Quienes tienen más de 30 años seguramente recuerden cuando en el colegio se paraban las tareas porque tocaba test de inteligencia. Una especie de examen, cuatro o cinco hojas dentro de una carpeta, y una nota: un número (el cociente intelectual) que decía cómo de inteligente eras.

Antes la inteligencia se medía con un test del que salía un único número, el cociente intelectual

La inteligencia se entendía como una capacidad unitaria, cognitiva e inamovible. Es decir, que se podía evaluar de forma única (con un número), que afectaba sólo a los conocimientos y que venía de serie y no se podía desarrollar. O eras inteligente o no lo eras.

Sin embargo, ser inteligente ya no es lo que era. Lo dijo por primera vez Howard Gardner en 1983 cuando enunció su teoría de las inteligencias múltiples y psicólogos como Begoña Ibarrola en España llevan más de dos décadas trabajando en ello. “En los ochenta yo trabajaba con chicos con discapacidad intelectual y me daba cuenta de cómo en algunos aspectos eran más ‘torpes’ pero en otros podían rendir más incluso que yo. Por eso cuando descubrí la teoría de Gardner encontré justo lo que estaba buscando sin saberlo”, explica Begoña Ibarrola, que acaba de publicar Genial Mente, un libro que busca identificar y potenciar las inteligencias múltiples en los niños.

Cada vez más colegios buscan adaptar de forma transversal la teoría de las inteligencias múltiples”

Y es que aunque la teoría no es nueva, la práctica no está del todo extendida. “En el sistema educativo hay mucha variación, aunque cada vez más colegios buscan adaptar de forma transversal la teoría de las inteligencias múltiples”, reconoce Ibarrola, aún hay mucho trabajo por hacer.

Porque la inteligencia ha de entenderse, según esta teoría, como un potencial a desarrollar más que con una cualidad. Ahora se sabe que hay muchas formas de ser inteligente y que no solo residen en el conocimiento, sino también en el plano emocional. Además, se conoce también que tiene un carácter cultural, es decir, las sociedades tienen distintas formas de entender la inteligencia.

Autoestima, felicidad y orientación profesional

“Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su capacidad para trepar un árbol, va a vivir toda su vida pensando que es un estúpido”. Esta frase resume lo que puede ocurrir si tratamos de evaluar la inteligencia o las capacidades de un niño a través de un simple número.

Si un niño no tiene inteligencia verbal, no tiene sentido que sea abogado», afirma Ibarrola

“Lo primero que conseguimos si desarrollamos las inteligencias múltiples de los niños es reforzar su autoestima”, explica Ibarrola. “Además, los niños así se sienten más valorados y consiguen un mayor bienestar y felicidad, y son más capaces de asumir sus dificultades también”, continúa la psicóloga, que asegura que a través de estas prácticas se puede también ver y dirigir mejor la orientación profesional de los pequeños. “Si un niño no tiene inteligencia verbal, no tiene sentido que sea abogado. El niño será mucho más feliz si puede diseñar un itinerario de formación más creativo y, sobre todo, más realista”, asegura Ibarrola.

Según la experta, ya en niños de tres años se pueden empezar a evaluar sus orientaciones profesionales: “Sin ser determinista, pero Gardner realizó un experimento a través de las escuelas infantiles espectrum en las que se proporcionaban a los niños distintos rincones de juego libre. Y al cabo de dos años de observación les daban a los padres una orientación profesional para los niños”.

Las nueve inteligencias

Los niños pueden ser buenos en una o varias de estas inteligencias. Todo el mundo es inteligente en mayor o menor medida en cada una de estas inteligencias, como describe Ibarrola en su libro.

  • Lógico-matemática: facilidad para solucionar problemas abstractos
  • Lingüístico-verbal: habilidad para hablar y escribir bien y comprender la capacidad simbólica de las palabras.
  • Visual-espacial: capacidad para realizar creaciones visuales, orientarse y girar figuras en el espacio.
  • Musical: capacidad para crear y analizar música.
  • Interpersonal: habilidad para reconocer y responder a sentimientos y personalidades de otros.
  • Intrapersonal: capacidad para autoevaluarse uno mismo y controlar el pensamiento propio.
  • Naturalista: habilidad para observar y comprender el entorno
  • Corporal-kinestésica: capacidad para hacer actividades que requieran fuerza, velocidad, equilibrio o coordinación.

Genial Mente propone a los niños (de seis a ocho años) 48 retos para que puedan descubrir y potenciar sus inteligencias. Contar su olor favorito, leer un cuento con la voz del hada y luego la del villano, goplpear el libro como si fuera una batería e incluso pegar un moco en una de las hojas son algunas de estas pruebas que, “de forma transgresora y divertida quieren ayudar a los padres”. “El objetivo es apoyar a los padres y ayudarles a que no se desanimen, porque a veces sin querer las familias se enfocan en corregir lo que se hace mal, con la mejor intención, pero también hay que potenciar y celebrar las habilidades”, explica Ibarrola.

El genio que protagoniza los retos sirve a los niños para autoevaluarse y que “descubran su propia realidad”. “El libro pretende dar pistas a los padres a los que también ayudamos en una web para que lo tengan más fácil para identificar y potenciar las habilidades de sus hijos”.