Winston Churchill tuvo una relación de amor y odio con España.

Winston Churchill consintió a Franco por su no beligerancia en la II Guerra Mundial. Carmen Vivas

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La huella española de Churchill: de la guerra de Cuba a la España de Franco

Historia | Internacional

La huella española de Churchill: de la guerra de Cuba a la España de Franco

En Cuba Winston Churchill (Oxfordshire, 1874-1965 ) aprendió a los 21 años cómo es la guerra, aunque ya sabía que su destino era la política. A España le acerca su relación con el rey Alfonso XIII y su interés por preservar Gibraltar como reducto del debilitado Imperio Británico. Con el fin de garantizar la neutralidad de España en la Segunda Guerra Mundial, dejó hacer a Francisco Franco. El gran luchador contra Hitler optó por el apaciguamiento en el caso español.

“Winston Churchill tenía una complicada relación de amor y odio con España. Apreciaba al rey Alfonso XIII y por eso se opuso a la República. Luego se opuso a Franco porque era antifascista. Finalmente se aseguró de que España no cayera del lado de los nazis. Hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitarlo”. Es decir, acabó tolerando a Franco como mal menor. Nos lo confiesa Andrew Roberts, el historiador británico que acaba de publicar en nuestro país la mejor biografía en un volumen sobre el gran icono de la política del Reino Unido (Churchill. La biografía, editorial Crítica).

Winston Churchill tenía una relación de amor y odio con España. Apreciaba al rey Alfonso XIII y por eso se opuso a la República», dice Andrew Roberts

A lo largo de 1.302 páginas, Andrew Roberts (Londres, 1963) nos acerca a la dilatada y apasionante vida del primer ministro que llevó al Reino Unido a la victoria en la Segunda Guerra Mundial, escritor laureado con el Nobel de Literatura en 1953, combatiente con honores, un hombre que a los 16 años ya confesó a un amigo que estaba llamado a salvar al Reino Unido de una invasión extranjera.

Roberts profundiza en ese sentido del destino tan enraizado en Winston Churchill. De hecho, el subtítulo de la edición en inglés es “Walking with Destiny” (Caminando con el Destino).

“Si tuviera delante a Winston Churchill, le preguntaría de dónde le viene ese llamado del destino. Tengo mi propia teoría, que desentraño en el libro”, señala Andrew Roberts.

“Creo que le influyó su educación en Harrow. Allí los aleccionan en el sentido de la grandeza británica. Además, su padre, Randolph, era muy carismático y poderoso. No tenía tiempo para Winston. Tampoco su madre, Jennie, nacida en Estados Unidos, que se dedicaba a la vida social y a sus amantes. Su vida es un intento de lograr la aprobación de sus padres. Y le marca ser descendiente de los duques Marlborough. Esperaban de él algo grande”, explica en una entrevista con El Independiente Andrew Roberts, profesor visitante en el Departamento de Estudios Bélicos del King’s College de Londres e investigador visitante en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. 

Después de morir su padre, cuando Winston Churchill tenía 20 años, escribe: “Había pasado a ser fundamentalmente dueño de mi destino”. Una vez que el rey Jorge VI, padre de la actual reina, le encargó por primera vez formar gobierno el 10 de mayo de 1940, escribió: “Tuve la sensación de hallarme en sintonía con el destino y de que toda mi vida pasada no había sido sino un largo preparativo para esta hora y para esta prueba… Estaba seguro de que no iba a fracasar”.

Bautismo de fuego en Cuba

Winston Churchill descubre pronto que quiere dedicarse a la política. Pero antes cree que ha de experimentar la cruda realidad de la guerra. A su madre le confesó, tras las elecciones generales de 1895: “Es un juego muy interesante, este de la política, y vale la pena aguardar a que las cartas vengan bien dadas antes de meterse de lleno en ella».”

Lo que deseaba Churchill era hacerse un nombre como soldado para elevarse después a la categoría de estadista», afirma Roberts

En la academia de Sandhurst alcanza el grado de subteniente. El 1 de abril de 1895 es destinado al 4º Regimiento de Húsares de Su Majestad. Según expone Andrew Roberts en su biografía, “pese a que a Churchill le gustara el ejército, lo cierto es que para él fue siempre un simple medio con el que alcanzar un fin, puesto que lo que deseaba era hacerse un nombre como soldado para elevarse después a la categoría de gran estadista”.

