Cultura

Álvaro Urquijo: "Un día mi padre vino a un concierto y dijo 'pues no lo hacéis mal'"

Los Secretos.

Con ellos, las entrevistas son conversaciones. Normalmente largas, pero nunca tediosas. Porque, en el fondo, siguen siendo los mismos enamorados de la música que compartían vinilos de los grandes del country rock, que es realmente el estilo que les vio nacer. Unos chicos que tuvieron que mantener «en secreto» que quedaban para ensayar y dejar los estudios, ahora baten récords con su gira.

Estoy en un bonito restaurante en el subsuelo de la plaza de Colón de Madrid, sentado con don Álvaro Urquijo y su fiel escudero a las guitarras Ramón Arroyo. Ellos dos vieron pasar a otros 9 seres musicales que ya no están con ellos en la banda, dos de ellos por la fuerza mayor del destino. Y uno de esos dos, Enrique Urquijo, sigue siendo el hueco sin llenar, la silla vacía, el aire que falta en cada canción. Desde que nos dejara (sin palabras y para siempre) en un portal de Malasaña, la figura del hermano de quien tengo delante no ha hecho más que acrecentar la leyenda de una de las bandas que más éxito está teniendo en vivo este año.

Pasamos un buen rato recordando sus actuaciones en mis programas, lo improvisadas de algunas ocasiones, las «peores plazas» en las que «torearon» y las mejores. Afortunadamente, ahora solamente hay de estas últimas. La edad dicen que no perdona, pero con ellos está haciendo una pequeña excepción.

Pregunta.- Supongo que en un pueblo con mar, una noche después de un concierto, ya no os espera detrás de la barra una mujer con ojos de gata…

Álvaro.- Preciosa canción, pero no. Aunque en el escenario nos sentimos cómodos y con vitalidad, es verdad que tanta carretera y más de 100 conciertos este año, cansan un poquito. Ha sido el año de más bolos de nuestra vida.

Pregunta.- Es evidente que, 23 años después, de alguna manera sigue presente Enrique en la banda. Incluso su leyenda seguro que contribuye a escucharos de otro modo. ¿Su ausencia ha podido hasta ayudaros en esta segunda etapa?

Ramón.- Qué va. Nunca sabremos las canciones que hubiéramos tenido con él. Nos hace falta. Héndrix murió tras haber sacado solamente tres discos, y nunca sabremos cómo hubieran sido estas décadas con su música. La misma sensación tengo con Enrique. Le necesitamos.

Álvaro.- Le seguimos dedicando cada concierto. A él y a la gente que viene a vernos, porque son quienes tienen todo el poder. ¿Quién decide lo que es un éxito? ¿Las discográficas? ¿Los managers? Al final es la gente la que te encumbra o te destierra de la música. Y les debemos todo.

P.- Le debeis mucho al público, y a mí canción favorita de vuestro repertorio, «Déjame». Álvaro, ¿qué recuerdas de cómo llegó al mundo?

A.- Enrique no componía mucho porque funcionaba por golpes de inspiración. Llegó un día a casa con la rueda de acordes. Vimos que aquello podía sonar muy bien y grabamos la maqueta con nuestro hermano Javier al bajo. Recuerdo perfectamente el momento en el que comencé a tocar el riff del principio y cuando decidimos que tenía que ser rápida, porque teníamos la creencia de que las canciones potentes del rock lo tenían que ser. Nos encontramos con una pieza de menos de tres minutos. Este era un tema importante, porque las discográficas normalmente obligaban a que los elepés fueran de más de media hora por cara. En nuestro caso, coló. Llevamos la maqueta a las radios, que es lo que se hacía entonces, y tuvo una buenísima acogida. Eso no gustó mucho a Enrique, que tenía la creencia de que ser comercial era venderse y perder esencia. Pero actuar en la «segunda cadena» y más tarde en «Aplauso» cambió nuestras vidas para siempre. Decían que estábamos serios, pero lo que estábamos es cortados. Imponía.

P.- Recuerdo perfectamente aquella actuación del programa de los sábados por la tarde. Me impresionaron los acordes, que luego se han ido moldeando a lo largo del tiempo en vuestras grandes canciones, que la gente seguro que se sabe en vuestros conciertos. Además del público, ¿qué ha cambiado en vuestras giras?

R.- Seguimos aprendiendo, fijándonos en la tecnología, incorporándola, tuneando un poquito algunas canciones, aprendiendo a conectarnos…

P.- ¿Aprendiendo a conectaros después de más de 40 años?

A.- … y más de tres mil conciertos. Claro, siempre puedes ir más allá en cada canción. La complicidad no tiene límites. Lo único que empieza a pesar un poco son los miles de kilómetros de carretera, pero seguimos ilusionados de hacer lo que nos gusta. Música.

P.- Álvaro, si tu padre Javier levantara la cabeza, seguro que estaría orgulloso de vuestra carrera. Y eso que a pesar de haber metido en casa la guitarra, arrancaba los cables del autorradio para que no escucharais música y os centrarais en los estudios. Enrique por lo visto era bueno en empresariales, Javier iba para médico, y tú estabas a gusto en periodismo…

A.- Por suerte hubo un día que se le rompió el coche a nuestro mánager, y tuvimos que pedir a mi padre el favor de llevarnos a un concierto. Se quedó a verlo, y no le disgustó. Dijo “pues no lo hacéis mal”. Me quedo con eso.

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