En el nuevo paquete de medidas con el que Madrid intenta desde este lunes afrontar la pandemia, no figuran dos cosas que los médicos consideran fundamentales. La contratación de médicos en atención primaria (AP) y la descarga burocrática en su quehacer diario, que mantiene al primer eslabón de la cadena sanitaria en proceso de «desbordamiento y posiblemente defunción», como ha denunciado este lunes la Organización Médica Colegial.

Madrid hace frente a los peores datos de evolución de la pandemia con unos datos de ratio de médicos por habitantes en Atención Primaria ya desde antes de la pandemia. «Hace dos años ya dijimos que en Madrid hacían falta 600 médicos y 150 pediatras en atención primaria, ahora con la pandemia y la sobrecarga de trabajo harían falta un millar», afirma Silvia Durán, delegada de Prevención Laboral de Amyts, sindicato médico mayoritario en la Comunidad de Madrid.

Corrobora la cifra Marisa Fernández, responsable de Atención Primaria en Comisiones Obreras de Madrid, quién apunta a la necesidad de 1.000 médicos y otros 5.000 profesionales (enfermería, administración, etc.) para cubrir el déficit global en Atención Primaria. «Atención Primaria necesita duplicar la inversión dentro del presupuesto, sobre todo en recursos humanos y estructuras, todos los años dicen que van a construir centros de salud que no llegan», denuncia Fernández.

Por eso, desde ambos sindicatos recibían como un jarro de agua fría las palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que este lunes afirmaba que «no hay médicos en España, no nos podemos engañar». «Sí hay médicos. El problema es que en Madrid no han querido quedarse, porque se les ofrecían contratos precarios, de apenas seis meses. Se han ido a otras comunidades autónomas con mejores ofertas económicas y mejores condiciones asistenciales como un menor ratio de pacientes por médico», asegura Fernández. Desde CCOO afirman que en otras comunidades contrataban con hasta 6.000 euros más de salario anuales y que desde junio a agosto en lugar de aumentar, Madrid ha perdido 48 médicos y pediatras de Atención Primaria.

La representante de AMYTS asegura que Madrid perdió, además, a seis de cada 10 médicos de familia que habían terminado de formarse en Madrid en mayo de 2020. «De los que terminaron la residencia este año, el 60% rechazó el contrato que le ofrecían. La Comunidad de Madrid sólo ofrecía empleos hasta diciembre y en muchos casos sin adscripción a un centro de salud sino rotando de uno a otro. Eran contratos muy precarios… Se vio también en el SUMMA. Ofrecieron 35 contratos de interinidad y sólo cubrieron tres», afirma Durán.

La falta de contrataciones se une al absentismo de la plantilla, que CCOO estima en un 20% entre bajas laborales, vacaciones y otras circunstancias como los profesionales que no pueden trabajar por «alta sensibilidad» frente al COVID (personas inmunodeprimidas, recién trasplantadas, etc.). En este sentido, Durán asegura que un centenar de médicos de AP en situaciones diversas (también médicos en cuarentena por ser contactos pero sin haber desarrollado la enfermedad) han solicitado el teletrabajo sin que se les haya concedido. «En otras especialidades se ha autorizado y en primaria no a pesar de que llevamos pidiéndolo desde marzo. Son médicos que podrían estar haciendo consultas telefónicas y otras labores más administrativas y que sin embargo están de baja», denuncia Durán.

Clamor por un «Plan Ifema» para atención primaria

Ante el desbordamiento que sufre la atención primaria, la Organización Médica Colegial ha reivindicado la puesta en marcha de un «Plan Ifema». Igual que se creó el hospital de campaña de Ifema para aliviar a los hospitales, ahora toca aliviar a la Atención Primaria», pide Rosa Arroyo, vicesecretaria de la entidad.

El objetivo de su petición es «externalizar» las labores burocráticas que estiman ocupan más de la mitad del tiempo de trabajo de los médicos de AP en la actualidad. Además, Arroyo explica que hay miles de profesionales cualificados que podrían hacer esa labor. «Hay 7.000 graduados que se están preparando el MIR y un gran número de jubilados registrados por los colegios que además conocen el sistema y su funcionamiento. Ellos podrían hacer esa labor, desde su casa o centros habilitados al efecto fuera de los centros de salud, y conseguir descargar el sistema. Está en juego el sistema sanitario».

Y es que a la ya burocrática labor de los médicos de familia, el COVID-19 ha sumado labores administrativas que llegan a ocupar, según denuncian algunos facultativos, hasta dos tercios de su tiempo. «La burocracia es horrible. A nuestras labores de bajas, justificantes, recetas hospitalarias… se ha sumado ahora el rastreo, cuestiones relacionadas con PCR, dudas o bajas para personas en cuarentena. Nos sentimos secretarias», afirma Durán.

Desde AMYTS recuerdan que si el 80% de la primera ola del coronavirus se atendió en primaria, «el porcentaje ahora es de cerca del 90%. Esto se traduce en médicos exhayustos, con una extraordinaria sobrecarga física y psíquica. Así no se puede dar una atención de calidad, hay un mayor riesgo de error».

El «abandono» a otros pacientes

Para la OMC, la situación es de «impotencia» frente a la sobrecarga del Sistema, que no sólo ha de atender COVID sino también «el seguimiento de la atención a problemas inaplazables, el ingente control de enfermedades crónicas, seguimientos de procesos intermedios, atención al paciente pluripatológico y polimedicado, seguimiento de pacientes mayores con escaso apoyo socio familiar y atención a los problemas de salud mental que se ven agravados por la actual situación y a los derivados de esta (angustia, recaídas de adicciones, miedo…)».

«La medicina de familia no es solo primaria, también es comunitaria. Y hemos dejado de hacer prevención, estamos abandonando a los pacientes no COVID y a nuestros enfermos crónicos, esto es un trauma psicológico para nosotros», afirma Fernández.