Dos sanitarios en un hospital durante la crisis del coronavirus. EFE

Salud

Prohibido tocarse: cómo lidiar con el extra de sufrimiento del Covid-19

La falta de contacto físico que impone el coronavirus es especialmente cruel para los pacientes hospitalizados y los sanitarios. Pero hay posibilidad de tocarse sin usar el cuerpo, como explican los expertos.

Quienes están tratando con la nueva enfermedad, dicen que el COVID-19 llega muchas veces de forma abrupta. Que es imprevisible, que no entiende de edades. Pero hay un aspecto que está siendo especialmente difícil de manejar por los profesionales sanitarios y los enfermos y trasciende a los síntomas físicos. Es el aislamiento, la imposibilidad de tocarse, de darse la mano, de la comunicación que se produce a través del tacto. Algo que en esta pandemia, que tiene a toda España aislada, es especialmente cruel con los pacientes hospitalizados y los sanitarios que les atienden.

Los ingresados pasan solos la mayor parte del día y el contacto que pueden mantener con sus familiares se limita a lo virtual y termina (salvo excepciones) cuando entran en la UCI. Una médica planteaba a este periódico el “machaque psicológico brutal” que supone la atención a pacientes aislados. “Se está hablando poco del aislamiento que produce el COVID-19 y que se une al malestar físico, a la vulnerabilidad y a la soledad. El aislamiento es el sufrimiento extra de esta enfermedad para el que no estábamos preparados”, afirma Áurea Esparza, psicóloga oncológica en grupo HM Hospitales y que está ofreciendo ayuda psicológica tanto a pacientes hospitalizados como al personal sanitario.

Porque las consecuencias del estrés ocasionado por el aislamiento “pueden ser más graves que las que es capaz de producir el propio virus en determinadas personas”, indica Miguel Garriz, psicólogo clínico en la Clínica Universitaria de Psicología y Psiquiatría de la Universidad InternacionaI de Cataluña (UIC). Para este experto, es importante “estar atento a los síntomas porque algunos pueden dar la cara más tarde, en forma de estrés postraumático”.

Desde el punto de vista de los profesionales sanitarios, Cristina Maes, doctora europea en Psicología y especialista en ansiedad y estrés, propone que los especialistas “paren al menos un minuto a la hora y escuchar al cuerpo. También cuidar el lenguaje, positivo con uno mismo, hay que ser indulgentes, es normal que tengan dificultades de concentración”.

Maes, psicóloga en el Centro Área Humana de Madrid, subraya en que en estos momentos es fundamental “vivir el aquí y el ahora. Si es un profesional sanitario, concentrarse en atender al paciente, no pensar en el siguiente, o en lo que le espera en casa. Dividir tanto la atención aumenta el agotamiento”, explica, “y reducir la culpa. Hay que ser flexible con uno mismo, es una situación excepcional para todos”.

Recomendaciones como esas las está ofreciendo esparza en lo que llama “primeros auxilios psicológicos”. “Los damos a todos los que nos lo piden, por llamada o por videollamada y recogemos sus emociones, les damos permiso para soltarse… Les decimos que se centren en lo que pueden hacer más que en lo que no se puede hacer, eso es muy importante en esta crisis”.

Garriz participa también en un programa de este tipo, en el que se ofrece a los profesionales “un traje a medida de sus necesidades. A veces es dejarle hablar, darle un espacio o ayudarle a normalizar sus emociones, las reacciones que pueden estar viviendo. Ayudarles a entender que no es algo patológico”.

El aislamiento desde la cama del hospital

Para los pacientes, el aislamiento supone minimizar o incluso eliminar la descarga que supone compartir el sufrimiento con los seres queridos y el pensar que, desde la distancia, ellos también pueden estar pasándolo mal. Por eso también cada vez desde más hospitales se están poniendo en marcha programas de ayuda psicológica para los pacientes. Esparza participa en su grupo hospitalario y habla por teléfono con algunos de ellos.

“Algunos prefieren que llamemos a sus seres queridos porque ellos están tranquilos, otros se quieren desahogar aprovechando que lo hacen con alguien cuyos sentimientos no se van a ver afectados”, explica Esparza, quien sin embargo reconoce que “no siempre es sencillo poder hablar con ellos puesto que los equipos de protección dificultan a veces que se entienda bien la conversación”.

Tocarse con la palabra

Si el Covid-19 imposibilita que se sea posible darse la mano, que los abrazos y besos no puedan ser físicos, los expertos afirman que es posible “tocar con la palabra”. “Mi sensación es que el acompañamiento telefónico es muy enriquecedor, al final he sentido que la persona con la que hablo se siente acompañada”, asegura Esparza.

Tanto para los médicos como especialmente para los enfermos y sus familiares, Mae cree que las cartas y la voz pueden ser herramientas muy poderosas para acercarse a alguien. “Con los ojos cerrados y la memoria se pueden evocar sensaciones muy intensas, los ejercicios de visualización está demostrado que activan estructuras cerebrales. Se puede pensar en el pasado pero también en el futuro, a través de la imaginación compartir ideas, planes y compartirlos con alguien por teléfono o por carta”, sugiere la psicóloga.

A nivel personal, Garriz recomienda “revisar los pensamientos. Ponerlos en un papel, tal como vengan, y después leerlos para tomar distancia y ver si se corresponde con la realidad, para poder relativizarlos”.

Reconocer el estrés postraumático

Si bien aún es pronto en plena epidemia, Garriz indica que es posible que muchas personas – pacients o profesionales sanitarios – puedan experimentar síndrome de estrés postraumático un tiempo después de vivir la experiencia con la enfermedad.

«Se puede experimentar de distintas formas, para alguno será la vuelta reticente de imágenes intrusivas sobre los episodios vividos, para otros puede ser la sensación de estar experimentándolo de nuevo. También puede mostrarse en forma de amnesia, con una sensación de desconexión con el ambiente o incluso cierta anestesia afectiva», explica el psicólogo clínico de la UIC. «Hay que estar atentos especialmente si se siente que el organismo se defiende de la situación borrando el recuerdo, porque realmente no se ha borrado y continuará dando síntomas», concluye.

Esparza fija la mirada en el futuro y cree que todos saldremos de esta crisis «desde lo colectivo, dejando un poco de lado lo individual. Porque esto es un antes y un después para todos y tendremos que adaptarnos», concluye.

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