Durante años el café ha sido la fuente habitual para comenzar el día de muchas personas con tan sólo abrir los ojos. Pero el cuerpo tiene cada día un procedimiento de su propia autoría para empezar de la manera adecuada. Beber una taza de café nada más despertarse puede provocar que se paralice ese registro y reducir su potencial real a medio-largo plazo.
El café al comenzar el día
Al despertarse, el cuerpo libera de forma natural cortisol, la hormona por excelencia encargada de dar comienzo al día. El pico de cortisol matutino produce un aumento de la energía, favorece la atención, normaliza la presión arterial y ajusta el reloj biológico. El proceso tiene lugar en los primeros 30 a 60 minutos después del despertar, sin necesidad de estímulos externos.
Este mecanismo presenta su función como un interruptor biológico que pone al cuerpo en condiciones para la actividad cotidiana. En el caso en que se siga este mecanismo, la sensación de alerta no aparecerá bruscamente, sino que lo hará de forma progresiva y estabilizándose desde un estado de descanso con sensación de alerta, es decir, sin sobresaltos ni caídas bruscas de energía en el transcurso de la mañana.
Cafeína a primera hora
Cuando el café entra en el cuerpo de manera rápida y precipitada, la cafeína interfiere en dicho proceso natural. El resultado no es mayor energía, sino un efecto estimulante más moderado. Con el tiempo el organismo se adapta y se necesita una dosis mayor para sentir lo mismo, de esta manera se agrava la necesidad por la mañana.
Las personas con características emocionales pueden presentar ansiedad, palpitaciones o por el contrario, un estado de tranquilidad, sí esta combinación se toma de forma temprana. El problema no es el café, sino el momento que elegimos para tomarlo.
Café y hormonas
Beber café nada más levantarse facilita la tolerancia hacia la cafeína, el organismo se habitúa a esta, y disminuye su respuesta, tal y como comprueban muchas personas que cada vez necesitan más café para poder empezar el día con normalidad. Esto es la persistencia de hacer lo mismo cada mañana, al final, provoca que la estimulación sea la misma, pero también que sea menos efectiva y que genere más desgaste. El café pasa a ser un apoyo puntual, pero se convierte en una muleta cotidiana.
Impacto en el ritmo circadiano
El ritmo circadiano controla los ciclos de sueño y vigilia, pero interferir en su arranque puede desajustar dicho equilibrio. Aprovechar el pico natural de cortisol nos ayuda a evitar una respuesta hormonal muy variable, pero que es coherente con las necesidades del cuerpo. Un retraso en la ingesta del primer café ayuda a que la energía fluya de forma más adecuada durante la mañana y que no haya tantos altibajos. El cuerpo entiende mejor cuándo tiene que activarse, y cuándo debe relajarse.
El momento óptimo para el café
Los hallazgos científicos abogan por atrasar en algo más de una hora el consumo del café después de despertarse, el tiempo justo como para que el cortisol haga su función. Una vez nos hemos levantado, el café será más eficiente y un estímulo más limpio y duradero. Este ajuste mejora la experiencia y disminuye el consumo compulsivo a lo largo del día.
Cambiar el consumo
Posponer el café protege el sistema nervioso, favorece una relación equilibrada con la cafeína y limita una eventual sobreestimulación. También acaba generando niveles de energía más equilibrados y permite un mejor manejo del estrés.
Adoptar esta transformación no equivale a no consumir café, sino a aprender a usarlo de una manera ventajosa para el organismo. Respetar los ritmos naturales es lo que permite hacer la diferencia entre necesitar una bebida o saber usarla conscientemente.
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