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Cuidado con los excipientes: los ingredientes “inactivos” de las medicinas no lo son tanto

Los excipientes pueden llegar a constituir el 99% del volumen del fármaco. Un nuevo estudio pone el foco sobre las reacciones que pueden provocar a intolerantes y alérgicos, ya que es común que contengan lactosa, los cereales o la sacarosa.

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Cuidado con los excipientes: los ingredientes “inactivos” de las medicinas no lo son tanto
Los excipientes, ingredientes inactivos de los medicamentos que no lo son tanto.

Los excipientes, ingredientes inactivos de los medicamentos que no lo son tanto.

Resumen:

A uno de los pacientes del gastroenterólogo Giovanni Traverso le sentaba mal el omeprazol. Sin embargo, no era el principio activo de este antiácido el que le estaba ocasionando el malestar, sino los derivados del trigo que figuraban entre sus excipientes, los ingredientes “inactivos” de los medicamentos en los que nadie suele fijarse.

Aunque no suelen ser objeto de atención, los excipientes suelen ser un elevado porcentaje del medicamento, en algunos casos hasta el 99%, según un nuevo estudio. Sirven para aumentar la masa del fármaco, mejorar su sabor o hacerlo más digerible o estable y cada fabricante establece los que considere. Una elección que hasta hace algunos años las farmacéuticas no estaban obligadas a declarar, pero que desde 2003 Europa obliga, aunque solo en algunos casos, que determina “excipientes de declaración obligatoria”. En Europa, la última lista actualizada de excipientes es de 2018.

Traverso, tras el incidente con su paciente, decidió estudiar los efectos de los excipientes, especialmente para los ciudadanos que padecen alguna alergia o intolerancia. El médico, también profesor de Ingeniería Mecánica del Instituto Tecnológico de Masachussets (MIT), consideraba que “hay una tremenda subvaloración del impacto potencial que pueden tener los ingredientes inactivos”.

En este estudio, que acaban de presentar el MIT y Brigham and Women’s Hospital, han concluido que en general, más de la mitad de las píldoras son excipientes y que en algunos casos los ingredientes inactivos llegan a ser el 99%. Los investigadores obtuvieron de una base de datos llamada Pillbox, administrada por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, la composición de casi todos los medicamentos recetados y de venta libre disponibles en los Estados Unidos.

El 93% de los fármacos contiene alérgenos

Según su análisis el 93% de los fármacos contienen alérgenos comunes como la lactosa, el aceite de cacahuete o los colorantes, así como compuestos que generan intolerancias, tales como el gluten o ciertos tipos de azúcar. En concreto, el estudio concluyó que el 55% de los medicamentos contienen azúcares FODMAP, que pueden ocasionar problemas intestinables en personas con síndrome del intestino irritable u otras patologías digestivas como la enfermedad de crohn.

“Cuando nos hablan de las reacciones a medicamentos solemos pensar sólo en el principio activo, cuando el problema puede estar en el excipiente”, afirma Francesc Casellas, especialista del Servicio de Digestivo del Hospital Vall d`Hebrón de Barcelona y responsable del comité de nutrición de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).

Aunque para la mayoría de los pacientes los excipientes no supongan un problema, existe un grupo de población en crecimiento – cada vez hay más alérgicos e intolerantes -, que especialmente a partir de los 65 años, cuando habitualmente aumenta la ingesta de fármacos, pueden verse afectados por este problema.

“Aunque no se trate de un problema de gran gravedad, sí es importante para los pacientes que lo sufren. Porque si el médico les indica que deben tomar una medicación y les sienta mal, pensarán que la causa es la que originó su visita al médico y no los excipientes. O incluso puede ser que dejen de tomar la medicación, con los riesgos que eso supone”, añade Casellas.

Celíacos, cuidado con el omeprazol

Como el omeprazol, otras decenas de fármacos contienen gluten y pueden, si los ingieren,experimentar dolor abdominal, diarrea, hinchazón o malestar. Algo similar podría pasarles a los alérgicos al huevo si toman lizipaína (pastillas para la garganta sin receta), porque contiene lisozima – una proteína que puede extraerse de la clara de huevo -. “En algunos casos los alérgenos no están claramente indicados en la ficha técnica o el prospecto”, advierte Nancy Ortega, miembro comité de alergia a medicamentos de la Sociedad Española de Alergología e Imnulogía Clínica (SEAIC).

Tanto a los celíacos como a los alérgicos se les debería recomendar que adviertan siempre a su médico cuando le recete un medicamento”

Ortega participó en 2010 en la elaboración de la guía de la SEAIC “Medicamentos con potenciales problemas de hipersensibilidad con relación a aditivos de origen alimentario”, en el que se incluyen entre otros la lactosa, el aceite de pescado, el ácido láctico o los aromas y esencias de frutas. Específicamente para los celíacos, la Agencia Española del Medicamento también tiene un documento específico con los potenciales alérgenos. “Tanto a los celíacos como a los alérgicos se les debería recomendar que adviertan siempre a su médico cuando le recete un medicamento, para que el doctor pueda fijarse detenidamente en el prospecto y comprobar que no existen alérgenos”, afirma Ortega. “Ahora hay muchos medicamentos genéricos que se fabrican en los distintos continentes y que contienen muy distintos excipientes que el médico no conoce de antemano”, añade.

“En algunos casos bastaría con cambiar la forma del medicamento para que lo pueda tomar”, indica Casellas, que recuerda un medicamento subcutáneo (adalidumab) que se inyectaba para la enfermedad de Crohn y que provocaba dolor a los enfermos hasta que se cambió el excipiente y se consiguió frenar el dolor. “El problema de las alergias a los excipientes es que es muy difícil dar con ellas”, añade el gastroenterólogo.

Por ello también los investigadores del estudio destacan que es necesario implementar mayores exigencias de comunicación de los riesgos potenciales de los medicamentos y que se realicen nuevas normativas que obliguen a las farmacéuticas a detallar más los componentes de sus fármacos.