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Historia

Juana I, la 'loca' confinada

Juana I «la Loca» (Toledo, 6/11/1479 – Tordesillas, Valladolid, 12/4/1555), fue la más trágica de las reinas de España, y tercera hija de los Reyes Católicos tras Isabel (1471) y Juan (1478). Pese a no estar la primera en la línea de sucesión, Juana se convertiría en la heredera al trono tras el fallecimiento de sus hermanos.

Después de conseguir la unidad peninsular, completar la Reconquista y descubrir América, Fernando e Isabel aglutinaron un poder que les enemistó con la Francia del siglo XV. Para combatir a este nuevo enemigo, los Reyes Católicos pusieron en marcha una política de alianzas matrimoniales con Portugal (donde reinaron Isabel y María), con Inglaterra (adonde se envió a Catalina, la más pequeña) y con el ducado de Borgoña, casa vinculada a la de Austria, con la que concertaron los matrimonios de sus hijos Juan y Juana, con los archiduques de Austria y Felipe el Hermoso.

Tras la muerte de Isabel la Católica, Juana fue nombrada reina de Castilla, y en 1506 junto su marido Felipe «el Hermoso», emprendieron un viaje en barco rumbo a España, travesía en la que la monarca española exigió que no hubiera ninguna mujer más a bordo. Sin embargo, Felipe no quería embarcar sin su séquito y consiguió que viajaran de forma clandestina.

Esta sería una de las primeras ocasiones en las que Felipe ocultó unos actos a su mujer, que ya mostraba signos de desequilibrio emocional, motivado por unos celos excesivos. Finalmente, Juana descubriría la cohorte femenina, y obligó a que desembarcaran todas antes que ella, en el puerto de La Coruña.

En una época en la que la endogamia y los matrimonios por conveniencia entre la realeza estaba a la orden del día, parecía que los celos no podrían tener cabida en una relación basada en un «flechazo». Sin embargo, Juana había constatado en su infancia, los celos de su madre Isabel, que tendía a rodearse de mujeres que ella consideraba feas y castas.

Poco después de pisar tierra española, Felipe el Hermoso fallece repentinamente en Burgos, en septiembre de 1506, víctima probablemente de una pulmonía, tras jugar al juego de pelota. En el poco tiempo que duró su enfermedad, recibió los cuidados de su fiel esposa Juana, que no abandonaba ni un segundo su lecho, según cuenta un cronista flamenco anónimo contemporáneo.

Una vez fallecido Felipe el Hermoso, este fue enterrado en la burgalesa Cartuja de Miraflores, sin embargo la reina ordenó abrir hasta en dos ocasiones el ataúd para comprobar que el cadáver seguía dentro. Posteriormente, decidió que su esposo fuera enterrado en Granada, como era su deseo antes de morir.

Proceden a desenterrarlo y, en pleno invierno castellano, peregrina por la noche a la luz de las antorchas, pues afirmaba que «una mujer honesta, después de haber perdido a su marido, que es su sol, debe huir de la luz del día». Este viaje duró nada menos que ocho meses, con la reina embarazada de su hija Catalina, futura reina de Portugal.

De este modo, Juana quedó viuda a los 26 años, edad en que la mayoría de los reyes gobernaban de forma prácticamente absoluta. Sin embargo, ¿por qué no gobierna? El cardenal Cisneros, ante las muestras de inestabilidad mental de Juana, esperaba hacerse cargo de la regencia, para lo que necesitaba la firma de la reina.

Sin embargo no la pudo obtener, a lo que Cisneros reaccionó diciendo que: «Arrastra una vida desdichada, gozándose en la oscuridad y en el retiro, con la mano en la barbilla y cerrada la boca como si fuera muda. No gusta del trato con nadie y mucho menos con mujeres a las que odia y aparta de sí como hacía en vida de su marido, sin que haya manera de convencerla de que ponga una firma o redacte unas líneas para el gobierno del Estado».

En agosto de 1507, Fernando el Católico se entrevista con su hija, y la convence para volver a tomar el gobierno de Castilla, y en febrero de 1509, ordena encerrar a Juana en una casona-palacio de Tordesillas. La que iba a convertirse en reina, quedará allí confinada hasta su muerte en 1555.

La mayoría de datos que se conocen del confinamiento de Juana, están sacados de la correspondencia entre uno de sus «carceleros», el marqués de Denia, y un Carlos I de España y V de Alemania, que subió al trono tras la muerte de su abuelo Fernando. En estas cartas quedan por escrito sus alucinaciones, como la obsesión de Juana con un gato gigantesco y peligroso, que había matado a su padres y que iba a ir a por ella.

En 1525 su hija Catalina abandona Tordesillas para convertirse en reina de Portugal. En señal de protesta, la reina Juana se pasa dos días sin comer ni hablar. Estos comportamientos se repetirían en más de una ocasión, además de que se negaba a recibir asistencia médica.

Al proceso de deterioro mental, se unirá el fisico, por lo que en 1555 y a los 76 años, la reina tiene las piernas edematosas y ulceradas. Apenas puede moverse porque las heridas que tiene en su cuerpo se le infectan, le sube la fiebre y aparecen vómitos hasta que muere entre gritos de dolor.

Llegaba a su fin una vida marcada por uno de los confinamientos más largos de la historia de España, y que en palabras del cronista anónimo flamenco antes mencionado, había tenido como motivo de existencia, el sufrimiento.

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