Cultura

El "primer novelista de América" que inspiró a Edgar Allan Poe y dejó de escribir por vergüenza

Carmen Vivas

Se le considera el primer escritor estadounidense, también el padre de la novela americana y uno de los impulsores del género gótico. Su obra fue un éxito en Estados Unidos y su influencia marcó a autores como Edgard Allan Poe o Mary Shelley. Hablamos de Charles Brockden Brown (1771-1810), el escritor que convirtió la vida americana en temática, su sueño en una tragedia y conquistó a los lectores de EE.UU.

Hijo de cuáqueros, fue el primero de su familia en decantarse por la literatura y dicen que "el primer ciudadano americano que lo hizo profesionalmente". "Hasta la aparición de Cooper (James Fenimore Cooper, autor de El último mohicano) fue el novelista más popular del país", asegura Miguel Cisneros Perales, traductor al español de la que se considera su mejor novela, Arthur Mervyn (o Memorias del año 1793), y que ahora acaba de publicarse en España por la editorial El Paseo.

'Arthur Mervyn' (El Paseo).

Una historia donde el protagonista es un joven que deja el campo para irse a la ciudad en busca de ese sueño americano y llega a la Filadelfia de 1793 con la peste devorándolo todo. "Arthur Mervyn, cándido, generoso, interesado, embaucador, misterioso, impulsivo y, al mismo tiempo, racionalista y pragmático, es el personaje absoluto de la novela, que es la historia de su transformación de muchacho de campo autodidacta a urbanita liberal hecho a sí mismo; encarnación, con bajada a los infiernos incluida, del mito estadounidense por antonomasia", explica Perales y la editorial asegura que esta novela es capaz de relatar de "forma sumamente original para la época, y de forma pionera, un arquetipo de la modernidad".

Y lo hace a través de Mervyn enlazando su historia "con subtramas en las que se tratan temas históricos como las epidemias y la enfermedad, las revoluciones estadounidense y francesa, la disputa por el control del Atlántico entre Inglaterra y Estados Unidos, el comercio de esclavos o la opresión de las mujeres", añaden sobre las posturas del autor y su llamativa conciencia social a finales del siglo XVIII.

"William Dunlap, en su Life of Charles Brockden Brown(1815), escribió que Brown fue de los primeros escritores en 'entender la necesidad de establecer una literatura para su propio país que explicara las nuevas costumbres y la economía política de los Estados Unidos de América'. Ciertamente, la novela, por los temas que trata, puede leerse como el origen de Estados Unidos, entendidos estos como nación y como mito", explica Cisneros.

Y añade que "su mérito", el del escritor, "radica en esta y sus otras tres novelas góticas: Wieland (1798), en la que combate el fanatismo sectario y cuyo personaje, Carwin, dicen que sirvió a Shelley para su FrankensteinOrmond or the secret witness (1799) y Edgar Huntly (1801)". Y asegura que fueron los pioneros de este género, los británicos William Godwin (padre de Mary Shelley) y Ann Radcliffe, los que más le arroparon y le dieron las bases en las que el luego introdujo, según Cisneros, "el escenario americano y su interés por la obsesión, la seducción, la locura y la crueldad. Aspectos le convirtieron en el precursor de Allan Poe".

Pero no sólo escribió novelas, en 1788 publicó Alcuin, un diálogo sobre los derechos de la mujer que aún está disponible en ediciones académicas. También escribió poesía, teatro, ensayos filosóficos y textos más cortos sobre religión, geografía, historia, economía y sexualidad.

Además, fundó distintas revistas literarias como The Monthly Magazine y American Review, en 1799; convirtiéndose en un actor fundamental para el movimiento literario de aquella época. También en amigo y confidente de otros grandes escritores, como refleja su amplia correspondencia no sólo con Godwin y Wollstonecraft, sino con Erasmus Darwin o Thomas Holcroft. "Llegaron a compararlo con Scott o Fieldeng; incluso en The Hall of Fantasy, aunque algo apartado, tiene su pequeño nicho", añade.

Pero para él aquel reconocimiento y el éxito de sus libros no fueron suficiente. Terminó su cuarta novela y a finales de 1800 soltó la pluma y se refugió, aunque nunca del todo, dentro del negocio familiar. Renunció a seguir escribiendo porque la vida que podía tener con la literatura era peor de lo que él deseaba. "En este momento gozaría de una mayor parte de mi propio respeto si nunca hubiera salido de mi pluma nada cuya producción pudiera atribuirse a mí", escribió años más tarde cuando ya se había asentado en Filadelfia y se había casado con Elizaeth Linn, hermana de un ministro presbiteriano.

Pero la verdad es que cambió un negocio por otro parecido, aunque estuvo trabajando algún tiempo con su hermano no tardó en hacer de editor de revistas, de escribir sobre cuestiones políticas, incluso algún pequeño relato. Quizá el cambio más importante sea el de su mentalidad y su posición política y social. Empezó a volverse más conservador y eso se reflejo en sus trabajos.

"Cambió su perspectiva filosófica, pasó de cuestionar la religión a ser un cristiano ortodoxo. Después de una adolescencia turbulenta en la que cuestionó y pareció repudiar su educación religiosa (reflejada en obras como Wieland), Brown comenzó a editar The Literary Magazine y American Register, una publicación semestral de reseñas de libros, ficción e informes gubernamentales y ensayos que abrazan la causa", aseguran desde la institución Charles Brockden Brown que trabaja para que su legado no se olvide.

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