Cada día, seis personas que fallecen donan sus órganos. En un día, también, se producen 14 trasplantes de órganos o tejidos. Son las cifras de la mayor potencia mundial en donación y trasplantes, un título que España lleva ostentando desde hace 26 años.

Las cifras, además, crecen y mucho. En los últimos tres años, la tasa de donantes ha aumentado un 30%, hasta los 46,9 donantes por millón de habitantes. Una cifra que duplica con creces la media europea (de 21,9) y supera la de Estados Unidos (30,8). El incremento del último trienio ha sido el mayor de la historia, aunque se miramos a la fundación de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), en 1989, la cifra era de apenas un tercio de la actual, 14,3 donantes por cada millón de habitantes.

El récord de 2017 también incluye un total 109.553 trasplantes (también se incluyen aquí los de tejidos) y que España vuelve a ser el único país del mundo con más de 100 enfermos trasplantados por cada millón de habitantes, en concreto 113.

Por comunidades autónomas se dan cifras muy variadas, aunque desde la ONT han querido destacar que en cualquier caso superan las de los países del entorno. Para explicar las diferencias, Beatriz Domínguez-Gil, directora general de la ONT, ha afirmado que las causas son fundamentalmente epidemiológicas (por el distinto grado de envejecimiento).

Sin embargo, no todos los trasplantes que se producen en una región corresponden a habitantes de la misma. En concreto, el 21,9% de los trasplantes se realizan con órganos procedentes de una comunidad autónoma distinta a la que realiza la intervención.

Actualmente en España hay 188 hospitales autorizados para donación y 43 para trasplantes, 10 de ellos para intervenciones pediátricas. “También hay un flujo importante de pacientes que van a otras regiones a ser intervenidos. En el caso del trasplante renal son un 9% de los pacientes pero en otros casos, como el pulmón, hay sólo siete centros autorizados por lo que el porcentaje es mucho mayor”, ha apuntado Domínguez-Gil.

El desequilibrio se debe principalmente, en palabras de Domínguez-Gil, al mayor o menor porcentaje de centros hospitalarios autorizados en cada comunidad autónoma.

¿Cómo han cambiado los trasplantes desde 1989?

Además del enorme aumento de donantes, que se ha triplicado, ha cambiado el perfil del donante. “Afortunadamente ya no es un joven fallecido en accidente de tráfico, sino alguien más mayor que ha sufrido un accidente cerebrovascular”, ha destacado Domínguez-Gil. El porcentaje de donantes fallecidos en accidente de tráfico bajó del 43% de 1992 al 4,2% el año pasado.

Mientras que los menores de 45 años suponían en el año 2000 el 40% de los donantes, en 2017 son el 15%. También ha aumentado drásticamente el número de donantes mayores de 70 años, que pasó del 12,3% en 2000 al 30% en 2017.

La edad máxima de los donantes da una prueba de cómo se ha ido adaptando y mejorando el sistema de donaciones, ya que se ha conseguido trasplantar un hígado de un donante de 94 años, un riñón de una persona de 90 o el pulmón de un anciano de 86 años. En el caso del corazón el récord de veteranía de un donante está en 79 años y para el páncreas en 55.

Trasplantes totales por órganos

Hasta el inicio de 2018, los hospitales españoles han realizado un total de 68.856 trasplantes de riñón, 26.152 trasplantes de hígado y 8.123 de corazón. En cuarto lugar por número están los 4.451 trasplantes de pulmón, los 1.836 de páncreas y 135 de intestino.

En cuanto a los realizados en 2017, se batió un récord en trasplante de riñón (3.269), en los hepáticos (1.247) y pulmonar (363). Respecto a los de corazón fueron 304 y 70 de páncreas.

Otro de los avances que está haciendo España en su gestión de los trasplantes es el aumento de la donación en asistolia (en parada cardíaca), normalmente más reducida que la donación en muerte cerebral (la razón es que para una donación en asistolia, al parar el corazón y dejar de bombear oxígeno a los órganos, la decisión de los familiares tiene que ser muy rápida, lo que dificulta que pueda realizarse frente a la donación en muerte cerebral, cuando los familiares pueden pensar con calma). Sin embargo, la donación en asistolia representa ya el 26% de las donaciones y ha aumentado exponencialmente en los últimos cuatro años.

Respecto a la disposición de los familiares a donar el órgano del recién fallecido, las cifras también son muy positivas. La tasa de negativa en 2017 fue del 12,9%, frente al 15,7% del año pasado y muy alejada del 27,6% que se daba en 1992.

El reto de los trasplantes infantiles

Si algo ensombrece los resultados en cuanto a donación y trasplantes son las cifras infantiles. “La tasa de trasplantes infantiles es más reducida de lo que queremos pero estamos trabajando para ir mejorándola”, ha explicado la directora de la ONT. La causa de unas cifras peores que en adultos está “en la escasez de órganos disponibles”, ha achacado, lo que se ha traducido también en un aumento de la lista de espera a diciembre de 2017 mayor que la del año anterior (de 58 a 74 personas). Una cifra que contrasta aún más si se compara con el descenso de la lista de adultos, que consiguió pasar de los 5.480 a los 4.896 personas en 2016.

Para tratar de avanzar en los trasplantes pediátricos, la ONT está trabajando en “cooperación internacional con países del sur de Europa” y en conseguir “trasplantes cardíacos con incompatibilidad del grupo sanguíneo, según ha destacado Domínguez-Gil.

Objetivos: “Plan 50×22”

Los objetivos de España, según ha explicado en la presentación la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat, son alcanzar los 50 donantes por millón de población en 2022 y también ese año los 5.500 trasplantes de órganos. “Estoy convencida de que cerraremos 2018 con un nuevo récord”, ha vaticinado la ministra.

Otro de los objetivos que tiene el área para este año, según ha explicado Domínguez-Gil, es poner en marcha la baja laboral equiparable a la de maternidad para los donantes vivos y conseguir así fomentar este tipo de trasplantes, que llevan tres años en descenso. Algo que, no obstante, la directora de la ONT achaca a la “mayor disponibilidad de órganos de donante fallecido”.