Cómo cuidar tus pies en verano.

Cómo cuidar tus pies en verano.

Salud | Vida Sana

Diez consejos para que tus pies no te arruinen el verano (ni una boda)

Una ‘simple’ herida, rozadura o ampolla en tus pies pueden arruinarte un día de vacaciones, una boda o una fiesta cualquiera que tuvieras programada desde hacía tiempo. ¿Cuántas veces te has tenido que poner una tirita para que esa molesta rozadura te dejase caminar tranquilo, y ni siquiera eso dio resultado?

El uso de un calzado inadecuado o una mala adaptación puede dar lugar no sólo a heridas o rozaduras sino a una fascitis plantar, problemas en los dedos o esguinces. También una mala hidratación puede derivar en problemas tan comunes y molestos como por ejemplo un mal olor de pies. Cuidar los pies es fundamental para tener una buena salud podológica, algo a lo que aún en nuestra sociedad no estamos muy acostumbrados.

1. Más del 80% de los españoles sufre problemas en sus pies

Más del 80% de la población española sufre problemas relacionados con los pies, y casi el 70% son mujeres. Sin embargo, pese a esta cifra no existe aún la actitud de acudir al podólogo como hábito preventivo varias veces al año”, afirma a El Independiente la podóloga Raquel González Cabrera de Unidad biomecánica Podoactiva del Hospital Universitario Sanitas Zarzuela.

En verano, los pies cobran más protagonismo ya que es habitual que por el calzado, la sudación y el calor, se produzcan rozaduras, ampollas, quemaduras en la piel, hongos, papilomas etc. Por eso es fundamental tener un especial cuidado con ellos. Aunque realmente “es necesario cuidar nuestros pies todo el año.”, asegura por su parte Juan Carlos Montero, vocal de Publicidad, comunicación y redes del Colegio Oficial de Podólogos de Madrid (COPOMA) .

2. Llevar un buen calzado

Es la clave para tener los pies protegidos. Según González Cabrera, es importante que éste tenga una sujeción adecuada, una suela resistente (evitando suelas demasiado planas, como pueden ser chanclas, alpargatas, sandalias con suela fina etc) y que sea que transpire. Importante además, que el zapato que nos compremos sea de nuestra talla. Parece obvio, pero muchas veces no es así.

Miguel Ángel Plasencia, jefe del Servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica del hospital universitario Príncipe de Asturias y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares añade además, la importancia de que el zapato tenga una suela de goma o con cámara de aire, para amortiguar la pisada y que que envuelva bien el pie. Mejor, si el calzado es acordonado. Para este profesional, lo más recomendable es un calzado deportivo de calidad, “aunque estéticamente no sea el más adecuado en muchas ocasiones. Como alternativa, los llamados náuticos de suela de goma o similares son bastante adecuados para esta época del año”.

3. Las rozaduras y ampollas no deben ser ‘lo normal’

Desde el COPOMA, los especialistas lanzan un claro mensaje: “Comprar el calzado con los pies y no con los ojos”. El más adecuado, añade Montero, es aquél que se adapta a nuestros pies desde el primer día y no a la inversa. “La aparición de rozaduras, ampollas, callos o dolor no debe considerarse algo normal”, afirma.

A la hora de comprarte un zapato, mejor hacerlo por la tarde. “Es recomendable probar el calzado por la tarde debido a la dilatación e hinchazón que sufre el pie a lo largo de día y, posteriormente, ir adaptando nuestra pisada al nuevo calzado en trayectos cortos, para que el pie se vaya adaptando”, apunta el portavoz del colegio de podólogos. Muy importante, sobre todo, que las personas mayores y diabéticas tengan en cuanta todas estas características.

Si no hemos podido evitar las rozadura y ampollas, hay que tratarlas como una herida. Primero, lavarla con agua y jabón, después aplicar un antiséptico y por último, tapa la herida con un apósito. En caso de ampollas, es aconsejable no explotarla y poner sobre ella un apósito hidrocoloide que actúan como una segunda piel y son específicas para tratar las ampollas. De todos modos, es recomendable preguntar en la farmacia y que nos asesoren los técnicos.

4. Las chanclas, sólo para un rato

Las chanclas, también conocidas como ‘Flip Flop’, deben ser solo para la playa y la piscina. “Y deberíamos limitar su uso a estos ambientes, principalmente por la falta de sujeción y por la presencia de plásticos en sus materiales”, afirma Montero. Cuando las chanclas se utilizan de forma prolongada, “se pueden producir problemas como fascitis plantar, aparición de callos o durezas, problemas en los dedos o incluso luxaciones, fracturas, esguinces de tobillos o tendinitis”.

Según datos del Instituto para la Prevención de la Salud del Pie de los EEUU (National Foot Health Assessment) el 78% de los estadounidenses mayores de 21 años ha sufrido problemas en en sus pies. En gran medida, apuntaron que estos problemas se debían al uso de las chanclas.

5. Los tacones no están prohibidos pero ¿cuáles son mejores?

No sólo el uso de tacones sino también el uso de plataformas, tan de moda en la actualidad, no es adecuado para nuestros pies. “El uso de calzado con mucho tacón, ya sea en forma de cuña, plataforma o tacón afilado no es recomendable para las articulaciones de los miembros inferiores y la columna”, afirma Plasencia.