En el verano de 1895, con diez semanas de permiso por delante, decide buscar un destino donde participar en una guerra. Apuesta por la guerra de Cuba. Un amigo de su padre, sir Henry Drummond-Wolff, entonces embajador británico en Madrid, le facilita la acreditación necesaria para empotrarse con la caballería española en Cuba.

Hace también sus pinitos como espía porque el coronel Edward Chapman, a cargo de la Inteligencia Militar, le encomienda que averigüe cómo es un proyectil que ensaya el ejército español.

Para hacer frente a los gastos de la expedición, consigue que el Daily Graphic le pague cinco guineas por artículo desde el frente. Años después se convertiría en el corresponsal de guerra mejor pagado del Reino Unido.

“La guerra de Cuba fue su primera experiencia como militar en activo y como corresponsal de guerra. Enviaba crónicas y así se financia la aventura. Va hasta allí gracias a sus contactos. Entonces era hijo de Randolph Churchill, que había sido una importante figura en el Partido Conservador”, explica David Sarias, profesor de Pensamiento Político y de los Movimientos Sociales en la Universidad San Pablo-CEU.

David Sarias fue comisario de la exposición Caminando con el destino. Churchill y España, y editor del volumen monográfico, de Cambrigde University, de esta muestra, que se exhibió en España en 2011. En 2018 el escritor y periodista Jimmy Burns fue el comisario de otra muestra con un enfoque similar, The bulldog and the bull (el bulldog y el toro).

La primera vez que entra en combate lo hace junto a soldados españoles. Para su sorpresa descubre cómo los españoles tenían el mismo afecto por su Imperio que los británicos por el suyo», dice David Sarias

“La primera vez que entra en combate lo hace junto a soldados españoles. Considera preparados a los efectivos de Caballería. Para su sorpresa, descubre en la Isla cómo los españoles tenían el mismo afecto por su Imperio que los británicos por el suyo. Es una experiencia formativa para él”, añade Sarias.

En Cuba conoció al general Arsenio Martínez Campos, gobernador general de la Isla, quien da luz verde para que vaya al frente, primero en tren hasta Sancti Spiritus y desde allí a caballo hasta el puesto avanzado de Arroyo Blanco.  Fue el 1 de diciembre de 1895, justo un día después de su 21 cumpleaños, cuando las balas pasaron tan cerca de él, que el caballo que iba a su lado recibió un disparo en las costillas.

“La bala que había herido a aquel potro castaño pasó a menos de 30 centímetros de mi cabeza. En cualquier caso, esto significaba que había vivido claramente mi ‘bautismo de fuego’”, escribe Winston Churchill, sobre aquella emboscada en el camino entre Arroyo Blanco y La Rete.

Ganó en Cuba su primera condecoración militar, la Cruz Roja de España al Mérito Militar de Primera Clase, una medalla de cortesía, que tardó en poder lucir por la oposición del gobierno británico.

Sobre su experiencia en Cuba, extrajo la conclusión de que Estados Unidos no debería inmiscuirse en la Isla. A su mentor, el senador estadounidense Bourke Cockran, se lo diría: “No os metáis en ese jardín”. Según explica Sarias, Churchill creía que “EEUU no tenía vocación imperial y que tendría que machacar primero a los españoles y luego a los cubanos si intervenía allí”. Iba a comprometerlos durante décadas.

La escapada a Cuba supuso su primera estancia fuera de Europa, su primera experiencia en el mundo de la inteligencia militar, como cronista y su primera acción bajo fuego hostil», puede leerse en Churchill

A Cuba Winston Churchill volvió en febrero de 1946, ya como ex primer ministro. Ocupó en el Hotel Nacional de La Habana el Apartamento de la República, reservado a los huéspedes oficiales más distinguidos. Entonces visitó la fábrica de puros Partagás. La marca Romeo y Julieta tiene una vitola con su nombre. En Pinar del Río le nombraron Hijo Predilecto.

