Salud

Las residencias no consiguen frenar la curva: "Los datos van a ser muy duros"

Voluntarios de la ONG Proactiva Open Arms trasladan a personas mayores de una residencia del centro de Barcelona a hospitales de la ciudad. EFE

Las residencias de mayores han sido desde el inicio uno de los puntos negros de la epidemia de coronavirus en España y, a falta de datos oficiales, el sector advierte que lo siguen siendo y que la curva no se ha frenado como está ocurriendo a nivel general. «Las residencias siguen en pico de contagios, los datos van a ser muy duros», advierte Alfredo Bohórquez, secretario general de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

Los datos de los que habla son los del número de contagiados, fallecimientos totales y de confirmados o sospechosos de COVID-19, número de residentes y trabajadores en activo y número de centros (y muertes producidas en ellos) con expedientes de intervención. Una información que el Gobierno pidió a las comunidades aportar dos veces a la semana a partir del 8 de abril mediante una orden ministerial pero que, varias semanas después de confirmar tener los datos en su poder el Gobierno sigue negando a los ciudadanos con la única explicación, dada en repetidas ocasiones por el ministro de Sanidad, Salvador Illa, de que «cuando los datos estén analizados se ofrecerán».

Sin datos generales, el sistema sociosanitario ha mostrado en los centros de mayores su mayor vulnerabilidad, que ha ido transcendiendo a través de los brotes que se cobraban decenas de muertos, la falta de equipos de protección para sus trabajadores o de los datos aportados por algunas comunidades autónomas.

Así, mientras España afronta los inicios de la desescalada el secretario general de la SEGG asegura «en las residencias para nada se ha doblegado la curva, siguen teniendo la dificultad dentro y es necesario gestionarlo con mucha más agilidad y valentía». Bohórquez entiende que es necesario que se compartan los datos «aunque sean difíciles y duros» y de hecho su entidad ya han enviado una carta al Ministerio de Sanidad preguntando «por qué no se ofrecen esos datos que deberían aportarse diariamente como el resto de indicadores de evolución de la epidemia».

En la misma medida reivindica la publicación de datos Cinta Pascual, presidenta del Círculo Empresarial de Atención a Personas (CEAPS), la principal patronal de residencias de España, que no entiende «por qué es tan difícil mostrar transparencia sobre la situación. Informar, porque hasta ahora no ha habido ruedas de prensa para hablar de la situación en residencias, cuando son uno de los mayores focos de la enfermedad».

Pascual apunta a que la situación en las residencias «ha experimentado una clara mejoría» en las últimas semanas pero reconoce que la curva aún no ha conseguido frenarse. «Las personas mayores tienen una prevalencia de la enfermedad mucho más larga, cinco y seis semanas después de infectarse siguen dado positivo», explica. En ocasiones, la falta de test también impide sacarles del aislamiento al que están sometidos, lo que «aumenta su vulnerabilidad».

Dos trabajadoras de sendos centros de mayores de Madrid coinciden en que la enfermedad aún está en un momento álgido en sus residencias. «Se ha limitado un poco la mortandad pero sigue habiendo contagios a diario y faltan tests que permitan aislar correctamente a los residentes», apunta una de ellas. Ambas aseguran que los test no han llegado de forma masiva sino tan solo para quienes presentan síntomas y no en todos los casos, especialmente entre los trabajadores.

Con el objetivo de colaborar y aportar en la gestión de la epidemia, los geriatras y gerontólogos han publicado esta semana un documento con nueve propuestas, entre las que incluyen una necesaria clasificación de los centros según su capacidad para la gestión del coronavirus. «El 70% de las residencias no pueden tener enfermos porque carece de las instalaciones necesarias para el aislamiento, para compensarlo habría que establecer centros específicos para enfermos o centros intermedios a los que poder trasladarlos».

Sus propuestas pasan por la detección precoz a través de test prioritarios a residentes y trabajadores. «En algunos lugares, especialmente donde ha habido mucha mortalidad, se están haciendo pruebas pero aún no están disponibles de forma sistemática», denuncia Bohórquez. Es necesario diagnosticar rápido para poder aislar y evitar brotes.

La falta de test sigue siendo en las residencias «la enorme dificultad» para gestionar la crisis. «Ni ha habido ni hay test masivos y entre los mayores hay muchos asintomáticos o que hacen síntomas secundarios, como infecciones sin fiebre o tos, pero están contagiando internamente».

Los geriatras aseguran que en la compleja situación de las residencias «se ha echado de menos un plan único de actuación y aislamiento de COVID-19 en todo el país» para abordar la situación de forma conjunta en todo el país y «mejorar la dotación, las residencias se han quedado muy cortas en los recursos, se han convertido en los sitios más vulnerables y se ha olvidado que son los hogares de sus residentes y deben tener acceso a todos los recursos públicos como ciudadanos de pleno derecho, tanto a nivel sanitarios como social».

Con una actitud esperanzadora, Bohórquez concluye que aún se «está tiempo de disminuir las tasas de mortalidad que se están dando en residencias pero es necesario dar un paso al frente para resolver esto que sigue en fase aguda».

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