Según explica el profesor, “a nivel del pie, el uso continuado de grandes tacones implica un mayor riesgo de desarrollar deformidades severas en el pie y el tobillo, como el hallux valgus, los llamados juanetes. También repercute en una mayor presión para el cartílago articular en articulaciones de carga, como la rodilla y la cadera. Por otro lado, a nivel de la columna puede afectar, al cambiar la estática de la columna, desarrollando una hiperlordosis y una sobrecarga sobre las articulaciones facetarias”.

Sin embargo, muchas mujeres encuentran el equilibrio del pie con un pequeño tacón de 3-4 cm. Esto se debe a que “han desarrollado un pequeño acortamiento del tendón de Aquiles por el uso reiterado de tacones altos y esto se compensa bien con un tacón ancho”, expone. En estos casos, recomienda, es mejor utilizar un pequeño tacón, ya que no toleran el calzado plano.

6. Andar descalzos: ¿Sí o No?

Es una actividad puede ser beneficiosa para el pie pero sólo cuando se hace en sitios limpios. “Cuanto más, mejor. El andar descalzo es bueno en cualquier época del año porque facilita la tonificación de la musculatura del pie y el equilibrio de sus estructuras. Si a esto se le suma la resistencia que impone el caminar por la arena de la playa el beneficio lógicamente es doble, siempre con las debidas precauciones”, afirma Plasencia.

«Andar descalzo es bueno porque facilita la tonificación de la musculatura del pie y el equilibrio de sus estructuras»

En cambio, no es nada aconsejable para pacientes diabéticos o con enfermedades circulatorias que afecten al miembro inferior, aclara González. La perdida de sensibilidad que provocan (entre otras cosas) puede hacer que, cualquier herida ocasionada por pequeños cristales, colillas, plásticos etc. pase desapercibida y provoque una infección.

Si queremos andar descalzos debemos hacerlo siempre en un ambiente protegido. En ningún caso, indica la podóloga, es recomendable andar descalzo por piscinas, vestuarios públicos lugares en los que pueda haber agua estancada y paso continuo de personas. Para estos momentos debemos usar chanclas, para evitar posibles contagios de hongos y papilomas etc.

7. El mal olor de los pies

Es algo habitual. Con el aumento de las temperaturas, explica la doctora González, se incrementa la tendencia a la sudoración en verano, y el pie se convierte en el medio perfecto para el cultivo de hongos y bacterias. Su proliferación es la principal causante del mal olor. Dependiendo del tipo de bacteria u hongo que esté presente, la intensidad y características del olor será distinta, y variará de unas personas a otras. Para el tratamiento, es necesario es acudir al podólogo y que éste identifique qué tipo de hongo o bacteria está produciendo el mal olor y tratarlo con los fármacos adecuados.

Por otra parte, además del calor y del sudor, propio de esta época, la proliferación de microorganismos en los pies, añade Montero, también puede producirse por una falta de higiene o no haberlos secado correctamente. Para combatir el mal olor, evita la utilización de un calzado con una mala transpiración (principalmente materiales plásticos). Si el problema es un exceso de sudoración, existen productos antitraspirables o neutralizantes del olor. Y por supuesto, realizar una buena higiene y secado del pie hace.

8. ¿Tengo que echarme crema en los pies?

La hidratación de los pies es fundamental en verano ya que el pie está más seco, lo que favorece la pérdida de elasticidad en la piel. Es más importante aún en zonas como el talón donde hay más tensión en la piel y la sequedad provoca que se puedan producir grietas que dan un aspecto rugoso al talón, explica el doctor Montero. También, en las zonas de apoyo del pie que van a sufrir más por esta falta de hidratación pudiéndose formar callo o durezas en estos puntos. Por tanto es necesario aplicarnos una buena crema específica para pies para evitar todos estos problemas.

9- ¿Es malo pintarse las uñas de las pies?

Pintarse las uñas de los pies suele ser más habitual durante los meses de verano. Realmente, la utilización del esmalte no está contraindicada, pero sí aumenta el riesgo de dañarlas y debilitarlas. Por este motivo, afirma Montero, aunque nos pintemos las uñas sería aconsejable limitar su uso y dejar respirar las uñas unos días hasta la próxima vez que volvamos a pintarlas.

Por su parte, los esmaltes semipermanentes y permanentes agravan la posibilidad de daño de la uña ya que no permitimos que ésta tenga una buena transpiración. Además, “muchos centros de estética utilizan el mismo pincel para aplicar el esmalte en todos sus clientes lo que multiplica considerablemente la trasmisión de hongos, favoreciendo la aparición de una micosis ungueal”, concluye Montero.

10 recomendaciones para tener unos pies a punto

  1. Utiliza un calzado con una correcta sujeción y con materiales transpirables.
  2. Utiliza las chanclas solo en espacios públicos: piscinas, vestuarios, gimnasios, playa, etc.
  3. Cuida la higiene de tus pies. Después de ducharte, seca en profundidad el pie insistiendo en la zona interdigital para evitar la aparición de hongos.
  4.  Hidrata los pies con productos específicos para ello.
  5. Aplica siempre protección solar en el dorso y planta del pie cuando se use zapato descubierto o se tome el sol.
  6. Prohibido el uso de chanclas o sandalias (calzado plano) para dar largos paseos o practicar deporte.
  7. Si te pintas las uñas de los pies, déjalas respirar unos días entre uso y uso.
  8. Ante cualquier molestia o problema, por pequeño que sea, acude siempre a un podólogo cualificado.
  9. Toma conciencia de cuidar tus pies durante todo el año y no sólo en verano.
  10. Como hábito preventivo, acude como mínimo una vez al año al podólogo.
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