Fue Lord Mountbatten quien hizo correr la leyenda de que al salir de Cuba en 1895, Churchill “llevaba pegadas a la piel las tres grandes predilecciones que habrían de acompañarle el resto de su vida: el servicio activo, la siesta y los habanos”.

Sin embargo, Andrew Roberts aclara en su biografía que Churchill ya fumaba puros antes de ese viaje y no fue hasta 1914 cuando descubrió el placer de las cabezadas después de comer.

“Sí que es cierto que la escapada (18 días) supuso su primera estancia fuera de Europa, su primera experiencia en el mundo de la inteligencia militar, la primera publicación de artículos en Inglaterra (que firmaba con las iniciales W.S.C.) y su primera acción bajo fuego hostil”, puede leerse en las páginas de Churchill. La biografía.

Antirepublicano por Alfonso XIII

Winston Churchill había conocido al rey Alfonso XIII en 1914. Juntos habían jugado al polo y al golf. En su obra Grandes contemporáneos, Churchill incluye a Alfonso XIII, a quien considera una «víctima de la propaganda de Moscú».

“A los hombres y a los reyes ha de juzgárseles por los momentos en que la vida les pone a prueba. Es acertado juzgar que el valor constituye la primera de las cualidades humanas, puesto que … es la virtud que garantiza todas las demás”, señala en este libro en referencia al bisabuelo del actual monarca español, derrocado en 1931.

Cuando se subleva una fracción del ejército español contra el gobierno del Frente Popular el 17 de julio de 1936, y estalla la guerra civil en España, Churchill se coloca del lado de los rebeldes. “La antipatía que le inspiraban los republicanos españoles se explica en parte por la favorable inclinación personal que le aproximaba a la figura de Alfonso XIII”, apunta Roberts en su libro.

Temo que una España comunista extendiera sus serpeantes tentáculos por las tierrras de Francia y Portugal», escribió Churchill en The Spanish Tragedy

Temía también que “una España comunista extendiera sus serpenteantes tentáculos por las tierras de Francia y Portugal”, como expuso Churchill en un artículo titulado The Spanish Tragedy, que publicó el Evening Standard el 10 de agosto de 1937.

En un primer momento considera que los sublevados son monárquicos, aristócratas, conservadores, militares, y anticomunistas como él. “Tiene la visión romántica decimonónica de la España del trabuco y piensa que los españoles necesitan mano dura”, señala David Sarias, que fue comisario de la exposición sobre España y Churchill en 2011.

Su hijo Randolph Churchill estuvo empotrado con las tropas nacionales como observador militar, lo mismo que él hiciera en Cuba. En 1937 tomaría cierta distancia al comprobar que se trataba de un movimiento falangista en línea con el fascismo de Mussolini en Italia y el nazismo de Hitler.

Aun así, Churchill, entonces diputado conservador, respaldó la política no intervencionista del gobierno de Chamberlain, “cuya inhibición era de carácter pragmático y estaba basada en la idea de no poner en peligro el peñón de Gibraltar y el crucial control del estrecho, ya que de ese modo la Marina Real Británica podía entrar y salir a sus anchas del Mar Mediterráneo”, según se lee en la biografía de Andrew Roberts.

Fue en al estallar la crisis de 1938 en Checoslovaquia cuando aceptó la necesidad de una alianza con la Unión Soviética para detener a Hitler. Sin embargo, otra cuestión era la guerra civil en España. Sabía que el Peñón no podía defenderse si era atacado por Alemania, Italia y España.

La aristocracia británica con Franco

Churchill coincidía con Franco en el anticomunismo. Como diputado conservador, con gran influencia en el partido, expuso su temor a que el comunismo se abriera paso por el sur de Europa si triunfaba en España. No era franquista, pero para los intereses británicos era un “mal menor”.

A su vez, Franco desplegó una eficaz campaña de propaganda entre la clase alta británica, a la que pertenecía Winston Churchill. “Fueron clave Luis Bolín Bidwell y el Duque de Alba, embajador en Londres”, señala David Sarias.

Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó era primo lejano de Churchill y fue el primer embajador designado por Franco en el Reino Unido. Luis Bolín Bidwell, que ayudó a que se alquilara el Dragon Rapide, en el que viajaría Franco de Canarias a Marruecos para orquestar la sublevación militar contra el Frente Popular, era corresponsal de ABC en la capital británica.

Fueron clave en Londres el periodista Luis Bolín y el Duque de Alba, emparentado con Churchill y primer embajador de Franco en el Reino Unido», señala Sarias

Estos contactos ayudan a que Franco no se viera entre la clase dirigente conservadora y los aristócratas británicas como un líder asimilable a Mussolini o a Hitler.

En la Segunda Guerra Mundial, las estrechas relaciones entre Churchill y el Duque de Alba, a quien llamaba primo y que presumía de ofrecer la mejor comida de la capital británica en la legación española, facilitaron las relaciones con el general Franco. Era un dictador, que cometió tropelías brutales ya en plena posguerra, pero Churchill fue benevolente resultó favorable a la defensa de los intereses británicos.

Gibraltar: Operación Caballería de San Jorge

La neutralidad de España en la Segunda Guerra Mundial era especialmente codiciada por los británicos. La clave es Gibraltar.

“De esta manera, Winston Churchill se aseguró de que España no cayera en el lado de los nazis. Hizo todo lo que tenía a su alcance para evitarlo hasta sobornar a generales leales a Franco. Si los alemanes controlaban el Mediterráneo desde Gibraltar, sería letal para los británicos. Hitler presionó a Franco pero Franco no cedió”, nos comenta Andrew Roberts.

Para conseguir esa codiciada neutralidad española la diplomacia no era suficiente. Hubo que aportar dinero, es decir, recurrir a los sobornos. Así se montó la conocida como Operación Caballería de San Jorge, de la que se supieron detalles cuando se desclasificaron los archivos británicos en 2013.

Si ganamos la guerra, el debate sobre Gibraltar no será fructífero; si perdemos, su interlocución no será necesaria. Ceder Gibraltar solo serviría para mostrar debilidad», dijo Churchill a Lord Halifax en 1940

En junio de 1940 Franco cambió su posición sobre la Segunda Guerra Mundial de “neutralidad” a “no beligerancia”. Lord Halifax sugirió a Churchill el 21 de junio de 1940 entregar Gibraltar a Franco a cambio de la neutralidad española.

Pero el primer ministro fue tajante: “Si ganamos, el debate sobre esa cuestión no será fructífero; si perdemos, su interlocución no será necesaria. Solo servirá para mostrar debilidad y falta de confianza en nuestra victoria, con lo que estaremos dándoles alas”.

Samuel Hoare, que llegó a Madrid como embajador en el verano de 1940, tenía el objetivo primordial de evitar que España se inclinara en la Segunda Guerra Mundial a favor de las potencias del Eje. También fue clave el agregado naval Alan Hillgarth, y su conexión española fue el banquero Juan March.

El historiador español Ángel Viñas revela los detalles en su libro Sobornos, de cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco. Según explicó Viñas a BBC Mundo, “los ingleses contactaron con Juan March (en realidad, creo que él sugirió la idea), que tenía muy buenos contactos con la dictadura y había apoyado a Franco. March enlaza con una serie de generales, ministros y con el hermano de Franco, a quienes ofrece enormes cantidades de dinero (sin desvelar su origen) si convencen a Franco de que no hay que entrar en guerra al lado del Eje”.

Cuando los militares franquistas pidieron más dinero, Churchill apuntó con tinta roja en el informe: Sí, por supuesto. W.S.C.»

En el volumen de Andrew Roberts, se especifica cómo Churchill autorizó, por ejemplo, al capitán Alan Hillgarth, agente secreto al servicio de Su Majestad, a sobornar con 100.000 libras esterlinas en metálico (más de cinco millones en la actualidad) a cuenta de los campos de golf del litoral. “Cuando los militares franquistas pidieron más dinero, Churchill apuntó con tinta roja en el informe: “Sí, por supuesto. W.S.C”.

Según Viñas, varios generales, dos ministros, el titular del Ejército, José Enrique Varle, y el de Gobernación, el coronel Valentín Galarza, y el hermano de Franco estuvieron a sueldo de los británicos.

