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Cómo castigar a un niño y que aprenda con ello

La educadora y socióloga Alba Castellví ofrece en su libro de cuentos 'Una cesta de cerezas' pautas para que los padres puedan educar de forma más efectiva en conceptos básicos para el desarrollo de los niños.

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Cómo castigar a un niño y que aprenda con ello
El castigo tiene que ser una solución compensatoria a la fechoría realizada, según la experta Alba Castellví.

Cómo castigar a un niño y que sirva para algo. EP

Resumen:

"Es una duda que tenemos todos los padres, cómo cómo debemos castigar, si lo estamos haciendo bien,si será proporcionado..." afirma Alba Castellví, educadora y socióloga experta en asesoramiento a padres que acaba de publicar Una cesta de cerezas, Quitar la tablet no es, para la experta, una forma válida para educar - a no ser que la fechoría haya tenido que ver con el dispositivo. "Hay que buscar siempre una solución compensatoria. Actúan bien los padres cuyos castigos son consecuencias lógicas a la travesura y no arbitrarias. Porque esa es la única manera de que el niño pueda entender el porqué de las cosas, viviendo sus consecuencias". "Los padres tendemos a solucionar los problemas de nuestros hijos para facilitarles la vida, pero no os damos cuenta que en la medida en que les resolvemos los problemas estamos evitando que pongan en juego sus habilidades. Somos serviles cuando lo importante es darles las técnicas y herramientas necesarias para que desarrollen su autonomía", explica la educadora. Pelar la fruta, o aprender a hacer solos cualquier otra actividad es una oportunidad para que los padres puedan fomentar la autonomía de sus hijos pero también transmitirles otro gran valor, el del esfuerzo. "Los padres tienen que entender y transmitir a los niños que todo en la vida implica un esfuerzo y animarles a ello", explica la autora. Y ese esfuerzo es la clave para conseguir otro de los objetivos que Castellví se ha propuesto transmitir en el libro, el refuerzo de la autoestima. "La autoestima es importantísima para que los niños se sientan seguros, perono se puede fomentar de forma gratuita, felicitándoles porque sí o diciéndoles qué buenos y guapos son. Hay que reforzarla con fundamento, la alabanza debe ser por un esfuerzo que hayan realizado o algo que hayan conseguido trabajándoselo", continúa Castellví.

Uno de los temas que traen de cabeza a los padres es cómo castigar a sus hijos y, sobre todo, cómo conseguir que el niño aprenda algo de ello. «Es una duda que tenemos todos los padres, cómo cómo debemos castigar, si lo estamos haciendo bien,si será proporcionado…» afirma Alba Castellví, educadora y socióloga experta en asesoramiento a padres que acaba de publicar Una cesta de cerezas, un libro de cuentos en los que quiere enseñar a padres e hijos, de forma práctica, pautas para educar de forma más efectiva.

Quitar la tablet no es, para la experta, una forma válida para educar – a no ser que la fechoría haya tenido que ver con el dispositivo. «Hay que buscar siempre una solución compensatoria. Actúan bien los padres cuyos castigos son consecuencias lógicas a la travesura y no arbitrarias. Porque esa es la única manera de que el niño pueda entender el porqué de las cosas, viviendo sus consecuencias».

Otra de las razones por las que la experta no recomienda los castigos en los que se vean involucradas tablets u otros dispositivos es por el peligro que entraña el «ocio electrónico». «Hay que controlarlo mucho para no convertir a nuestro hijo en un niño rata, que se sólo piensa en las pantallas y se olvida incluso de jugar», explica Castellví.

Padres serenos, tranquilos y firmes

En una sociedad en la que los padres cada vez disponen de menos tiempo para estar con los niños, para Castellví la clave para ser efectivos es mantener una actitud «serena, tranquila y firme» y «tener claro que mandan ellos». Esto, que puede parecer difícil, es fácil, afirma la autora, «si se tiene una estrategia de cómo llevarlo a cabo. Educar no funciona con magia, sino con estrategia», añade.

Fomentar la autonomía de los niños es otro de los objetivos que plantea Una cesta de cerezas y que se explica en un sencillo cuento en el que un niño tiene que aprender a pelarse la fruta. «Los padres tendemos a solucionar los problemas de nuestros hijos para facilitarles la vida, por ejemplo pelándoles la fruta, pero no os damos cuenta que en la medida en que les resolvemos los problemas estamos evitando que pongan en juego sus habilidades. Somos serviles cuando lo importante es darles las técnicas y herramientas necesarias para que desarrollen su autonomía», explica la educadora.

Pelar la fruta, o aprender a hacer solos cualquier otra actividad es una oportunidad para que los padres puedan fomentar la autonomía de sus hijos pero también transmitirles otro gran valor, el del esfuerzo. «Los padres tienen que entender y transmitir a los niños que todo en la vida implica un esfuerzo y animarles a ello», explica la autora.

«La autoestima no se puede fomentar de forma gratuita, felicitándoles porque sí o diciéndoles qué buenos y guapos son»

Y ese esfuerzo es la clave para conseguir otro de los objetivos que Castellví se ha propuesto transmitir en el libro, el refuerzo de la autoestima. «La autoestima es importantísima para que los niños se sientan seguros, pero hay que tener cuidado. La autoestima no se puede fomentar de forma gratuita, felicitándoles porque sí o diciéndoles qué buenos y guapos son. Hay que reforzarla con fundamento, la alabanza debe ser por un esfuerzo que hayan realizado o algo que hayan conseguido trabajándoselo», continúa Castellví, «no hay que compararlos con otros niños pero sí con ellos mismos en momentos anteriores para que vean su propia evolución».

Las rabietas y la importancia de decir «no»

La tolerancia a la frustración es otra de las habilidades que más cuesta transmitir a los niños, que a ciertas edades son más débiles a las típicas rabietas. «Es comprensible que muchas veces es difícil ceder, porque estamos cansados, ocupados o en un sitio público, pero conceder al niño algo que ha pedido a través de una pataleta es muy mala política, porque aprenderá que esa actitud sirve para algo», afirma Castellví, que en su cuento dibuja un niño que, ante un deseo que no se cumple, empieza a sentirse como si un cocodrilo se despertase dentro de él.

«Un truco para las rabietas es recoger, con papel y boli, la demanda del niño y apuntarla para cuando se pueda en otro momento»

«Los padres deben, sea como sea, mantener la calma y un truco es recoger, con papel y boli, la demanda del niño y apuntarla para cuando se pueda en otro momento. Esto ayudará al niño a soportar mejor la frustración», añade la socióloga, que ha enfocado sus consejos en forma de cuentos para tratar que padres e hijos puedan «reflexionar juntos y disfrutar a la vez que se aprende a crecer en libertad y responsabilidad».

El libro, editado por Planeta, está orientado a niños de tres a 11 años y recoge unos consejos y preguntas al final de cada cuento para ayudar a los padres a transmitir esas moralejas educativas.