“Estamos en el fin del mundo para los romanos, el Muro de Adriano, la frontera norte en Britania. Venir aquí hasta este lugar, en mitad de las brumas y la niebla, podía ser para un legionario uno de los destinos menos deseados”, cuenta Santiago Posteguillo a El Independiente. Hasta este remoto lugar de Inglaterra, en el Parque Nacional de Northumberland, al que no querían viajar los romanos, se ha desplazado el autor para impulsar el lanzamiento de Y Julia retó a los dioses

El lugar no decepciona, un territorio difícil como destaca en su novela, pero que merece la pena visitar si repite el éxito de Yo, Julia, la novela con la que ganó el premio Planeta 2018 -el segundo libro más vendido de ese año- y con la que ha alcanzado ya a 4.000.000 de lectores en su décima edición. 

“El muro de Adriano no era un muro sin más, había fortificaciones e impedimentos para que el enemigo no pudiera atacar al muro con facilidad, había fosos a un lado y otro y nuevas fortificaciones para que no pudieran romper la frontera. El muro se hizo de piedra porque en esta zona no había arbolado suficiente como en otras zonas del imperio romano donde las fortificaciones estaban hechas de madera que por ese motivo no se han conservado”, explica el autor mientras caminamos por el muro. Ahora las zonas en donde se conservan partes de esta construcción que ocupaba 140 kilómetros de longitud apenas son altas. Pero en su momento llegaba a tener una altura de cinco metros por algunos tramos.

Por mucho que los ingleses y los escoceses digan que no, Britania fue conquistada completamente por los romanos

“Cuando Adriano [76-138] llega al poder retoma la idea de Augusto [27 a.c. 14 d.c.] de no expandir más el imperio y reforzar las fronteras. En su viaje a Britania tuvo la idea de fortalecer esta frontera y establecer esta construcción en torno al año 122. El lado sur del muro de Adriano estaba más romanizado y controlado con respecto a la parte norte donde estaban las tribus de pictos que no estaban tan sometidas a Roma y que de hecho atacaban el muro”, explica el autor.

“Por mucho que los ingleses y los escoceses digan que no, Britania fue conquistada completamente por los romanos, pero les costó. El primer emperador en llegar a la isla fue Julio César y lo hizo un poco para advertir a los bárbaros de que si atacaban al imperio el Canal de la Mancha no les iba a parar. Pero fue Claudio, el emperador recreado por Robert Graves y en el que me he inspirado para hacer Yo, Julia y  Y Julia retó a los dioses, el que establece una conquista del sur de Britania consolidada, pero no llega al norte. Será Antonino Pio el que subió hasta el norte y estableció otro muro, el conocido como muro Antonino”.

Septimio Severo el marido de Julia Domna viajó a Britania para retomar el control de la zona pues los pictos habían atacado al imperio. “Severo usa esta campaña para unir a la familia ya que sus hijos estaban muy enfrentados y usa así la guerra con los pictos para que sus hijos estén unidos en el enfrentamiento”. Algo que Severo no conseguirá y morirá en Britania augurando un mal futuro en la relación de sus hijos. “Julia entrará en Britania como esposa de un emperador pero volverá a Roma como madre de dos emperadores, al fallecer su esposo. En ese momento Julia se convierte en un mujer todavía más influyente porque aunque los gobernadores son ellos, de facto, la influencia de ella se incrementa”, destaca Posteguillo.

En esta novela el autor de Planeta destaca que “mantenerse en lo alto es más complicado que llegar, eso es lo que le pasará a Julia, llega al poder en Yo, Julia, pero en esta novela vamos a ver cómo las divisiones y las traiciones familiares es lo que van a hacer que mantenerse en el poder sea mucho más difícil”. Posteguillo reconoce que es una novela que va sobre los límites, “hasta donde respetarlos y donde sobrepasarlos”, más allá del límite geográfico del muro de Adriano la novela se centra en los límites morales “qué es lo que puede hacer por mantenerse en el poder y Julia se ve obligada a cruzarlos”. 

Santiago Posteguillo en el muro de Adriano. Carlos Ruiz B.K.

Una mujer con los mandos de Roma

Posteguillo entiende que extender las fronteras va a en la línea de cualquier imperio, “para los emperadores extender sus fronteras era una forma de extender su control político militar de las instituciones romanas”. Y esa ambición política tenía un beneficio en los ciudadanos que vivían estas extensiones como algo muy bueno pues los que disponían de la ciudadanía romana se beneficiaban de ello. “Había más flujo de riqueza, de productos, de recursos naturales e incluso de esclavos”. 

En este sentido las guerras internas dentro del seno de la familia imperial se vivían “con inquietud y los senadores con más inquietud y con interés de intervenir en ellas ya que estos enfrentamientos entre los hermanos de la familia imperial puede terminar en una guerra civil, en un conflicto brutal”.

Por eso la figura de Julia es clave en este periodo para evitar conflictos entre sus hijos Geta y Caracalla. “Hay más mujeres que intervienen en la vida política de Roma, pero Julia es sin duda un ejemplo destacado en la medida en que concentró una gran cantidad de poder, como se puede ver en la novela hay momentos en los que la persona que controla el poder es Julia, porque su hijo está en una campaña militar y la que decide qué cartas de qué senadores llegan hasta su hijo el emperador Caracalla. Es decir, la que está tomando decisiones sobre el imperio romano es ella, una mujer”, concluye.