Cultura

El arte de robar arte: cómo el 'ladrón de Kramer' se hizo con 2,2 millones en obras NFT

Imagen de la fusión entre tecnología y arte

Carmen Vivas

Robar arte nunca había sido tan fácil. Basta con un ordenador y la peripecia y conocimiento del universo de los NFT u obras digitales de criptoarte (non fungible tokens). Y es que lo que en 1911 fueron titulares de un italiano saliendo del Museo del Louvre con La Gioconda bajo el brazo, se ha convertido más de cien años después en una práctica de ‘phishing’, el ciberataques más temido del arte digital que quiere hacerse con nuestros datos personales y bancarios.

Es lo que le ha ocurrido al galerista estadounidense Todd Kramer, de la galería Ross + Kramer de Nueva York, una galería de arte contemporáneo especializada en exhibir obras de artistas emergentes: «¡Me han hackeado! Todos mis monos han desaparecido, los van a vender, por favor, ayúdenme», escribía en su cuenta de Twitter el coleccionista. Con lo de ‘monos’, Kramer se refería a ocho simios de la colección Bored Ape Yacht Club que formaban parte de su billetera de Ethereum -una tecnología que alberga dinero digital, pagos globales y aplicaciones-, de 15 NFT, valuados en cerca de 2,2 millones de dólares según los cálculos del medio especializado Cointelegraph.

El origen del hurto está en la interacción del neoyorkino con una página falsa creyendo que era la original, de modo, que los intrusos consiguieron suplantar su identidad y hacer compra-venta en su nombre. Fue así como consiguieron acceder a su ‘hot wallet’, una cartera digital que permite hacer distintas operaciones con las criptomonedas que posee el usuario, y hacerse con sus obras.

Pero este no es el único caso de robo de obras de arte digital en el último tiempo. Las denuncias por parte de varios coleccionistas sobre el supuesto hackeo de sus cuentas en plataformas líder de subastas en línea de arte digital para arte simbólico no fungible, abre el debate sobre lo que ocurre cuando se roba un NFT: «Este mercado ‘negro’ del arte digital lo admite hasta la propia plataforma afectada, que en su análisis detecta y confiesa que muchas de las obras robadas han sido después revendidas en redes como Twitter o Discord, con el objetivo de escapar de cualquier control posible», explica Sergio Carrasco, abogado especializado en derecho digital explica al portal Teknautas tras lo sucedido.

«Al parecer, Kramer hizo clic en un contrato de phishing que simulaba una aplicación descentralizada de NFT original, donde dio autorización para gastar tokens en su nombre. Los usuarios de Twitter se burlaron de la mala suerte de Kramer, señalando que lo ocurrido se debe a que es un sistema descentralizado y no regulado. Y tienen parte de razón, pero las nuevas formas de robo de arte no se limitan a engañar únicamente mediante ‘phishing’. Hoy, otro estilo que viene imponiéndose consiste en vender NFT de obras ajenas, y a precios a veces millonarios», añade.

Y es que pese a no ser más que un link o un contrato digital con tecnología blockchain que garantiza la propiedad y autenticidad de una obra, los non fungible tokens ya han dinamitado el mercado tradicional del arte y posicionado como el formato de moda entre las nuevas formas de creación que se expanden por la red. Tanto es así, que en 2021 se estimó que las ventas de NFT generaron más de 3.000 millones de euros y dispararon el mercado del arte digital un 280% desde 2019. Pero, ¿Cómo funciona esta tecnología en el arte?

Según Makersplace, uno de los distribuidores de arte digital más grande de Estados Unidos, estos vales no fungibles son vales digitales que acreditan que una pieza es exclusiva en su clase y, por lo tanto, su autor puede limitar su uso y copia, proteger su proveniencia y, lo que es más importante, resguardar su autenticidad en la red: «Las piezas en formato NFT contienen el archivo de la obra de arte digital, la firma del artista, el momento de creación y todas las transacciones posteriores relacionadas con la obra de arte (es decir, la procedencia). Toda esta información se puede encontrar en el contrato inteligente de una NFT», explican. Sin embargo, al mismo tiempo sostienen que «la propiedad original, la unicidad y la singularidad son difíciles de determinar en línea, lo que enturbia las aguas de cómo valorar con precisión las obras creadas en el ámbito digital. Esto ha dificultado que los artistas digitales establezcan y mantengan negocios creativos monetizados y provocado el robo de algunas obras».

La tecnología NFT nació en 2017 de la mano de Dapper Labs y sus CryptoKitties y, según el inversor español Pablo Rodríguez Fraile, uno de los mayores coleccionistas de este tipo de arte «refleja que el arte digital es tanto o más importante que el arte tradicional. Y por muchas razones, la comunidad tiene más apego y cercanía a estas obras. Es el principio de una transformación». Muestra de ello es que la primera obra de arte digital vendida bajo NFT -un archivo JPG creado por el artista Beeple– alcanzó el pasado 11 de marzo el récord de casi 70 millones de dólares en Christie’s, otra de las más grandes casas de subasta del mundo. Asimismo, Sotheby’s también logró en abril de 2021, recaudar casi 17 millones de dólares en su primera venta de arte bajo NFT.

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