Si estás entre el 50% de los adultos que padece hipertensión, probablemente te preguntes qué pueden hacer por ti el salmón y las espinacas. La respuesta es que mucho y que no solo ellos, sino todos los productos que son fuente natural de vitamina D y K. Lo dice un reciente estudio de la Universidad Libre de Amsterdam y lo recuerda la Fundación Española del Corazón con motivo del Día Internacional de la Hipertensión que se celebra el 17 de mayo.

Este estudio concluye que la combinación de bajos niveles de estas dos vitaminas se asocia a un incremento de la presión arterial y aumentaría un 62% el riesgo de padecer hipertensión. Una dolencia a la que no se suele prestar suficiente atención (un tercio ni siquiera está diagnosticado) pero que es un factor clave de riesgo para las enfermedades cardiovasculares y por ello la Organización Mundial de la Salud (OMS) la califica de “enfermedad letal, silenciosa e invisible, que rara vez provoca síntomas en las primeras etapas y en muchos casos no se diagnostica”.

La OMS califica la hipertensión de “enfermedad letal, silenciosa e invisible”

Para obtener la suficiente vitamina D – que además ayuda al cuerpo a absorber el calcio, hay que tomar pescados grasos (atún, salmón y caballa). Para conseguir dar al cuerpo la cantidad necesaria de vitamina K, por su parte, hay que tomar verduras de hoja verde (espinaca, brócoli, col…) y especias como curry o pimentón, que ayudarán al cuerpo a producir proteínas que ayudan a coagular la sangre y formar huesos y tejidos.

Para evitar la hipertensión y con ella las enfermedades cardiovasculares que pueden terminar en infartos o accidentes cardiovasculares también conviene mantener buenos hábitos de ejercicio, evitar el tabaco y controlar la ingesta de sal, que en España sigue siendo el doble de la recomendada por la OMS (11 frente a cinco gramos al día).

Se considera que alguien padece hipertensión si su tensión arterial sistólica es igual o mayor a 140 mientras que la diastólica es igual o mayor a 90. El problema de la hipertensión es que puede no producir síntomas hasta años después de su aparición, por lo que se hace fundamental la prevención y el control.