// TODO: Revisar qué hace the_post_thumbnail_creditos Las enfermedades mentales infantiles, a la sombra de un estigma.

Las enfermedades mentales infantiles, a la sombra de un estigma.

Vida Sana

El repunte de las enfermedades mentales infantiles alarma a los especialistas

Aún hay un estigma sobre este tipo de enfermedades, que incluso los padres tienen dificultades para aceptar

Después de cinco tratamientos fallidos de fecundación in vitro, Mª Ángeles y su marido decidieron apostar por la adopción. En aquel momento, hace casi una década, Ucrania era de los pocos países donde era factible una adopción relativamente rápida. Sin embargo, nadie les avisó del caos que iban a vivir. La realidad no se correspondía con el escenario idílico que les habían planteado desde España. “La sensación al llegar al orfanato no la puedo explicar. Había más de 200 niños pero no se oían llantos ni risas. Había un absoluto silencio”, cuenta Mª Ángeles, que cuenta que una vez allí supieron que si hacían demasiadas preguntas o ponían pegas, se volvían a España sin niño y sin los 48.000 euros invertidos.

En el orfanato había más de 200 niños pero no se oían llantos ni risas. Había un absoluto silencio”

Así, se decidieron por Nacho. Un niño de tres años y medio al que vieron movido y nervioso, aunque menos que los que estaban a su alrededor. “Parecía que tenía un año y medio. Apenas hablaba, no sabía subir escaleras, ni lo que era un libro. Ni siquiera sabía jugar”, recuerda la madre de Nacho, que reconoce que el primer año sufrió una depresión. “Como había gastado gran parte de la baja maternal en ir a recogerlo, tuvimos que llevarlo muy pronto al colegio y fue un shock. Nacho no sabía comportarse. En el colegio se quejaban, las otras madres se quejaban… no sabíamos qué hacer”.

Ahí empezó un periplo que llevó a Mª Ángeles a la Inspección de Educación y a distintos hospitales de la Comunidad de Madrid hasta que consiguió un diagnóstico certero sobre la situación de Nacho. El pequeño, que ahora tiene 12 años, tiene problemas de salud mental, en concreto un trastorno del vínculo que se une a un trastorno por déficit de atención (TDAH) y una discapacidad intelectual leve.

Un problema en aumento

La historia de Nacho es, salvando las distancias, la de cada vez más niños en España. Porque los trastornos de salud mental entre niños y adolescentes no hacen más que aumentar desde hace unos años. En concreto, en la Comunidad de Madrid los servicios de atención de salud mental pediátrica están desbordados. “En los últimos años las camas disponibles se han incrementado un 20% y aún así están llenas. De hecho, se concertó con una entidad privada una derivación de pacientes de los hospitales de Niño Jesús y Gregorio Marañón, los dos que actualmente tienen unidad de hospitalización para niños y adolescentes en la región”, explica Celso Arango, director del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente.

Las camas se han incrementado un 20% en los últimos años y aún así están llenas”, dice un psiquiatra

Aunque no hay estudios recientes, distintos estudios han cifrado entre el siete y el 25% los menores que reúnen criterios para un diagnóstico psiquiátrico. Otros hablan del 10% para los chicos y el 6% para las niñas entre los cinco y 10 años, cifras que se elevan al 13 y 10% entre los 11 y 15 años.

Arango, responsable de coordinación del Libro Blanco sobre la Psiquiatría del Niño y del Adolescente, explica que la situación ha aumentado en todas las comunidades, aunque la incidencia es muy desigual. No todas las regiones aportaron los datos para este informe de 2014, pero donde sí lo hicieron la mayor prevalencia de consultas externas por problemas infantiles de salud mental se dieron en Cataluña y Navarra y en Castilla y León, Navarra, Cataluña, Extremadura y Madrid fue donde más se recibió a nuevos pacientes.

En cuanto a ingresos por trastornos de salud mental, Cataluña, Navarra, Madrid y País Vasco vuelven a ser las regiones con un mayor ratio, mientras que Galicia y La Rioja se sitúan en el extremo contrario. “La depresión, los trastornos de personalidad y obsesivo compulsivos son las causas más frecuentes de hospitalización, por el riesgo de suicidio”, explica Arango.

En el Centro de Rehabilitación Médico Psicopedagógico Dionisia Plaza, donde acude Nacho, corroboran la situación. “En los últimos años han aumentado mucho los casos”, apunta  Belinda Manzano, psiquiatra infantojuvenil, “de hecho hemos tenido que incorporar a más profesionales para poder atender la demanda”. En el Dionisia Plaza, un 30% de los niños tienen problemas de salud mental (el resto son enfermedades raras y trastornos neurológicos).

¿Qué hay detrás de este aumento?

Aunque no hay estudios que hayan podido determinar las causas de este aumento, la palabra crisis aparece en las explicaciones de los especialistas. “Los menores son testigos silentes y los problemas familiares les han generado muchos trastornos de ansiedad o problemas de sueño, entre otros”, indica Arango, que apunta también a otros factores como “el efecto contagio de las conductas autodestructivas a través de internet y las redes sociales, como el ciberbullying, las invitaciones al suicidio y el ocultamiento de trastornos, además del mal uso de las tecnologías que subyace”, añade.

María Rueda, profesora de Psicología de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) cree que, además de la crisis, se están produciendo “avances en diagnóstico precoz y una mayor sensibilidad y menor estigma de este tipo de trastornos”, aunque reconoce que el estrés generado por circunstancias como la crisis contribuye a favorecer la vulnerabilidad a ciertos trastornos, que si no podrían permanecer latentes.

