Salud | Sociedad | Vida Sana

Cinco hábitos clave para recuperarse de la depresión postvacacional

Consejos para hacer más llevadera la vuelta al cole de los niños y la de los adultos al trabajo.

logo
Cinco hábitos clave para recuperarse de la depresión postvacacional
Cinco hábitos para superar el síndrome postvacacional en adultos y niños.

Cinco hábitos para superar el síndrome postvacacional en adultos y niños.

Resumen:

La vuelta al trabajo tras las vacaciones más largas del año conlleva en muchos casos la llamada depresión postvacacional, un proceso más o menos largo que se manifiesta en forma de cansancio, cambios de humor e incluso problemas estomacales. No sólo afecta a los adultos, también a los niños que vuelven al colegio y la sufren a su manera.

Para evitar o minimizar estos problemas, psicólogos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) aconsejan introducir algunos hábitos los días antes de la vuelta al cole o al trabajo. En el caso de los niños, “la clave es poner el foco en todos los aspectos positivos que tiene el inicio de curso: reencuentro con los amigos, profesores, nuevos retos”, explica la profesora de psicología y educación, Mireia Cabero. “En el caso de que se les despierte un rechazo exagerado, debería buscarse por qué: si es por alguna actividad, por algún compañero”, añade.

Cinco hábitos clave que deben recuperar los niños en los días previos a la vuelta al cole

  1. Volver a regular las horas de sueño. «El hábito de acostarse más temprano facilitará que el día que empiecen la escuela puedan levantarse sin necesidad del despertador», coinciden Cabero y el psicopedagogo de la UOC Antoni Badia.
  2. Seguir una alimentación energética que facilite la rutina. Los dos expertos recomiendan eliminar productos con azúcares refinados propios del verano como los helados.
  3. Reencontrarse antes de empezar las clases con los amigos de la escuela. «Los ayudará a hacer revivir experiencias positivas del curso anterior», afirma Cabero.
  4. Ir a comprar el material del nuevo curso juntos para que se ilusionen con el inicio de las clases. (Aunque aquí, por otros motivos, la OCU apueste por lo contrario)
  5. Recordarles las cosas que les gustaban de la escuela.

Los dos profesores destacan que la dificultad de volver a la rutina escolar se muestra de forma muy distinta en los menores que cursan educación infantil y los que estudian ESO. “Los primeros pueden manifestarlo en forma de llantos o quejas, mientras que los segundos optan mayoritariamente por el silencio. Eso no quiere decir —dejan claro— que el adolescente no tenga que hacer ningún esfuerzo”, explican.

En el caso de los adultos, dos de cada tres sufren síndrome posvacacional, según un estudio de Sanitas. Afecta sobre todo a mujeres de más de 45 años. El 20% logra recuperarse en solo dos días, pero un 35% arrastra los síntomas hasta dos semanas. “La vuelta a la normalidad supone un revés emocional y físico para nuestro organismo, que ya se ha habituado a ciertas dinámicas de vacaciones”, concreta Cabero. “Si el periodo de malestar se extiende más de catorce días, el trabajador debería replantear su presente profesional: si la empresa donde está es la idónea, si el trabajo que desempeña le gusta realmente… En caso negativo, debería hacer un planteamiento de futuro”, aconseja.

Entre los síntomas que se manifiestan están la irritabilidad, el nerviosismo, la inquietud, la tristeza, el insomnio y el cansancio. Para evitarlos, los expertos plantean las siguientes recomendaciones:

  1. Programar la vuelta a casa de forma anticipada. Tener que volver al trabajo al día siguiente de un viaje no ayuda a «una transición positiva a la rutina».
  2. Empezar por las tareas más sencillas, ya que eso ayuda a la adaptación del trabajador.
  3. Ser positivo y proactivo. “La negatividad no sirve para nada”, explica Cabero.
  4. Respetar los horarios y no llevarse trabajo a casa. Según la psicóloga, una vuelta gradual es mucho más positiva que altos niveles de estrés y mucha carga de trabajo.
  5. Hacer deporte moderado. El ejercicio físico hace que se liberen endorfinas, que ayudan a deshacerse del estrés.

A pesar del porcentaje de personas que lo sufren, la Organización Mundial de la Salud, la OMS, no reconoce este fenómeno psicoemocional como una enfermedad.