes segregaron a las mujeres con una aplicación de la Sharia muy estricta en su mandato en los 90. Ahora dicen de cara a la galería internacional que no lo harán igual, si bien no permiten la educación mixta y no cuentan con mujeres en los puestos de poder. Pero las mujeres, tradicionalmente en Afganistán, están sometidas al varón. No pueden, por ejemplo, decidir si se les practica una cesárea o no en caso de un embarazo con dificultades.

En una sociedad así, castigada por sucesivas invasiones que han salido mal paradas, desde los británicos a los soviéticos, los occidentales pretendíamos imponer un sistema político basado en elecciones. Y a su vez, como denuncia Mònica Bernabé, periodista que ha vivido casi ocho años en Afganistán, de poco sirve dar lecciones de democracia si luego vas a colocar en puestos de poder a señores de la guerra. «Es como si después de la Segunda Guerra Mundial hubiéramos permitido que gobernara Hitler», suele repetir Bernabé, autora de Afganistán. Crónica de una ficción.

La victoria de los talibanes sirve como propaganda a los yihadistas de todo el mundo y catapulta al movimiento salafista y yihadista global»

stephanie fogett, the soufan group

Ahora preocupa especialmente que Afganistán se convierta en un paraíso para los yihadistas, un lugar seguro. «La victoria de los talibanes sirve como propaganda a los yihadistas de todo el mundo y catapulta al movimiento salafista y yihadista global. Un bastión territorial en Afganistán les da un territorio desde donde llevar a cabo operaciones, donde reclutar y entrenar», señala Stephanie Fogett, directora de Comunicaciones Globales de The Soufan Group, fundado por el ex agente del FBI Ali Soufan.

«Tratarán de reprimir por la fuerza, porque es lo que conocen bien, porque es lo que conocen bien, pero cuanta más fuerza apliquen, más contestación se encontrarán»

Ahmed Rashid, autor de ‘Los Talibán’

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Lo que estamos viendo estos días, cuando se ha dado a conocer el gobierno talibán, es una reacción en contra que sorprende ya que quienes salen a la calle a protestar se exponen a severos castigos. Primero fueron mujeres en Herat quienes salieron a las calles, luego en Kabul y luego se unieron hombres. Son una minoría pero no parecen dispuestas a ceder.

«Habrá focos de rebelión como en el Panjshir, y también protestas en las calles. Habrá reivindicaciones sociales, pero también por hambre porque la crisis económica es muy profunda. No veo que los talibanes puedan garantizar la estabilidad. Tratarán de reprimir por la fuerza, porque es lo que conocen bien, pero cuanta más fuerza apliquen, más contestación se encontrarán», señala Ahmed Rashid.

Si bien es cierto que estos 20 años no han impulsado el país hacia el progreso soñado, algunos sectores de la sociedad han aprendido que tienen derechos, que su vida va más allá de la mera supervivencia. Los talibanes no han cambiado, pero parte de la sociedad afgana ha dado unos pasos que no tienen marcha atrás. Ahora veremos hacia dónde Afganistán en esta nueva etapa.