Para Manzano, sin embargo, “en los últimos años se ha relajado la educación a la vez que se fomentaba la sobreprotección, ha habido un aumento de familias desestructuradas y unos niños que cada vez pasan más tiempo solos. Son ingredientes que pueden desencadenar trastornos que quizás de otra manera no aparecerían”.

No es fantasía, es delirio

El primer problema cuando aparece uno de estos trastornos es que tarda en diagnosticarse. “Se les suele tachar de niños maleducados desde el entorno y a los propios padres les cuesta mucho creer que su hijo esté enfermo. Creen que es un niño malo y confunden hasta los delirios con fantasías de niños”, asegura Manzano. Para ver el problema, subraya Rueda, “es imprescindible tener un canal de comunicación con los niños. Dedicarles tiempo y atenderles es la única forma de saber qué les pasa”.

En los hermanos pequeños, el diagnóstico suele hacerse antes que en los primerizos

Arango ofrece también algunas pistas para detectar los problemas mentales, dependiendo de la tipología. “Si son patologías de nacimiento, lo importante es estar atentos a los hitos del desarrollo evolutivo. El mes en que tiene que aparecer la sonrisa, el movimiento… esto perjudica a los primerizos y favorece que su diagnóstico se dilate más que cuando son hermanos pequeños”, explica el jefe de Servicio de Psiquiatría del Niño y Adolescente del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, “cuando son problemas sobrevenidos, la clave está en el cambio. Que haya un antes y un después en cosas que el niño hacía. Si antes le gustaba el colegio y ya no, si se reía viendo películas y ahora no, si ha desaparecido algún comportamiento que era habitual… hay que estar atento y lo primero es contárselo al pediatra. Él es quién hará una primera evaluación y derivará al especialista”.

La importancia del diagnóstico precoz

Esta detección temprana es fundamental en problemas de salud mental, ya que determinará la contención de otros trastornos más graves o las capacidades de desarrollo que el niño pueda alcanzar. “Muchos de estos problemas llevan asociado un trastorno de aprendizaje, y en esos casos lo que no se consigue antes de los 12 años, luego es muy difícil”, explica Manzano. La media de edad de los niños con problemas de salud mental que llegan a Dionisia Plaza es de unos ocho años. “Con este tratamiento precoz prevenimos trastornos de personalidad, otras enfermedades mentales y que se conviertan en delincuentes. Les ayudamos a que puedan cursar estudios o tener un trabajo en el futuro”, asegura la psiquiatra del centro.

En Dionisia Plaza evitan al máximo tratar a los niños con fármacos y fundamentan su trabajo en la psicoterapia. Hasta siete profesionales diferentes (psiquiatra, neurólogo, psicólogo, psicopedagogo, logopeda, médico rehabilitador o fisioterapeuta) atienden a los niños de forma coordinada. “Lo más satisfactorio es conseguir que controlen sus emociones y su conducta”, explica Manzano mientras recuerda, junto al director del centro, Enrique Plaza, que cuando llegó, Nacho no era capaz de estar un minuto concentrado en una actividad. “Al poco de llegar, me pidió el móvil y lo lanzó contra la pared”, recuerda Plaza, que celebra los avances de Nacho, que actualmente está muy controlado y ha ganado en concentración y empatía. “Este cambio de Nacho me ha permitido volver a sentirme madre”, añade Mª Ángeles, que confiesa que hasta su entorno más cercano les dio de lado por los problemas del niño, “no soportaban su conducta y nos aislamos socialmente”.

El cerebro de los niños, al ser más flexible, es más receptivo a la psicoterapia y son menos necesarios los fármacos

“Con los mayores siempre es necesario utilizar fármacos, pero con los niños tratamos de aprovechar que su cerebro aún es flexible y está en desarrollo, y conseguimos grandes cosas”, cuenta Manzano mientras abre la puerta de la “sala de contención”, el único lugar del centro que recuerda a lo que identificamos de las películas con un centro para personas con trastornos mentales. Es una habitación con las paredes de corcho y una cama con sujecciones en donde los niños pasan algunos minutos hasta que consiguen relajarse cuando tienen algún brote de agresividad. “A veces hacen falta hasta siete personas para controlar a un niño. Cuando ocurre esto, a veces es necesario llevarlos a esta sala y dejarlos unos minutos hasta que se controlan. La sala cuenta con una cámara con la que vemos que no le está ocurriendo nada malo”, explica la psiquiatra.

La prevención, la asignatura pendiente

Ante este incremento, la única forma de invertir la tendencia es la prevención. “La prevención tiene muchas patas, pero en España es una asignatura pendiente. Programas de prevención como los que tenemos en el Gregorio Marañón no los hay ni en tres hospitales de España”, explica Arango.

Una de las primeras es la atención a hijos de personas con trastornos mentales graves. “Siete de cada 10 hijos de enfermos mentales desarrollará la enfermedad también”, afirma Arango. En su hospital, el seguimiento se extiende también a los nacidos de bajo peso (menos de un kilo) en la unidad de psiquiatría perinatal. “También hay que prevenir conductas como el acoso escolar, el maltrato, el consumo de sustancias y los embarazos de riesgo”, añade el psiquiatra.

“En España, las decisiones se fundamentan en política en lugar de en datos. En Reino Unido, al contrario, se han realizado estudios que han confirmado que la prevención en salud mental es coste-eficiente y se han establecido como obligatorias las unidades de intervención temprana en psicosis. Así, han demostrado ser efectivas respecto al índice de suicidios, de ingresos hospitalarios e impacto en la calidad de vida”, concluye Arango.

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