Salud

Los fabricantes de ataúdes, desbordados: “Hemos cuadruplicado nuestra producción”

Los fallecimientos por coronavirus obligan a los fabricantes de cajas fúnebres a contratar personal, alargar las jornadas de trabajo y reducir los tiempos de producción para atender una demanda a la que no se habían enfrentado hasta ahora

Un operario trabaja en una fábrica de ataúdes de Montjuic (Barcelona) que ha tenido que multiplicar por cuatro su producción. EFE/Alejandro García

“Estamos exactamente igual que los funerarios, los médicos y todo el sistema. Como todos. Esto es algo excepcional y extraordinario. Nos estamos desdoblando”, comenta uno de los principales fabricantes de ataúdes de este país, desbordado ante la demanda que están registrando en las últimas semanas por los fallecimientos a causa del coronavirus. Ya ha perdido la cuenta de las llamadas telefónicas que ha recibido cuando atiende por teléfono a El Independiente. 

Es viernes por la tarde y en esta fábrica tratan de estirar las horas del día para poder incrementar la producción ante el reto que la pandemia está suponiendo para el sector. Mientras otras actividades no esenciales se han visto obligadas a parar, ellos han tenido que reforzar plantillas y alargar las jornadas de trabajo para poder producir más cajas fúnebres de lo habitual al dispararse el número de defunciones por el covid-19.

Esta empresa, reacia a hablar con el periodista y que desea permanecer en el anonimato, reconoce que está fabricando “un 50 % más” de féretros. No es una excepción. Todas las firmas del sector están trabajando a un ritmo frenético para atender las peticiones de las funerarias. A las defunciones habituales se suman las causadas por el virus, por encima ya de las 12.400.

No sólo han tenido que contratar más personal y casi doblar turnos. La urgencia le ha obligado también a adoptar otras medidas para reducir el tiempo de producción. Así, han reducido el catálogo de modelos y terminaciones a no más de tres y están sustituyendo en muchos casos el barniz de alto brillo por otro ecológico al agua que seca antes y permite reducir el proceso de 48 a 24 horas.

“Están totalmente desbordados, especialmente los que surten a Madrid porque es allí donde está el principal foco de contagio. Hablas con ellos y te reconocen que no dan abasto. Están trabajando a un ritmo que se aguanta una temporada, pero no permanentemente”, cuenta a este diario el representante de una empresa de servicios funerarios. 

Los fabricantes han tenido que reforzar plantillas, alargar las jornadas de trabajo y reducir los tiempos de producción para poder atender la demanda

María Chao, directora de la fábrica de ataúdes Chao de Madrid, ha vivido las semanas de mayor actividad de su empresa en su historia. «Hemos cuadruplicado nuestra producción de hace dos meses a ahora», destaca. Para esta fabricante, su sector es «el último eslabón de la cadena sanitaria. Un sector de negocio duro, triste y absolutamente invisible para la sociedad. Es algo imperativo, pero nadie quiere ni saber que existe por lo doloroso que es para la familia. Es un trabajo que nunca será aplaudido, como los sanitarios y los policías a los que no quito ni un sólo mérito, pero sí que quiero poner en valor el esfuerzo de mucha gente de este sector que se está dejando la piel 24 horas al día todos los días de la semana haciendo entregas urgentes en tanatorio».

El sobresfuerzo de los fabricantes hace que la demanda de sus productos no añada tiempo de espera extra a los familiares de los fallecidos, lo que dadas las circunstancias es mucho. «Ahora mismo damos respuesta a todo, siempre con la cautela de no dejar demasiado stock en un tanatorio para que otro no se quede sin féretros y así nadie se queda desabastecido. Por la parte de los productores no estamos añadiendo tiempo de espera a las familias; si me llama la UME [Unidad Militar de Emergencias] a las nueve de la mañana, a las once tiene la entrega de féretros», mantiene.

Los fabricantes de féretros trabajan 24 horas los siete días de la semana. EFE/Alejandro García.

Un sector en tensión

Esta fábrica, que abastece al centro y norte peninsular, está enviando las cajas fúnebres a las morgues instaladas en el Palacio de Hielo, Ciudad de la Justicia y Majadahonda «si nos lo pide Protección Civil», apunta Chao.

El sector funerario está adaptado a las cerca de 35.000 personas que mueren al mes. Ésa es la medida de mercado a la que responden. Son capaces de atender los más 1.000 muertos diarios que se producen en España. Pero las empresas no estaban preparadas para la mortandad de marzo. «Por eso ha sido fundamental la intervención del Ejército, a través de la UME, y Protección Civil para ayudar tanto a las empresas públicas como privadas que han colapsado», explica la fabricante de féretros.

En esas morgues, los cuerpos quedan enferetrados y las empresas de servicios funerarios se acercan a recoger los fallecidos para llevarlos a donde la familia designe. Para responder en tiempo récord a la entrega de féretros han reducido su catálogo al mínimo indispensable para sacar más volumen. En Chao hacen ahora sólo tres arcas ecológicas que garantizan los niveles de emisiones en los hornos crematorios para cumplir con las legislaciones de las comunidades autónomas. «Tienen que ser garantistas, porque no sabemos el destino final. Nosotros los entregamos en el Palacio de Hielo, pero terminan cremados en un pueblo de Huesca», detalla. 

«Desabastecimiento de material»

Éste es el punto de la cadena funeraria que causa un mayor retraso. «Si el fallecido tiene que ser enterrado en Toledo hay que llevarlo a Toledo y se tiene que trasladar en un coche fúnebre, con una serie de condiciones obligatorias que varía en función de las distancias», explica.

La única preocupación para poder responder a la demanda actual de féretros es que el estado de alarma no incluye como esenciales algunas de las actividades que son parte de su cadena de suministro. «Nos preocupa el desabastecimiento de material para la fabricación de féretros, como los barnices que usamos. Si se nos acaban, pues no podemos terminarlos. Tampoco si nos faltan las grapas y colas que usamos”, asegura.

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