Los pagos no se hicieron hasta que se confirmó que España no iba a entrar en la guerra, hasta 1944. Calcula Viñas que el monto total ascendió a unos 6,5 millones de libras de esa fecha, lo que equivaldría a unos 1.000 millones de euros actuales.

Esta decisión de Franco de mantenerse fuera de la guerra llevó a Churchill a reconocer: “Yo consideré siempre que España rindió entonces un servicio no sólo al Reino Unido, al Imperio Británico y a la Commonwealth, sino a la causa de las Naciones Unidas. Por ello no simpatizo con quienes creen inteligente, e incluso gracioso, insultar y ofender al gobierno de España en cualquier ocasión”.

Nada dijo durante toda su vida de cómo el Imperio británico había pagado a los franquistas por esa no beligerancia.

Según recuerda Roberts, «los estadounidenses estaban dispuestos a desestabilizar al régimen del general Franco en España, pero Churchill se oponía a esta idea. Tenía la sensación de que Franco, pesea ser un fascista, era también anticomunista, y había observado una encomiable postura neutral en el peligroso periodo de 1940 a 1942».

Roberts señala que de alguna manera Churchill ayudó a que Franco se mantuviera en el poder durante décadas, aunque no cree que los estadounidenses estuvieran realmente dispuestos a propiciar otro conflicto fratricida en España o a intervenir militarmente.

Alianza contra Moscú

En la Conferencia de Potsdam, el líder soviético, Iosif Stalin, pidió que examinaran «la cuestión del régimen de España… impuesto por Alemania e Italia y que entraña un grave peligro para las naciones amantes de la libertad».

Franco me propuso una alianza de Occidente contra Rusia. Le envié una respuesta fría. Los sentimientos de Gran Bretaña con contrarios a su régimen»

Pese a que Churchill reconoció que el Gobierno británico estaba disgustado «por el hecho de que hayan sacado a los prisioneros que llevan años en las cárceles y les hayan fusilado por lo que hicieron mucho tiempo antes. España no es una democracia de acuerdo con las ideas británicas».

Entonces se refiere Churchill a una carta de Franco. «Me propuso una alianza de Occidente contra Rusia. Le envié una respuesta fría. Los sentimientos de Gran Bretaña son contrarios a su régimen».

Confiado en que este anticomunismo de Churchill, podía ser la base para conformar una alianza contra Stalin, el dictador escribió esa misiva al primer ministro británico en octubre de 1944, nueve meses antes de la Conferencia de Potsdam, según ha publicado el diario ABC.

En esa misiva, Franco se refiere a «la grave situación de Europa, y el papel que en el futuro están llamados a tener Inglaterra y España para el concierto del occidente europeo». Y añade: «Como no podemos creer en la buena fe de la Rusia comunista y conocemos el poder insidioso del bolchevismo, tenemos que considerar que la destrucción o debilitamiento de sus vecinos acrecentará enormemente su ambición y su poder…» Así subraya cómo convendría a las dos naciones «estrechar las relaciones y hacer una acción futura en común».

En su respuesta Churchill aclara al dictador que al Reino Unido le une «una relación de amistad con Rusia» y deja claro que su país «no está dispuesto a considerar ninguna agrupación de potencias en Europa occidental, o en cualquier otro punto, basada en la hostilidad con nuestros aliados rusos».

En el comunicado de la conferencia de Potsdam, Churchill, Stalin y Truman anuncian su veto a la admisión de España en la recién creada organización de las Naciones Unidas. Subrayan que el gobierno de Franco, establecido con el respaldo de las potencias del Eje, «no posee en razón de sus orígenes, de su naturaleza, de sus antecedentes y de su estrecha asociación con los Estados agresores, los títulos necesarios para justificar su entrada».

El gobierno franquista atribuye a «campañas calumniadoras» este rechazo del Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Soviética.

A finales de los 50, Churchill disfrutó de España como un turista privilegiado. Gracias a la generosidad del magnate griego Aristóteles Onassis viajó por Andalucía, y también estuvo Barcelona, Mallorca y las Islas Canarias. El bulldog siempre se sintió atraído por el toro.