Henrik Fexeus sabe que su oficio despierta tanta fascinación como recelo. Mentalista, escritor y experto en comunicación no verbal, ha construido buena parte de su trayectoria explicando cómo interpretamos los gestos, la voz, las reacciones y los mecanismos emocionales que intervienen en cualquier conversación. Pero también conoce la tentación que acompaña a ese aprendizaje: la de utilizarlo para influir en los demás.
El autor de El arte de leer la mente (Planeta) escribió junto con Camilla Läckberg la exitosa trilogía de libros El mentalista. El autor admite que buena parte de sus lectores se acerca a sus libros movida por el deseo de ejercer control. Su propósito, sin embargo, es que esa inquietud inicial derive hacia la empatía, la colaboración y una comunicación más consciente. "Espero poder convertirlos", afirma. Fexeus sostiene que entender cómo se activan nuestras emociones permite reconocer cuándo alguien intenta dirigir nuestro comportamiento y recuperar margen para decidir de forma racional. “La comunicación no verbal parte de nuestro subconsciente o inconsciente, la investigación sobre esta comunicación no verbal en realidad es muy reciente, viene de unas dos décadas atrás, no más", afirma.
Pregunta. ¿Por qué cree que la gente lee su libro, buscan conectar, empatizar con otros o quieren controlarlos?
Respuesta. Para ser sincero, creo que mucha gente compra mis libros porque quiere tener el control, porque quiere aprender a controlar a otros. Pero espero que, después de leerlos, se den cuenta de que es mucho más eficaz y mejor desarrollar la empatía, la colaboración y la comunicación. Así que, en cierto modo, espero poder convertirlos.
También creo que hay otra razón para acercarse a estos libros. Cuando El arte de leer la mente se publicó por primera vez, los países donde tuvo más éxito fueron China, Rusia y Brasil, países donde la población tiene una historia de opresión. Probablemente, mucha gente también está interesada en entender cómo otros intentan controlar su comportamiento.
P. La comunicación no verbal parece decisiva en nuestras relaciones, pero no se enseña de una manera básica durante la formación escolar. ¿Por qué cree que ocurre?
R. Es una muy buena pregunta. No conozco la respuesta con certeza, pero creo que parte de ella está en que la comunicación no verbal no ha formado parte del conocimiento común. Es una parte de nuestro comportamiento subconsciente o inconsciente. La investigación sobre su importancia es relativamente reciente. Solo en las últimas décadas hemos empezado a comprender hasta qué punto resulta relevante.
P. A la hora de conectar con alguien, ¿pesa más la voz o el cuerpo?
R. Depende del contexto. Creo que ambos elementos son igual de importantes. La manera en que suenas y la manera en que te mueves forman parte de tu comportamiento.
P. En una época en la que el discurso público parece muy condicionado por la emoción, ¿qué puede aportar al lector conocer esos mecanismos?
R. Las emociones se despiertan muy rápido y, de alguna manera, se saltan la mente racional. De pronto sentimos una emoción y actuamos movidos por ella: compramos algo, odiamos algo o reaccionamos de cualquier otra forma.
Lo que espero enseñar es a identificar los estímulos que provocan esas emociones. Así, una persona puede darse cuenta de cuándo está siendo controlada emocionalmente. La emoción seguirá ahí, pero si sabes de dónde viene -si adviertes que alguien te ha hecho sentir de determinada manera- puedes decidir racionalmente si es una emoción adecuada o si se trata de algo inducido por otra persona. Y entonces decidir si actuar conforme a ella o no se convierte en una decisión racional.

P. ¿Son universales esas técnicas o las diferencias culturales obligan a interpretarlas con cautela?
R. Una parte importante de esta comunicación es universal, aunque también existen diferencias culturales. En este libro me he centrado en las técnicas universales; las cuestiones culturales serían, en cierto modo, materia para otro libro.
P. ¿Qué usos concretos le han contado sus lectores que dan a esos conocimientos?
R. Muchas personas los han aplicado en el trabajo: para conseguir un empleo, mejorar el entorno laboral o lograr que su jefe empezara a escucharles. Otros los han llevado a su vida privada, para evitar discusiones con su pareja o para encontrar una pareja.
También me sorprendió comprobar que personas dentro del espectro autista comenzaron a utilizar el libro como un manual. Incluso organizaciones de autismo en Suecia lo adoptaron como una herramienta para comprender y comunicarse mejor con otras personas.
P. En psicología social se explica que construimos nuestra propia imagen a partir de cómo nos ven los demás. ¿Cómo se ve a sí mismo un mentalista que está siempre pendiente de los otros?
R. Es una pregunta complicada. No sé exactamente cómo me veo a mí mismo. Intento verme como un padre y como un marido atento. Pero esa idea de que uno se define a través de cómo lo ven los demás cambia cuando te conviertes en una persona pública: la gente puede tener muchas ideas preconcebidas sobre ti sin haber llegado siquiera a conocerte.
Intento apartar eso y concentrarme en mi pequeño mundo, en las personas más cercanas: mis amigos y mi familia. Ellos no se sienten demasiado impresionados por nada de lo que hago, y creo que eso supone un buen baño de realidad.
P. Ni siquiera un mentalista lo tiene fácil para convencer a su hijo de que recoja la habitación.
R. Los niños son las personas más difíciles de convencer del mundo, porque las técnicas para convencer a alguien parten de que estás tratando con una persona racional, y los niños no son racionales. Es un desafío, aunque tengo algunos trucos.
P. ¿Todos podemos convertirnos, al menos un poco, en mentalistas?
R. Depende de cuánto trabajo quiera hacer cada uno. Todo lo que aparece en el libro son cosas que yo no sabía. Era muy malo en esto; de joven no tenía habilidades sociales, y eso fue lo que me llevó a interesarme por este campo.
Si yo pude aprender estas cosas y llegar a convertirme en mentalista, cualquiera puede aprenderlas. Otra cuestión es si alguien quiere subir a un escenario y actuar como yo. Pero todos pueden aprender lo que explico en mis libros.
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