Los cigarrillos electrónicos dividen a los expertos. Mientras algunos consideran que debería promoverse su uso como una herramienta más en la lucha contra el tabaquismo – que cada año deja 52.000 muertes en España – otros no ven las garantías suficientes de seguridad en estos dispositivos.

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ)  ha celebrado el 3 de junio su 50º congreso anual en el que ha tratado, en forma de debate, los pros y contras de los cigarrillos electrónicos. Partiendo de la base de que no es un producto inocuo, la cuestión es si puede ser eficaz para disminuir el número de fumadores, que aún representan el 20% de la población, según los datos del Ministerio de Sanidad.

El principal problema que ve Carlos Jiménez, neumólogo y director del programa de investigación en tabaquismo de Separ, es la falta de estudios científicos con suficiente base que demuestren que los cigarrillos no son tóxicos. “Hay algunos en marcha en Francia, Reino Unido y Estados Unidos pero de momento los que hay tienen deficiencias metodológicas que nos impiden ver sus posibles efectos adversos, afirma Jiménez.

Coincide en la falta de estudios acreditados Ricardo Polosa, director del Instituto de Medicina Interna e Inmunología Clínica de la Universidad de Catania (Italia) y responsable del Centro Universitario para la Investigación del Tabaco, que sin embargo apuesta por “evitar la criminalización de los cigarrillos electrónicos” y “empezar a aprovechar su uso como herramienta contra el tabaquismo”.

Los argumentos de Polosa se basan en dos aspectos fundamentales: “El vapor del cigarrillo electrónico es 20 veces menos tóxico que el del tabaco y mientras en los cigarrillos hay unos 7.000 elementos tóxicos, en los cigarrillos electrónicos hay unos 12”. “La cuestión no es si tiene menos tóxicos, sino que los médicos no podemos recomendar algo que sea ‘menos’ tóxico. Algo que encima es muy novedoso y de lo que desconocemos sus consecuencias a medio y largo plazo”, contrapone Jiménez.

Jiménez incide, además, en los problemas de seguridad de los cigarrillos electrónicos, que según un estudio de la Agencia Internacional contra el Cáncer  liberan sustancias cancerígenas en el vapor. Polosa considera que dichas investigaciones “no se han realizado con cantidades de uso normal del producto, sino sometido a sobredosis y sobrecalentamiento”.

Si en algo coinciden los autores es en la necesidad de aumentar esos estudios tanto en cantidad como en calidad, algo que podría haberse conseguido ya de haberse cumplido las reivindicaciones de la Separ en su momento. “Nosotros pedimos que los cigarrillos electrónicos fueran considerados medicamentos. Entonces su comercialización hubiera estado precedida de estudios válidos. Pero cayó en manos de la industria tabaquera, lo que sin duda es malo pues a la industria no le va a interesar hacer esos estudios”, afirma el médico de la Separ.

Tanto Jiménez como Polosa esperan que pronto haya suficientes “estudios independientes que confirmen que los cigarrillos no son tóxicos. Sería una buenísima noticia”, insiste Jiménez.