Creó a Frankenstein. Dio vida al personaje, al medio hombre, y decidió que no lo firmaba. La gente asumió que el nombre que acompañaba al prólogo, el de Percy Bysshe Shelley, era también el del creador de la obra. Nadie pudo concebir que esta novela gótica llevaba la imaginación y el talento de una joven de 20 años que había asumido la vida como una aventura.

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