El debate de la integración laboral de personas con distintas condiciones de vulnerabilidad volvía con fuerza hace apenas unas semanas debido al suceso ocurrido con un trabajador que padecía esquizofrenia y que intentó asfixiar a una paciente en el Hospital de Alcorcón (Madrid).

El trabajador, que ha sido ingresado en la Unidad Psiquiátrica de un centro penitenciario, llevaba cinco años en la lavandería sin ningún informe contrario a su desempeño laboral.

El caso de este trabajador ha puesto sobre la mesa la difícil cuestión de la inclusión laboral, no solo de los enfermos mentales -de los que únicamente trabaja el 16% según datos de la Confederación Salud Mental de España- sino de todas las personas con algún tipo de diversidad funcional o procedentes de colectivos vulnerables, que gozan por un lado de la intimidad que les confiere la Ley Orgánica de Protección de Datos y por otro de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que les da derecho a la adaptación y protección necesaria para el desempeño de su trabajo.

Reconocimiento médico voluntario

«Los trabajadores no están obligados a hacerse un reconocimiento médico, aunque la mayoría se lo hace cuando se les explica el objetivo. Así, el médico de Vigilancia de la Salud puede valorar al trabajador y puede analizar si tiene algún tipo de limitación. El hecho de tener una discapacidad no implica que el trabajador, de entrada, sea especialmente sensible a los riesgos a los que puede estar expuesto pero será el reconocimiento médico el que determine finalmente si necesita alguna adaptación de su puesto de trabajo«, explica Juan Carlos Llanes, responsable de Prevención de Riesgos Laborales de Clece, filial de ACS.

«En numerosas ocasiones, es el prejuicio de los propios trabajadores, cuando padecen alguna enfermedad o situación de vulnerabilidad, el que les impide buscar trabajo». Así opina Santiago Sánchez-Seco Peña, coordinador de una unidad de apoyo para la inclusión de colectivos vulnerables en Clece: “A veces, estas personas no dan el paso de buscar trabajo por miedo. También la sociedad muestra rechazo y miedo, porque al final lo que trasciende son casos mediáticos como éste del trabajador esquizofrénico. Pero en la mayoría de los casos las personas se integran perfectamente en el mercado laboral, como cualquier otro trabajador» .

Eso es lo que hace la mencionada unidad de apoyo creada por Clece hace ya casi cuatro años. En ella se recibe a toda persona que tenga una diversidad funcional, que puede ser psíquica, física o fruto de otro tipo de circunstancia de riesgo de exclusión. «Lo primero que hacemos es una entrevista con el trabajador, pero la profundidad dependerá de lo que el trabajador nos quiera contar» , aclara Sánchez-Seco.

El anonimato de los trabajadores con enfermedad mental lo amparan la LOPD y el estatuto de los trabajadores

Y es que, además de la Ley Orgánica de Protección de Datos, los trabajadores tienen garantizada la no discriminación por motivos de salud. Por todo ello, es imposible conocer la discapacidad exacta del trabajador y sus posibles limitaciones al puesto. «A veces el trabajador quiere contar lo que le ocurre y otras no. Nuestra labor es hablar con él, detectar sus necesidades y darle el apoyo que realmente necesita. Después hacemos un seguimiento y son los responsables directos los que nos ayudan a detectar cualquier inestabilidad y ahí veríamos qué puede estar pasando», afirma Sánchez-Seco. «Clece organiza formaciones de sensibilización porque no hay pautas establecidas, cada empleado es distinto y la única forma de conseguir que los jefes puedan darse cuenta es despertando su sensibilidad hacia el tema», añade el responsable de la unidad de apoyo de la compañía.

El responsable de selección de Clece, Íñigo Camilleri, subraya el arduo trabajo que exige la consecución de una inclusión exitosa: «Es muy importante la estrecha relación con los cientos de entidades sociales que nos dotan de estos perfiles ya que realizan una excelente labor de intermediación, adecuando a cada perfil al puesto correspondiente».

Sánchez-Seco cree en la inclusión, a pesar de las dificultades. «Creo en la integración de las personas con diversidad funcional en el mercado laboral. Cualquiera puede tener un problema en un momento determinado y una enfermedad mental -o del tipo que sea- no es de por sí un impedimento para poder realizar un trabajo correcto. Hay que estar al lado de las personas», afirma.

Por su parte, Camilleri ve la inserción como una oportunidad porque las personas que viven estas situaciones difíciles «al tener la posibilidad de acceder a un contrato laboral, suelen comportarse de una manera ejemplar ya que se dan cuenta de que culminan un proceso en el que llevan implicados mucho tiempo». El experto cree también que «su motivación y actitud suelen ser encomiables, con ganas de hacerlo bien, teniendo presente la oportunidad que tienen entre manos. Hay que tener en cuenta que el logro de poder adquirir autonomía económica, en la mayoría de los casos, es decisivo para poder conseguir una plena integración y autonomía personal. Nosotros lo denominamos, cerrar el círculo», concluye.