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Vida Sana

Cómo afecta el cólico del lactante al bebé… y a sus padres

Cuando un bebé sano, normalmente de alrededor de un mes, empieza a llorar de repente de forma desconsolada, sus padres acuden inmediatamente. Especialmente si son primerizos, tratarán de calmarle mirando si tiene hambre, si el pañal está sucio o si tiene frío. Pero si nada de eso lo calma, si ni siquiera en brazos el bebé se tranquiliza, lo habitual es que los padres comiencen a desesperarse. Hablamos, habitualmente, del cólico del lactante.

Un profesor de pediatría de la Universidad de Yale, Morris Arthur Wessel, ya definió este trastorno en 1954 como un llanto que dura más de tres horas al día, más de tres días a la semana y que se extiende más de tres semanas. Es una de las definiciones más extendidas sobre el cólico del lactante, una patología cuyo origen aún no está claro y que se cura como llegó, de repente y sin dejar consecuencias. “Es producto de la madurez intestinal y desaparece solo. El problema es que el umbral del dolor del bebé es muy bajito y que produce, junto al dolor del niño, mucho estrés a sus padres”, explica el pediatra Juan Leonardo Odriozola, que hace unos días impartía el seminario ‘Manejo del cólico del lactante: más allá del masaje’.

Ante el cólico, lo principal es la calma

El pediatra insiste en que cuando los cólicos aparecen hay que mantener la calma, ya que “la agitación, ya sea por gritos o enrarecimiento del ambiente, puede empeorar la situación”.

Para conservar la tranquilidad, Odriozola incide en que lo primero debe ser identificar la situación: “Hay que tener en cuenta que el cólico del lactante aparece en niños sanos, que no tienen alteración del crecimiento, ni fiebre o pérdida de peso. A veces se estiran y es normal que tengan la tripa dura”.

Sólo en el 5% de los casos hay una patología detrás, explica un pediatra

Los hábitos tóxicos como el tabaco también hay que alejarlos y conviene, según el experto, “cuidar el nexo maternofilial, con el niño en brazos de su madre”. Los masajes – en círculo alrededor de la barriguita y flexionando las piernas del bebé – también ayudan a pasar el trago. “Hay que aplicar las maniobras de expulsión de gases. En posición vertical, apoyando al bebé sobre el hombro, quieto o con palmaditas en la espalda y con mucha paciencia. No hay un tiempo estimado”, explica Odriozola.

Aunque los cólicos son un problema muy común – los sufren entre el 20 y el 25% de los niños, según Odriozola – apenas un 5% de ellos puede tener otra patología asociada. “Sobre todo hay que mirarles el culo, para descartar la llamada dermatitis del pañal, y la boca por la candidiasis oral”.

Tratamientos y fisioterapia

Aunque no hay tratamientos que hayan consolidado una eficacia, existen algunos remedios en el mercado que en algunos casos contribuyen a mejorar los síntomas. Están compuestos fundamentalmente de hierbas y probióticos, con ejemplos como Reuteri o Colimil.

Además de estos, otro tratamiento salido al mercado hace dos meses, Apotecol, combina algunos probióticos con xiloglucano, un polisacárido procedente del árbol Tamarindo con propiedades mucoprotectoras. Según José Francisco Albaladejo Rico, responsable médico de Pediatría y Digestivo en Ferrer, la responsable del nuevo tratamiento, asegura que según sus estudios el tratamiento mejora los resultados existentes, que muestran mejores resultados en bebés con lactancia materna, quienes sin embargo tienen menos incidencia de cólicos.

No obstante, un estudio publicado en la Revista de Pediatría de atención primaria en 2013 planteaba que según las revisiones hasta el momento, no había evidencia científica suficiente para recomendar el uso de probióticos. Tampoco se evidencia la eficacia de fármacos o masajes, ni se recomienda el uso de remedios homeopáticos o prebióticos y tratamientos de herbolario.

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